TLAXCALA تلاكسكالا Τλαξκάλα Тлакскала la red internacional de traductores por la diversidad lingüística le réseau international des traducteurs pour la diversité linguistique the international network of translators for linguistic diversity الشبكة العالمية للمترجمين من اجل التنويع اللغوي das internationale Übersetzernetzwerk für sprachliche Vielfalt a rede internacional de tradutores pela diversidade linguística la rete internazionale di traduttori per la diversità linguistica la xarxa internacional dels traductors per a la diversitat lingüística översättarnas internationella nätverk för språklig mångfald شبکه بین المللی مترجمین خواهان حفظ تنوع گویش το διεθνής δίκτυο των μεταφραστών για τη γλωσσική ποικιλία международная сеть переводчиков языкового разнообразия Aẓeḍḍa n yemsuqqlen i lmend n uṭṭuqqet n yilsawen dilsel çeşitlilik için uluslararası çevirmen ağı la internacia reto de tradukistoj por la lingva diverso

 18/11/2017 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 ABYA YALA 
ABYA YALA / Villa Quinteros se rebela: El Tucumanazo del ‘69 y la lucha contra el cierre de los ingenios
Date of publication at Tlaxcala: 30/05/2013

Villa Quinteros se rebela: El Tucumanazo del ‘69 y la lucha contra el cierre de los ingenios

Rubén Kotler

 

Hoy 29 de mayo se celebra un nuevo aniversario del recordado Cordobazo. Mientras en la ciudad mediterránea se aprestan a recordar tan importante gesta del movimiento obrero argentino, en Tucumán, distintas expresiones de la izquierda han decidido, una vez más, sumarse a dichas rememoraciones, olvidando gravemente que paralelo al movimiento de protesta obrero estudiantil de Córdoba, en la provincia norteña se venía gestando un movimiento de similares características que pusieron en jaque a las fuerzas del régimen local. Un capítulo, poco conocido, de dicha gesta, ha sido la resistencia obrera en la localidad tucumana de Villa Quinteros, que en el mes de marzo del 1969, dos meses antes del Cordobazo, tomaron el pueblo y enfrentaron a los personeros del régimen local. Este es un capítulo más de la heroica lucha del movimiento obrero tucumano que merece ser recordada a la par del Cordobazo y mucho más en la propia provincia de Tucumán.

 

Imagen de la pueblada de Villa Quinteros

 
 
“¡Silvia tuvo un varón! ¡Silvia tuvo un varón!”.
El grito rebotó en el comedor enorme y
saltó por encima de los petardos que estallaban para saludar a la Virgen de la Reducción,
ese domingo 27 de abril, en Villa Quinteros,
a 70 kilómetros de San Miguel de Tucumán”[1]

Introducción

Mientras el 29 de mayo de 2009 se llevaban a cabo todo tipo de celebraciones y actos de homenajes por los 40 años del Cordobazo, casi nadie recordaba que paralelo al Cordobazo otros movimientos que valieron ser denominados AZOS marcaban el camino de la protesta en Argentina. Uno de esos AZOS es sin lugar a dudas el primer “El Tucumanazo” o mejor dicho, los Tucumanazos, que desde 1969 hasta 1972 sacudieron los cimientos políticos de la provincia de Tucumán. No reconocer estos movimientos con sus particularidades o anclajes y la importancia que tuvieron en el devenir político de la entonces dictadura encarnada en la autoproclamada Revolución Argentina, es no comprender, en primer lugar, la magnitud de los fenómenos acaecidos en el norte, en segundo lugar es faltar a la historia pretender solapar los otros AZOS detrás del Cordobazo, como si hubieran sido mera imitaciones de aquel.

En el presente artículo se busca recuperar la historia de la rebelión ocurrida en la localidad de Villa Quinteros, al sur de la provincia, en los meses previos a Mayo del 69. En Villa Quinteros, como otras localidades tucumanas signadas por el ingenio azucarero, se vio afectada por el cierre de la fábrica a mediados de 1966 tras el golpe militar encabezado por Juan Carlos Onganía. Recuperar la memoria de aquella lucha implica por lo tanto reivindicar la importancia que tuvo para el proceso global de resistencia contra las políticas ultra liberales impuestas por la dictadura y que afectaría en particular a las economías locales, que, como la tucumana, sufrió efectos devastadores en lo social, político y cultural.

El período 1966 – 1976 marca el auge y apogeo de las luchas de los sectores populares en todo el país. El proceso iniciado el 28 de Junio de 1966 con el Golpe militar que depone al gobierno del presidente Illia e impone a Onganía como presidente de facto, acentúa las contradicciones de clase. El programa económico liberal implementado por la dictadura golpea fuertemente a los sectores obreros y a un importante sector de la clase media, sobre todo a los estudiantes universitarios, que a partir de algunas medidas en contra de la autonomía universitaria comienzan a tomar conciencia y deciden enfrentar abiertamente al régimen.

La provincia de Tucumán fue una de las más afectadas con las medidas de Onganía dentro del conjunto del país. El cierre de 11 ingenios tras su intervención en 1966, la intervención en la Universidad Nacional de Tucumán, y otras disposiciones de la dictadura golpearon duramente en la estructura social, económica y cultural de la provincia, convirtiéndose en una de las de mayor número de movilizaciones y alzamientos tanto urbano como rural, en una combinación de sectores que podría caracterizarse como una alianza obrero – estudiantil.

