TLAXCALA تلاكسكالا Τλαξκάλα Тлакскала la red internacional de traductores por la diversidad lingüística le réseau international des traducteurs pour la diversité linguistique the international network of translators for linguistic diversity الشبكة العالمية للمترجمين من اجل التنويع اللغوي das internationale Übersetzernetzwerk für sprachliche Vielfalt a rede internacional de tradutores pela diversidade linguística la rete internazionale di traduttori per la diversità linguistica la xarxa internacional dels traductors per a la diversitat lingüística översättarnas internationella nätverk för språklig mångfald شبکه بین المللی مترجمین خواهان حفظ تنوع گویش το διεθνής δίκτυο των μεταφραστών για τη γλωσσική ποικιλία международная сеть переводчиков языкового разнообразия Aẓeḍḍa n yemsuqqlen i lmend n uṭṭuqqet n yilsawen dilsel çeşitlilik için uluslararası çevirmen ağı la internacia reto de tradukistoj por la lingva diverso

 14/12/2017 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
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 Manifiesto de Tlaxcala 
Manifiesto de Tlaxcala
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Manifiesto de Tlaxcala

Tlaxcala, la red internacional de traductores por la diversidad lingüística, nació en diciembre de 2005, creada por un pequeño grupo de ciberactivistas que se conocían a través de internet y descubrieron que compartían intereses comunes, sueños comunes y problemas comunes. La red creció con rapidez y hoy consta de muchos miembros que traducen a quince lenguas. Este Manifiesto expresa su común filosofía.

Todas las lenguas del mundo deben contribuir, y así lo hacen, a la hermandad del género humano. Contrariamente a lo que muchos creían, una lengua no es sólo estructura gramatical, palabras engarzadas de acuerdo con un código sintáctico, sino también, y sobre todo, creación de significado a partir de nuestros sentidos. Con ellos observamos, interpretamos y expresamos el mundo desde un lugar personal, geográfico y político determinado. Por eso, ninguna lengua es neutra y en sus genes lleva la huella de la cultura a que pertenece. El latín, primera lengua imperial, alcanzó su apogeo sobre los restos de las lenguas que destruyó conforme las legiones romanas extendían su dominio territorial por el sur de Europa y el norte de África. No parece extraño entonces que en los albores del Renacimiento fuese la lengua española, hija genética del latín, quien repitiese una nueva devastación, esta vez entre los pueblos conquistados en el continente americano.

Imperio y lengua imperial van siempre juntos y son, por definición, depredadores. Rechazan la alteridad. Toda lengua imperial se constituye en sujeto de la Historia, narra ésta desde su punto de vista y aniquila (o trata de aniquilar) el de las lenguas que considera inferiores. La Historia oficial de un imperio no es nunca inocente, sino que está motivada por el afán de justificar hoy sus actos del ayer para proyectar hacia mañana su propia versión.

Nadie conoce el sufrimiento de los pueblos conquistados por el Imperio Romano, ya que no han quedado pruebas escritas de aquella derrota, que significó la desaparición de sus culturas. Por el contrario, las lenguas vencidas en América por el Imperio Español sí dejaron testimonio. Hacia los años cuarenta del siglo XVI, muy poco después de la conquista de México, Fray Bernardino de Sahagún ensambló lo que hoy se conoce como el Códice Florentino, una mezcla de relatos náhuas (el náhuatl es la lengua de los antiguos aztecas) e ilustraciones pictóricas que describen la sociedad y la cultura prehispanas. Un segundo testimonio, que contradice al primero, es el Lienzo de Tlaxcala, transcrito asimismo en el siglo XVI por el mestizo Diego Muñoz de Camargo, quien basó su narración en los frescos pictóricos de sus mayores -los nobles tlaxcaltecas-, quienes describieron en imágenes la llegada de Hernán Cortés y la caída de Tenochtitlán. Tlaxcala era en aquel tiempo la ciudad-estado rival del imperio azteca de Tenochtitlán y ayudó a Cortés a destruirlo, con lo cual firmó su propia sentencia de muerte, ya que el nuevo Imperio Español que nació de aquella derrota significó el sometimiento de todos los pueblos precolombinos -ya fuesen aliados o enemigos de la corona española- y la pérdida casi absoluta de su cultura y de sus lenguas.