Los Tucumanazos se inscriben entonces en el marco de los movimientos de protesta obrero estudiantiles que se produjeron en Argentina en los años ’70 y remiten, para el caso concreto de Tucumán, a la idea de los tres movimientos de protesta reconocibles en la provincia, pero también a las diferentes visiones que de ese proceso tienen hoy quienes han participado en él. Los tres momentos del proceso histórico serían entonces: un primer Tucumanazo en mayo de 1969, paralelo al Cordobazo y que incluso se puede situar días antes en el Jardín de la República; el Tucumanazo propiamente en noviembre de 1970; y el Quintazo de Junio de 1972. Si bien los tres movimientos responden a la misma lógica de enfrentamiento a la dictadura de entonces, cada uno supuso particularidades y diferencias.

 

El golpe de Onganía: consideraciones generales

El 28 de junio de 1966  se produjo el golpe militar que derrocó al gobierno de Arturo Illia. Asumió entonces la presidencia del país el General (R) Juan Carlos Onganía. Las Fuerzas Armadas al frente de lo que llamaron “La Revolución Argentina”, destituyeron al presidente y su vice y a todos los gobernadores del país, disolvieron el Congreso Nacional y las Legislaturas provinciales, separaron de sus cargos a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y disolvieron los Partidos Políticos. El golpe contó con el apoyo de la Iglesia Católica, miembros del sindicalismo y amplios sectores de clases medias.

Una de las primeras medidas mostró sin embargo el propósito del nuevo gobierno de facto al intervenir las universidades, obligando a numerosos intelectuales a exiliarse. Dicha intervención fue un golpe de gracia a un sector que hasta ese momento no se opuso abiertamente al gobierno militar, como ser parte del estudiantado, que luego de la intervención y sobre todo, tras de producirse la tristemente célebre Noche de los Bastones Largos, comenzaron a salir a la calle y a manifestarse abiertamente contra el régimen.[2]

Sobre las características del golpe de Onganía existe una extensa, aunque no siempre suficiente bibliografía. No me detendré en este punto en detalle porque no es el objetivo del presente artículo. Sólo mencionaré aquellas políticas que afectaron particularmente a Tucumán, para mostrar la crisis estructural producida en torno a las medidas adoptadas por el gobierno nacional y provincial y observar como se desataron las fuerzas opositoras al régimen a partir de las mismas.[3] Lo cierto es que el nuevo golpe militar vino a implementar una política ultraliberal que favorecía a sectores del llamado establishment económico nacional e internacional (Sobre todo recibió el apoyo de sectores agropecuarios e industriales). El contexto de la revolución Libertadora fue la  guerra fría, dominado por lo que se conoce como “La Doctrina de Seguridad Nacional”, que pretendió combatir al comunismo para consolidar el proyecto liberal.

En última instancia el propósito del gobierno encabezado por Onganía era la asignación de recursos para el área moderna y transnacional de la economía con la supuesta idea de producir un salto cualitativo y cuantitativo en el país. La concentración económica y política del régimen privilegió a las grandes industrias y las inversiones extranjeras en detrimento del comercio y la pequeña industria. Por lo tanto, en un plano general afectó al conjunto de actores económicos sobre todo del interior, quitándole al mismo tiempo poder y recursos a los obreros y a sus sindicatos, los que fueron incorporados al sistema siendo intervenidos o directamente clausurados[4]. El proyecto de la Revolución Argentina adquirió las características analizadas por Guillermo O’donnell acerca de los Estados burocráticos – autoritarios.[5]

Al mismo tiempo se acentuaron las contradicciones de clases y se produjo a lo largo del período 1966 – 1976 una profundización de la lucha popular contra el régimen que sólo pudo ser derrotada desde febrero de 1975, a partir del llamado Operativo Independencia, y que tuvo por objetivo terminar con la oposición popular de toda índole, tanto en el campo de la lucha armada, como así también con la oposición política e intelectual. En este contexto la dictadura instaurada el 24 de marzo de 1976, procuró terminar el trabajo iniciado por Onganía y sus sucesores.

El golpe de Onganía marcó el fin del mandato del gobernador de Tucumán Lázaro Barbieri, haciéndose cargo del gobierno provincial el Comandante de la V Brigada de la Infantería Gral Delfor Félix Elías Otero por un breve lapso a la que le siguió una seguidilla de gobernadores civiles y militares impuestos por el poder central. La provincia de Tucumán fue siempre un polo de preocupación para el gobierno de facto de Onganía. Con motivo de cumplirse el 150 aniversario de la Independencia Argentina, el 9 de julio de 1966, el dictador viajó a Tucumán  para presidir los actos centrales. Frente a dirigentes de la FOTIA (la Federación de Obra de Trabajadores de la Industria Azucarera) realizó un anuncio que trazaría el rumbo de lo que sería la política del régimen: “La espada de la revolución se desencadenaría sobre Tucumán, para transformarlo de manera revolucionaria”.[6] Hasta ese momento el golpe no mostraba mayores resistencias entre algunos sectores de clase media.

Las medidas del Poder Ejecutivo Nacional afectaron particularmente a la provincia y el objetivo fijado para la transformación económica produjo una concentración económica en los grupos dominantes y una desestructuración social de los trabajadores. La política que afectó a la industria azucarera y la intervención de la Universidad Nacional de Tucumán – UNT – fueron dos medidas que en el corto plazo se volverían en contra del régimen y de sus agentes locales.

En lo que se refiere a la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), la intervención producida a partir del decreto - ley 16.912, del 29 de julio de 1966, generó un proceso de resistencia y de lucha contra el régimen dentro del estudiantado. La supresión de la autonomía universitaria, ganada después de largos años de lucha estudiantil, se veía quebrada y la defensa de los comedores y residencias estudiantiles en Tucumán habría de ser un factor de permanente conflicto no sólo dentro del marco universitario sino también en las calles de la ciudad capital.