En nuestros días, el poder imperial se sitúa en los Estados Unidos de Norteamérica, cuya lengua oficial es el inglés. Fiel a las características conductuales de todo imperio, la lengua inglesa impone ahora su ley. Países o territorios enteros han perdido o están perdiendo sus lenguas vehiculares bajo la influencia del inglés. Filipinas o Puerto Rico son sólo un ejemplo entre otros. En el África subsahariana el falso prestigio acordado al inglés, al francés, al portugués o a muchas lenguas vernáculas destruye una lengua materna local cada dos semanas, según la UNESCO.

No es malo que exista una lingua franca que facilite el conocimiento mutuo en estos tiempos globalizados, pero sí lo es que ésta transmita la ideología de superioridad que la caracteriza, la cual, consciente o inconscientemente, exhibe su desprecio por las lenguas “subalternas”, es decir, por todas las demás. El complejo de superioridad que acompaña siempre a una lengua imperial es tan consustancial a su esencia que hoy se observa incluso entre los activistas anglófonos implicados en la lucha por un mundo mejor: sus medios de comunicación son una prueba tangible de que los escritos que publican traducidos de lenguas “subalternas” constituyen sólo un porcentaje insignificante de su contenido. Las traducciones desde el inglés a otras lenguas son abrumadoramente superiores a las de sentido inverso. Todos somos culpables de haber aceptado hasta ahora tal desigualdad.

Tlaxcala, la red internacional de traductores por la diversidad lingüística, nace como homenaje posmoderno a la desventurada ciudad-estado del mismo nombre que cometió el gravísimo error de confiar en una lengua imperial -el español- para luchar contra otra de menor calibre -el náhuatl- y comprobó demasiado tarde que no se debe confiar en las lenguas imperiales -en ninguna de ellas-, pues utilizan a las subalternas sólo como palanca para sus propios objetivos. Los traductores globales de Tlaxcala pretenden enmendar del destino perdido de los antiguos tlaxcaltecas.

Los traductores de Tlaxcala creen en la alteridad, en la bondad de acercarse a otros puntos de vista, y por eso se comprometen a desimperializar la lengua inglesa publicando en todas las lenguas posibles (incluido el inglés) las voces de los escritores, pensadores, dibujantes de cómics y activistas que hoy redactan sus textos originales en lenguas a las que la influencia avasalladora del imperio no les permite hacerse oír. Asimismo, los traductores de Tlaxcala facilitarán a quienes desconocen el inglés que conozcan las ideas de escritores anglófonos situados en los márgenes o publicados en medios pequeños, difíciles de encontrar.

La lengua inglesa, en su calidad de aparato institucional del conocimiento, es hoy una estructura global de poder mediante la cual representa al mundo a su imagen y semejanza sin pedir permiso a las demás lenguas y culturas. Los traductores de Tlaxcala están convencidos de que es posible derrotar a los amos del discurso y anhelan difuminar dicha estructura para que el mundo llegue a ser multipolar y multilingüe, diverso como la vida misma.

Los principios que Tlaxcala utiliza para seleccionar textos son que éstos reflejen los valores esenciales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a la búsqueda de un respeto cabal de los derechos y la dignidad de la persona. Los traductores de Tlaxcala son antimilitaristas, antimperialistas y se oponen a la globalización corporativa neoliberal. Aspiran a la paz y a la igualdad entre todas las lenguas y culturas. No creen en la guerra de civilizaciones ni en la actual cruzada imperial contra el terrorismo. Se oponen al racismo y al establecimiento de muros o alambradas -ya sean de carácter físico o lingüístico- que impiden la libre circulación de ciudadanos e ideas en el planeta. Buscan promover el florecimiento del Otro, reconocerle su derecho, respetarlo, lograr que deje de ser objeto de la historia y pase a ser sujeto en un plano de equidad. Este esfuerzo es voluntario y gratuito. Todas las traducciones efectuadas por Tlaxcala llevan el signo del copyleft.

¡Traductores e intérpretes de todas las lenguas, conectaos y uníos! ¡Webmasters y blogueros de todos los colores del arco iris que compartís nuestras preocupaciones, contactadnos!

 

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La fecha del 21 de febrero no fue escogida al azar para la publicación de este Manifiesto: durante las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta el 21 de febrero fue la jornada anticolonialista y antimperialista mundial.

El hombre que de su patria no exige más que un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no sólo ser oído, sino también ser creído”.