La Noche de los Bastones Largos, 29 de julio de 1966, fue el desalojo por parte de la Dirección General de Orden Urbano de la Policía Federal Argentina, de cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ocupadas por estudiantes, profesores y graduados, en oposición a la decisión del gobierno militar de intervenir las universidades y anular el régimen de cogobierno.

La juventud desde entonces comenzó a involucrarse en cuestiones políticas, a militar en un sentido amplio del término, realizando trabajo de base y tomando conciencia con el transcurrir de los conflictos. El contacto entre las diferentes universidades era constante, en un diálogo fluido, y las manifestaciones de apoyo entre una y otras a veces determinaron el devenir de la lucha. También la solidaridad con la clase trabajadora fue una constante en el encuentro que habría de determinar el enfrentamiento entre estos dos sectores y las fuerzas del régimen. Al mismo tiempo, un contacto directo entre los centros estudiantiles de las distintas universidades del país, determinó que la solidaridad entre todos produjera enfrentamientos callejeros con la dictadura en simultáneo en todo el país, como los ocurridos durante el mes de mayo de 1969 en Corrientes, Rosario, Tucumán y Córdoba.

Ingenio San Pablo, Tucumán

En cuanto a la crisis azucarera el golpe de gracia lo produjo el gobierno nacional cuando decidió intervenir primero algunos ingenios a los que consideraba un freno al desarrollo económico, y luego su posterior cierre. El intento de implementar lo que se dio en llamar el Operativo Tucumán[7], no logró recomponer el cuadro social que produjo la desocupación entonces producida por el cierre de las fábricas azucareras.

Ingenio San Pablo 1966: Presidente de facto Gral Juan C. Ongania recorre la fabrica junto al dueño Dr. Ambrosio C. Nougués

El 22 de Agosto de 1966 por medio de la sanción del decreto - ley 16926, se intervinieron 8 ingenios, llegando con el tiempo a ser 14 las plantas intervenidas. Según el gobierno de Onganía se ponía en marcha en la provincia de Tucumán un nuevo programa de reestructuración “agro - industrial”, atrayendo al mismo tiempo capitales nacionales e internacionales para la instalación de nuevas y más modernas industrias, que habrían de ocupar la mano de obra desocupada por la industria azucarera. El proceso al final del camino implicó el cierre de 11 de los 14 ingenios intervenidos, generándose una desocupación que a su vez produjo una desestructuración de la clase trabajadora de Tucumán. Los ingenios que cerraron fueron en general los de menor promedio diario efectivo de molienda y los de menor producción azucarera.[8] La desocupación aumentó a niveles insostenibles provocando incluso, que muchos miles de trabajadores tuvieran que migrar hacia otras regiones del país como “trabajadores golondrinas”. Se estima que el número de desocupados en esa época osciló entre 150.000 y 200.000[9].

  Ingenio azucarero "Paraíso" (Tucumán), Foto Ángel Paganelli, 1870

Para comprender mejor el proceso algunos datos ayudan a completar el entramado que muestran de manera más acabada la cuestión aquí planteada. Con una superficie de poco más de 22.000 kilómetros cuadrados, Tucumán contaba para 1970 con 766000 habitantes, de los cuales más del 40% residían en San Miguel, la capital.[10] Las empresas instaladas en Tucumán no alcanzaron a cubrir entonces el cupo de mano de obra desempleada que había dejado el cierre de los ingenios. La crisis estructural desatada provocó por lo tanto una profundización en las contradicciones de clase por un lado, y una mayor presencia de conflictos tanto urbanos como rurales. Crenzel ha cuantificado el nivel de conflictividad entre 1969 y 1972 y con los datos aportados se puede concluir que a mayor profundización de la crisis se produjo una mayor desestructuración social, que llevó entonces a un aumento de los conflictos.[11]

Para completar el cuadro trazado, hemos recurrido a entrevistas realizadas a integrantes del movimiento obrero y estudiantil de Tucumán. De los testimonios recogidos y según el cruce de fuentes, es posible afirmar que se puede hablar de “tres Tucumanazos[12]. Desde una perspectiva global podemos referir a tres momentos de un mismo proceso histórico. El primero de ellos es el de las luchas llevadas a cabo durante el año 1969, culminando esa primera etapa con los enfrentamientos urbanos y rurales que coinciden, cronológicamente con el Cordobazo, en Mayo de 1969; un segundo momento es el del llamado clásicamente Tucumanazo, en Noviembre de 1970, el período de mayor virulencia en el enfrentamiento entre el campo popular y las fuerzas del régimen; el tercero sería lo que se conoce como el Quintazo, en Junio de 1972[13]. El testimonio de Carlos Zamorano, dirigente del Partido Comunista de Tucumán, expresa a las claras esta idea de un movimiento global que abarcó a toda la provincia: “cuando decimos tucumanazo, decimos que había una pueblada en San Miguel de Tucumán, otra en Concepción, en Monteros, otra en Aguilares, otra en Villa Alberdi, era contemporáneo en toda la provincia, no era en una sola ciudad o en la capital que eso sería interesante conversar con la gente de Monteros, conversar con la gente de Concepción para ver la participación de otros que no han llegado a ser tan notorios como personas individuales porque eran ciudades más chicas nada más, pero fue muy importante…” [14]

En Tucumán cada uno de los momentos de la lucha, estuvo signado por una profundización de las diferencias de clase y quienes participaron en los enfrentamientos eran sectores proletarios, estudiantes de clases medias y medias bajas, y si bien parte de la población de la capital provinciana acompañó cada protesta callejera, nunca se involucró más allá del apoyo. De hecho los estudiantes y obreros enfrentaron como en un campo de batalla a las fuerzas del régimen con los elementos que tenían a mano.

Una segunda cuestión que estimo necesaria tratar, es lo relacionado con la idea que también en Tucumán se estaba llevando a cabo un proceso prerrevolucionario. Si bien algunos de los enfrentamientos fueron espontáneos, no por eso debemos afirmar que todo el movimiento carecía de dirección y se encontraba carente de una ideología[15]. De hecho es factible comprobar la plena conciencia que aquella era una lucha revolucionaria, a partir del análisis de los testimonios recogidos de las entrevistas.

Desde el comienzo mismo del proceso de lucha, iniciado en 1968, en algunas localidades del interior de la provincia, hasta su inicio de mayor virulencia en mayo de 1969, la idea de la transformación social estaba presente en los actores sociales.

En un contexto más amplio la lucha de clases producida no sólo en Tucumán, sino también en el resto del país, estaba influenciada por movimientos internacionales de mayor magnitud como ser la Revolución cubana, la figura del Che Guevara como emblema de la guerrilla, pasando por el mayo francés y sus consignas, hasta manifestaciones estudiantiles y obreras en todo el continente latinoamericano de idéntica trascendencia.

En este punto considero necesario responder a dos cuestiones planteadas por Mark A. Healey, quien sostiene “que el epicentro de la ola de protesta de mayo de 1969 no fueron los clausurados ingenios de Tucumán, símbolos de un  país en colapso, sino las fábricas de Córdoba, verdadero motor del proyecto económico del gobierno”[16]. Si bien es cierto que por la magnitud del enfrentamiento y por el resultado posterior del mismo, el Cordobazo quedó como el auge de la lucha de aquellos años, sostener que Tucumán no fue el epicentro de la lucha es desconocer que en esa provincia las manifestaciones obreras con toma de ingenios y retención a modo de rehenes de empresarios, y puebladas de gran magnitud, han sido la antesala de un proceso de lucha social que culmina con manifestaciones diarias en el centro de la ciudad, en algunos casos violentamente reprimidas.

Es necesario mencionar acá las puebladas de Bella Vista en enero de 1969, y la de Villa Quinteros en Abril de 1969, donde “todo” el pueblo salió a la calle a enfrentarse con las fuerzas del régimen en defensa de la principal fuente de trabajo de la que dependía toda su vida, como veremos de los testimonios que ofrecemos. En cada uno de los casos mencionados la solidaridad llegó incluso de la mano de los sacerdotes tercermundistas, que tenían un trabajo de base muy importante en  los pueblos del interior de la provincia. De hecho, la visión de Healey contrasta con las crónicas de aquellos días, incluso en medios capitalinos, como la revista Primera Plana, que le dedicaba a la localidad de Villa Quinteros un informe especial. En la introducción del artículo de la mencionada publicación, puede leerse una imagen de lo que fue la poblada en defensa del ingenio San Ramón: “…Villa Quinteros descubrió la pólvora – o más bien el gas – el 9 de abril cuando la Policía Federal entró a saco en las casas, blandió bastones y apretó gatillos, no sin antes desparramar un cargamento íntegro de bombas lacrimógenas y revelar a los vecinos, hasta entonces pacíficos, que la casualidad es buena arma. Porque fue casual que algunas cubiertas de automóvil se incendiaran – y con ellas troncos, ramas – y que el fuego y el humo se mezclaran con el otro humo, el que los había desconcertado, y los llevó a lagrimear y descomponer hasta anular su efecto. El hallazgo se mezcló con la acción, y las ondas y las piedras y los palos fueron dejados por un momento: todo el pueblo se convirtió en leñador; voltearon árboles, los incendiaron. Se alejaron al fin rumbo a las casas. Ni los responsables de la algarada ni aquellos que la soslayaron, nadie previó lo que les iba a suceder más tarde; de qué modo el pueblo se convertiría en una ciudad tomada.”[17]

Por lo antes dicho es que tampoco puedo acordar con el propio Healey quien sostiene que el motor de las protestas en Tucumán fueron los estudiantes universitarios y secundarios siendo su escenario fundamental la ciudad de san Miguel de Tucumán. Si bien es cierto que el epicentro de la protesta, en sus momentos culmines, fue el centro de la capital provinciana, no es menos cierto que grandes focos de lucha y conflicto se desarrollaron en el interior, como en los casos arriba mencionados de Bella Vista, Villa Quinteros, a los que se tendría que sumar, por ejemplo, Tafí Viejo o Santa Lucía, entre otras localidades.

La mancomunión entre estudiantes y obreros no sólo se deduce de los testimonios, sino también, de las lecturas de los diarios de la época, tanto nacionales como locales, e incluso en alguna de las publicaciones periódicas. En este mismo sentido Crenzel cuantifica a los participantes de cada uno de los movimientos que enmarcan el Tucumanazo, al mismo que consigue desarrollar en su estudio cuáles son los sectores que componen cada uno de los ciclos de protesta. En los tres momentos destacados también por el trabajo de Crenzel los obreros ocupan un lugar central junto a los estudiantes, siendo el momento de mayor presencia noviembre de 1970.[18] Sobre la presencia de las protestas en los medios de comunicación volveré más adelante.

En la extensa nota dedicada al levantamiento de Villa Quinteros, Primera Plana rescataba los testimonios de obreros de aquella localidad sureña de la provincia. Martín Dip, abogado y asesor de una comisión pro Defensa del ingenio San Ramón, destacaba que “El Operativo es un fracaso (...); pocos jornales en el mes y un salario menor al legal, demoras en el pago, fuentes de trabajo alejadas de los pueblos”.[19] El reflejo de la dura realidad del pueblo tras el cierre de la fábrica azucarera, era la constante del mencionado artículo. Pero resulta conveniente, en todo caso, cruzar las fuentes de las que se sirve el historiador y repasar entonces cuál es la percepción que se tiene 40 años después de lo vivido en las inmediaciones del Ingenio San Ramón, experiencias que tocaron a los más de 1000 habitantes de la localidad de Villa Quinteros.