Cobarde e impunemente y por órdenes del futuro dictador Somoza, el 21 de febrero de 1934 fue asesinado en Nicaragua el General de Hombres Libres Augusto César Sandino, un día después de que se firmasen los Acuerdos de Paz, tras los cuales Sandino se retiraba a vivir de forma pacífica en una cooperativa campesina al norte del país.

Paradigma e inspiración del patriotismo nicaragüense, Sandino simboliza el espíritu de dignidad nacional, de lucha antiimperialista y antidictatorial con la tenaz resistencia a la ocupación e intervención de EEUU llevada a cabo por su Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, formado por campesinos y obreros que combatieron con machetes de trabajo, fusiles oxidados y bombas fabricadas con latas rellenas de piedras y trozos de hierro, derribando aviones enemigos casi a pedradas y, sobre todo, preservando en alto una moral y un amor patrio sin límites frente a un ejército entreguista e invasor cien veces más poderoso. Representante de los humildes y explotados de Nicaragua y de Latinoamérica, Sandino demostró heroicamente que el campesinado sí puede organizar una resistencia triunfante por la autonomía nacional.
 
Otro día como éste, el 21 de febrero de 1944, París amaneció con sus paredes cubiertas de carteles rojos que anunciaban la ejecución en el Monte Valérien de 23 “terroristas”, miembros de los Trabajadores Inmigrantes Francotiradores y Partisanos, la primera organización de resistencia al nazismo en territorio francés. El líder del grupo, Missak Manouchian, de 36 años, era un superviviente del genocidio armenio, un inmigrante. A los colaboradores franceses que asistieron al juicio sumarísimo ante el tribunal nazi y que lo tacharon de meteco, Manouchian les respondió: “Ustedes heredaron la ciudadanía francesa, pero yo me la gané”.

El 21 de febrero de 1952 decenas de miles de estudiantes, intelectuales y  trabajadores se reunieron en Dhaka, que en aquel entonces era la capital de Paquistán Oriental y ahora lo es de Bangladesh, para protestar contra la imposición del urdu a los bengalíes como única lengua nacional de Paquistán. Cuando los estudiantes trataron de manifestarse, la policía abrió fuego y mató a cuatro de ellos aquel día y al menos a siete en los dos días siguientes. El movimiento se convirtió entonces en un levantamiento popular que terminó con la independencia de Bangladesh en 1971, tras una de las más atroces operaciones de limpieza étnica del siglo XX, apoyada por el gobierno de Richard Nixon. Desde entonces, el pueblo de Bangladesh conmemora Ekushey el 21 de febrero [Ekush= 21 en bengalí] de cada año como Día de los Mártires para mantener vivo el rico legado de la lengua Bangla (bengalí). En 2000, la UNESCO declaró el 21 de febrero Día Internacional de la Lengua Materna como tributo a aquel movimiento.

“El tiempo de mártires ha llegado y, si soy uno de ellos, será por la causa de la hermandad, la única que puede salvar este país”. Éstas fueron las últimas palabras de Malcolm X antes de ser asesinado durante una reunión en Harlem, el 21 de febrero de 1965, a manos de tres miembros de la Nación del Islam, que Malcolm había abandonado en 1963 para crear la Organización de la Unidad Afroestadounidense. En abril de 1966, sus asesinos fueron condenados a cadena perpetua, pero los que planearon al asesinato -los Amos del Imperio– quedaron impunes, como en la mayoría de los casos.

Malcolm X, alias El-Hajj Malik El-Shabazz, cuyo nombre original era Malcolm Little, tenía 39 años. Había regresado de una peregrinación a La Meca, donde descubrió la universalidad tras convivir con peregrinos de todos los orígenes. Uno de los motivos de su ruptura con la Nación del Islam fue que ésta había mantenido contactos con el Ku Klux Klan para discutir sobre el establecimiento de un estado negro independiente en el sur de USA, de la misma manera que el fundador del sionismo, Theodor Herzl, había solicitado el apoyo de los peores antisemitas para su proyecto de un Estado judío. Para Malcolm, cuyo padre había sido una víctima del Ku Klux Klan, tal colaboración era inconcebible.

En este día de remembranza los traductores de Tlaxcala nos ponemos bajo el patrocinio de aquellos tres luchadores por la causa de los pueblos, Sandino, Missak Manouchian y Malcolm X.

Ciberespacio, 21 de febrero de 2006, Día Internacional de la Lengua Materna




 


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