¿Un Villa Quinterazo?

 

El proceso histórico de Villa Quinteros tuvo varios puntos de conflicto. Desde el cierre del ingenio que afectó, como se explicó, a todo el pueblo, se fueron reagrupando las fuerzas en torno a lo que se llamaría el Comité Pro-defensa del San Ramón y que el 19 de marzo de 1969 organizaría su primer acto en claro desafío al gobierno provincial. El punto culmine de todo el proceso sería el 9 de abril, cuando una manifestación contra el gobernador de facto terminaría en una pueblada duramente reprimida.

La percepción de lo que fue Villa Quinteros antes y después del cierre del Ingenio San Ramón en Primera Plana resulta coincidente con los testimonios recogidos a partir de la entrevista a dos trabajadores, Rubén Leiva, dirigente sindical, y Hugo Figueroa, ex empleado de la fábrica. Ellos narran el impacto que supuso la clausura de la fábrica azucarera, mientras la crónica escrita al calor de los sucesos en la localidad tucumana se revela como una primera impresión. La entrevista realizada 40 años después permite verificar qué ha quedado en la memoria social y colectiva de Villa Quinteros de la lucha llevada a cabo por el pueblo en defensa de la principal fuente de trabajo.

Una digresión conviene hacer aquí para explicar que la entrevista se hizo en el marco del desarrollo del documental que lleva por título El Tucumanazo. En la tarea de archivo conseguimos el ejemplar de la revista que le dedica nueve de sus páginas a  la rebelión de Villa Quinteros en un informe especial firmado por Oscar Caballero. Llevamos entonces una copia del semanario a los fines de entregarle el mismo a los entrevistados y que éste sirviera de disparador de la memoria de todo aquello que queríamos indagar y que de hecho en la crónica se describía de manera eficaz. Los lugares, actores sociales involucrados como el cura párroco, Fernando Fernández, etc. Los entrevistados iban recordando la pueblada al tiempo de acompañarlos en caminata por el pueblo con la revista en la mano. La misma sirvió en todo momento de soporte material para la memoria de los ex trabajadores del ingenio, quienes, además de revivir en el relato cada momento de la protesta, recuperaban en sí, fragmentos de lo que había sido el pueblo antes, durante y después del cierre. El haber conseguido el ejemplar de Primera Plana más los contactos personales, fue lo que nos inclinó por desarrollar la trayectoria de Villa Quinteros. Sin embargo, también conviene decir, que futuras investigaciones deberían ocuparse en profundizar los estudios acerca del cierre de los ingenios y los efectos que provocó en cada una de las ciudades aledañas a los mismos. Dicho de otro modo, estamos lejos aún de una historia del movimiento obrero tucumano que se ocupe de este capítulo de la historia provincial, fundamental para comprender los años subsiguientes, incluso en la esfera nacional.

La crónica del semanario narraba entonces: “Iglesia, teléfono, club social, empleados, profesionales, comerciantes. “En tiempos de la cosecha esto era una romería”, sonríe Fernando Fernández, el cura párroco de Villa Quinteros, ahora presidente del Comité Pro defensa. “Si hasta el Banco Provincia tenía pensado instalar una sucursal. Aquí corría plata””.[20]

La imagen de bonanza se repite en el relato de nuestros entrevistados casi 40 años después. Rubén Leiva, ex dirigente sindical y Hugo Figueroa, ex trabajador del ingenio, aportaron una mirada desde el adentro lo que implicó el cierre del Ingenio San Ramón:

Pregunta: Previo al cierre del ingenio, ¿cuéntenos un poco cómo era la vida de Villa Quinteros?

Figueroa: La vida de Villa Quinteros antes del cierre del ingenio había sido de un nivel, se podría decir, medio para arriba, porque por ejemplo teníamos un club social, que era de primera, teníamos mozos con moñito, nadie podía entrar si no iba de traje y corbata si no, no, acordate bien vos, (mirando a Leiva) se podía almorzar, se podía merendar, se podía desayunar, había billar y demás.

P: ¿Y el pueblo vivía en torno al ingenio?

Figueroa: Claro, como te decía hace un rato, únicamente no lo ocupábamos los obreros y empleados, había transportistas, proveedores, el comercio en sí funcionaba a todo trapo y Villa Quinteros era un pueblo que se distinguía porque tenía todo, tenía correo, tenía juzgado de paz, tenía todo, escuela, farmacia que no la tenía nadie, antes tenían botica, tenían los pueblos, que se llamaba botica.

P: ¿Y qué población tenía Villa Quinteros en esa época?

Figueroa: En esa época, yo te digo, incorporando las zonas aledañas  como la Florida, Amberes, que la gente se ha ido después del cierre del ingenio, porque ya no tenía trabajo, y yo pienso que arriba de los 4.000, pienso.

P: ¿Arriba de los 4.000?

Figueroa: Sí, porque en el ingenio nomás ¿cuántos habremos sido para la zafra?, como 800, más o menos, entre estables y temporarios.

P: Y cuando cierra el ingenio, ¿Qué gente queda afuera?

Figueroa: Imagina, 700 obreros y empleados, más como te digo, más los que venían por detrás del ingenio como ser, transportistas, proveedores, porque también no solo trabajábamos en el ingenio, la firma también tenía tierras con caña, donde tenía obreros en el surco, que las manejaba Ovejero, y también tenían ¿cómo era que le decían) que tenía allá en la Cocha.[21]

Los motivos del cierre de los ingenios ha sido materia de algunos estudios entre los que caben mencionar “El Tucumanazo” de Emilio Crenzel[22] e “Historia de la destrucción de una provincia” de Roberto Pucci.[23] Sin embargo, algo que ninguno de estas dos investigaciones tiene en cuenta es la percepción de los propios trabajadores sobre lo que ha sucedido con su fuente de trabajo. Mientras el trabajo de Crenzel cuantifica minuciosamente lo que implicó el cierre de las fábricas azucareras, el trabajo de Pucci centra su mirada en las élites, descuida las consecuencias derivadas del cierre en la clase trabajadora. Es así como el relato de la “historia de la destrucción” de Tucumán queda trunca al no contemplar qué efectos provocó en los trabajadores el cierre de la principal fuente de trabajo en pueblos que, cómo se mencionó más arriba, vivían al 100% de la producción azucarera.

Pero volvamos al relato de Figueroa y Leiva, quienes realizan su propio balance del proceso de destrucción:

Pregunta: ¿Y por qué se produce el cierre del ingenio?

Figueroa: Y el cierre del ingenio se produce porque el gobierno de la nación decía que había poca producción azúcar, pero resulta que después del cierre de los ingenios, faltaban ingenios para que muelan toda la caña que tenía Tucumán y cierran ¿14?, ¿15?, 11 porque el 1º ingenio que cierran es el Santa Ana, Santa Ana…

Leiva: Santa Ana, ¡¡qué zona cañera era esa!!

Figueroa: Santa Ana ha sido el ingenio más grande de acá, inclusive el más grande que el conocido de la Banda tenían, ellos lo llamaban colonias a las distintas parcelas que tenían, parecía una granja, cada colonia era una población ahí, no sé si tenían 18, 20 colonias, muchísima gente. Ahí en Santa Ana eso ha sido un desastre, a Villa Quinteros lo ha afectado muchísimo, pero a Santa Ana  mucho más porque ahí eran miles, miles de personas.

P: ¿Cómo era la vida gremial dentro del ingenio y cómo se organizan después que se cierra el ingenio?

Leiva: Ahí en ese tiempo había formada una comisión directiva porque los propios obreros del ingenio han elegido esa comisión, que la encabezaba Hugo Montoya y otros, Montoya hijo. Y bueno... Venían trabajando ellos, pero usted sabe lo que es una comisión directiva, siempre ellos  para la comisión directiva tienen que tener la expectativa de la gente, lo que tiene que ser el ingenio, lo qué iba a pasar y así, los dirigentes siempre, los dirigentes gremiales siempre tiran para el lado de ellos, no para el lado de la gente cuando sale la verdad y hasta el momento pasa eso.

P: ¿Y ya sabían, previo al cierre del ingenio, que el ingenio se cerraba?

Leiva: Claro, ellos sabían…

Figueroa: La gente no sabía nada, inclusive no sé si el San Ramón, no sé si ese año compró el trapiche nuevo que instaló, era un trapiche que molía el doble de lo que molía el trapiche anterior y ese trapiche era el que no dejaban sacar acá para que se lo lleven a Aguilares y eso es lo que contaba él hace un rato, que con engaño han hecho entrar a la gente a la iglesia…

Leiva: Y claro ellos ya sabían venir trabajando ahí, el propio sindicalista y hay ciertos obreros estables del ingenio con el son de que ellos le mentían, en ese tiempo estaba de administrador Oviedo, un tal Oviedo y ellos les mentían  que entren a trabajar y que iban a ser tomados estables allá, han desmantelado el trapiche y los han cepillado a ellos también.

P: ¿Usted cómo entra como dirigente?

Leiva: Porque nosotros le hemos seguido la lucha a ellos, diciendo que eran personas no gratas aquí, en el sindicato. Nosotros hemos ido con un muchacho que se llamaba César Pedraza que hoy está en Bs. As. y otro muchacho más, a contarles esto que pasaba a Atilio Santillán. Entonces le digo yo  a Atilio Santillán, de que si ellos no actuaban, nosotros íbamos a tratar de otra manera, entonces ellos han venido con escribanos, ha venido Atilio Santillán, ha venido Lazarte de San Pablo, que era secretario adjunto de la FOTIA, ha venido Benito Romano, ha venido Fote, han venido la mayoría, se hemos reunido, en ese tiempo donde es ADOS ahora, ahí era el sindicato nuestro, era un hermoso sindicato que teníamos. Ahí, hemos agarrado, hemos juntado la gente, hemos juntado más de 600 changos.

P: ¿En qué época fue?

Leiva: Esto fue en el año 68, inmediatamente después del cierre. El cierre del ingenio ha sido el 31 de agosto del 67, así que nosotros ahí nomás, habrán pasado 10 días y hemos hecho eso, han venido los changos de la FOTIA, la gente no ha elegido, nos ha posicionado y hemos comenzado la lucha.[24]

Si bien las fechas del relato de Leiva se tornan confusas, lo más importante de observar no es tanto la precisión del dato cronológico de cómo se fue desarrollando el enfrentamiento del pueblo por el sostenimiento del ingenio, sino la imagen que tienen hoy los trabajadores sobre la lucha en la que se vieron envueltos.  La radiografía de lo que implicó el cierre desde la perspectiva del trabajador, es muy distinta a la visión que puede derivarse de una mirada de corte netamente elitista. El trabajador siente en carne propia las consecuencias derivadas de la decisión política tomada a cientos de kilómetros de donde vive y de las cuáles no les han consultado. La defensa por el sostenimiento del ingenio ni siquiera supone un cuestionamiento al modelo de explotación que ya de por si sufren los trabajadores del azúcar. En este sentido uno podría incluso suponer que la respuesta, en primera instancia es apenas de corte reformista.

La pueblada: entre la represión y la defensa

 

“En todos los ingenios cerrados ha sido una masacre”.

 

La crónica de Primera Plana describía los violentos enfrentamientos entre las fuerzas del régimen y los pobladores de Villa Quinteros, procurando protegerse, en defensa que al mismo tiempo implicaba una pelea por el sostenimiento del ingenio, razón de ser del pueblo. “Yo estaba almorzando cuando llegó la policía – recuerda Alejandro Maihub, 29 – y me agarraron ahí adentro y me garrotearon”, comienza la crónica de la revista sobre el comienzo de la represión. La descripción de Maihub, entrevistado por el periodista, detalla la modalidad de la represión, de cómo lo sacaron de su hogar para golpearlo. El relato sigue describiendo cómo la policía se ensañó con todo el poblado.

Todo había comenzado el 9 de abril, cuando el entonces gobernador de facto, Roberto Avellaneda se dirigía a Concepción pasando entonces por Villa Quinteros. “… los habitantes… decidieron interpelarlo en plena ruta”. El relato del semanario porteño coincide entonces con lo narrado por Leiva:

P: Cuéntenos de la pueblada del 69, ¿Cómo comenzó? ¿Cómo participa? ¿Cómo se organiza el pueblo? ¿Quiénes son los primeros que dan las directivas?

Leiva: El que ha dado la directiva aquí era Fernando Fernández…

P: ¿El cura?

Leiva: Sí, después estaba Norberto Campos, después estaba yo, estaba mucha gente del pueblo. Se inicia un acto aquí, en la plaza, donde se lo critica al gobernador por la situación que ha dejado al pueblo, tirado, con respecto al cierre de los ingenios. Después termina esa reunión, han venido mucha gente de afuera, autoridades de FOTIA, de entero. Y bueno, como le vuelvo a repetir, aquí terminó el acto ese y aquí se seguía, uno muchas veces ni dormía, por decir mañana vuelvo otra vez a la lucha.

P: Y ¿Qué es lo que hacían? después de esa reunión, ¿Qué es lo que hicieron? ¿Organizaron una marcha?

Leiva: Sí, toda la semana había una protesta para que esto se mejore… esta situación de trabajo.

P: ¿Y cómo fue la represión?

Leiva: Malísima, terrible, aquí nos apuntaban...

P: ¿Cómo se entera el gobierno que se iba hacer esta manifestación y que se iba a hacer esta pueblada?

Leiva: Sabes que es lo que pasa, es que Avellaneda era el gobernador en esa época, pasaba a Concepción; entonces en todos los pueblos había vigilantes, entonces iban a venir por la ruta 38 y aquí había policía federal,  entonces la manifestación quería entrevistarlo a Avellaneda para plantearle el problema; entonces por supuesto, se enteran de eso. Pero Avellaneda no ha pasado en auto, se ve que pasó en  helicóptero. Nosotros queríamos entrevistarlo al tipo en la ruta, porque nosotros sabíamos que él iba a ir para ahí, para Concepción.

P: ¿Avellaneda?

Leiva: Lo que pasa es que ha venido la gendarmería y la policía se puso en la ruta y nosotros queríamos que llegue el tipo y de solo estar se armó el lío, era bala, palo, de lo que venga era…

Figueroa: Después han llegado los refuerzos, entonces ha sido cuando la gente se ha refugiado en las casas.

P: ¿En qué llegaron los refuerzos?

Figueroa: En camión, camionetas, que se yo. Y ahí, a la par de la iglesia, era la entrada y había una casa al fondo, y ahí se han refugiado varios, y ahí han entrado y en la iglesia había un montón de gente, que había entrado a la iglesia.

P: ¿Y con qué se defendían?

Leiva: Como será que querían entrar los tipos a la iglesia, que nosotros hemos sacado un santo que le decían San Ramón y le han cortado el cogote de un palo, querían entrar los tipo a sacarnos a nosotros.

Figueroa: (leyendo la revista Primera Plana) Y aquí está, estoy leyendo a pesar de que no tengo anteojos, de Maihub, de un tal Maihub, no sé si has leído.

P: Cuénteme, cuénteme…

Figueroa: Los que han ido parece que lo ha visto porque toda la gente ha disparado a refugiarse a donde sea, entonces Maihub ha entrado a su casa y los tipos, la policía han entrado en la casa de Maihub y lo han baleado, y lo balearon a Julio, como se llama? A  Ale Maihub y aquí esta esto, no sé si lo largaron después en la Florida, sí, lo largaron en la Florida baleado.

P: ¿Detuvieron a mucha gente ese día?

Figueroa: Sí, pero más han sido los golpeados.

Leiva: Sí, los han llevado, después los dejaron en libertad, hemos sido golpeados. A mí por lo menos no me han podido ''chapa'', incluso yo estaba escondido en  donde vive Víctor Montoya y la señora...

Figueroa: Pero ese día habían roto las claraboyas y ahí largaban...

Leiva: Ahí largaban para que nosotros salgamos, tiraban gases

Figueroa: Gases lacrimógenos, las han roto a las banderolas para que nosotros salgamos y caían eso y nosotros la tirábamos fuera, eso era una lucha constante, esa era una época malísima.

P: ¿Y cuánta gente habrá habido detenido?

Leiva: Y en ese tiempo, no,

Figueroa: Como estoy diciendo, no hubo detenidos  casi, los agarraban, los llevaban a un móvil y le daban una garroteada y lo largaban allá lejos,

Leiva: Los llevaban en una camioneta y los largaban, pero garroteados.

P: ¿Qué era? ¿Policía Federal, ejército?

Leiva: De gendarmería, de la Federal, policía así que, más…

Figueroa: Los federales que en ese tiempo decían que…

P: ¿Y cómo se defendían?

Leiva: ¿Nosotros? Con piedras, con lo que venía.

Figueroa: Cuando han llegado los refuerzos, no sé qué cantidad, ya no se defendía nadie...

P: ¿Participaba todo el pueblo?

Leiva: Si,  todo ha sido un unánime la respuesta del pueblo.

P: ¿ustedes supieron de otros acontecimientos simultáneos, de otras localidades, como Bella Vista?

Figueroa: En todos los ingenios, en todos los ingenios. En simultáneo. Toma el caso de Bella Vista donde la han matado, ¿cómo se llama? a la señora esta de Santa Lucía, Hilda Guerrero[25], que la mataron en Bella Vista en una manifestación en el ingenio cerrado.

Leiva: En todos los ingenios cerrados ha sido una masacre.[26]

Foto Ampliada

Según la definición del Diccionario de la Real Academia Española, una masacre es la “matanza de personas, por lo general indefensas, producida por ataque armado o causa parecida”. Está claro que la expresión no refiere aquí tanto a la represión desatada en cada uno de los pueblos que se levantaron contra el cierre de los ingenios, aunque en algunos casos, como en Santa Lucía, se produjeran muertes, sino que metafóricamente la masacre supuso la expulsión de la provincia de casi un tercio de su población. La imagen de tragedia es la que podemos ver hoy en pueblos casi fantasmas que nunca pudieron recuperarse. Ciertamente la represión en algunos casos ha sido de una ferocidad nunca vista, pero también es cierto que el nivel de desestructuración social que vivió la provincia de Tucumán desde entonces es considerada, por el testimoniante, como una masacre, la muerte misma de poblados enteros por las medidas impuestas por la dictadura, medidas que como vimos en las declaraciones del propio Onganía se resolvieron por medio de la “espada”.

La simultaneidad de la protesta. El debate sobre el Primer Tucumanazo

La percepción de Carlos Zamorano, remitida en el testimonio del comienzo del presente artículo, se repite en cada uno de los entrevistados. Allí donde había un ingenio cerrado se desarrollaba algún tipo de manifestación que podía ir desde la protesta del pueblo en conjunto en las calles, hasta la toma con rehenes de las fábricas azucareras, tomas que tenían una amplia repercusión en la prensa. Hablar de los Tucumanazos, implica, por lo tanto, que la protesta se había extendido a toda la provincia. Esta visión, contrasta claramente con la mirada porteño céntrica propuesta por la Nueva Historia de Sudamericana. Pero las evidencias, junto a los testimonios, muestran una realidad absolutamente distinta. La lucha de calles no solo se dio en la ciudad capital. Si bien es cierto que por cobertura mediática y por efecto multiplicador, las protestas estudiantiles que llegaron a tomar toda la ciudad de San Miguel con barricadas, parecieron ejercer mayor presión en los distintos momentos de los enfrentamientos, no es menos cierto que las protestas en las zonas rurales fueron vigiladas con preocupación por las autoridades locales y nacionales.

Esto, además, lo refleja no solo la prensa provincial sino también los medios nacionales, siendo posible rastrear en periódicos de gran tirada como Clarín o La Nación, noticias vinculadas a las distintas manifestaciones obreras en los pueblos del interior tucumano. Como ejemplos se pueden citar aquí algunas notas aparecidas en Clarín fechadas en mayo de 1969: a) Titular del 14 de mayo: “Toman como rehén a un empresario. Trabajadores del Ingenio Amalia ocuparon ayer el establecimiento”; b) el 22 de mayo Clarín daba cuenta del pedido de soluciones para Villa Quinteros. El diario porteño se hacía eco de una nota enviada por vecinos del pueblo al propio presidente de facto Juan Carlos Onganía. En los días previos al Cordobazo, incluso en Tucumán la protesta estudiantil en el casco céntrico de la ciudad era de tal magnitud, que la prensa nacional y local lo reflejaba presumiendo lo delicado de la situación. Como vemos, previo al Córdobazo Tucumán “Ardía”, lejos de la metáfora que suponía tal expresión.

Hay quienes no consideran que las puebladas antes mencionadas o la toma de la ciudad capital por parte del estudiantado en los días previos al Cordobazo, pueda considerarse un “primer Tucumanazo”. De hecho, algunas posiciones, vinculan las manifestaciones de aquellos episodios como mera imitación de la protesta llevada a cabo en la ciudad de Córdoba. Si bien es cierto que los universitarios movilizados se manifestaban en un claro gesto de solidaridad por las muertes ocurridas en Corriente y Rosario a mediados de Mayo, no es menos cierto que el estudiantado tucumano pronto construyó levantó banderas propias de lucha y que tenían que ver con la intervención directa del régimen de facto en las universidades y la posibilidad cierta del cierre de comedores y residencias. Con el tiempo los vínculos entre estudiantes y trabajadores se fueron haciendo al andar y como expresa un ex militante peronista de aquellos años, tal alianza se edificó en las calles. Es decir, en Tucumán se fue gestando una agenda propia para la protesta y no es posible comprender, por ejemplo, el proceso de 1970 con el Tucumanazo de noviembre, sin analizar lo que supusieron las manifestaciones de un año antes, tanto en la ciudad capital como en el interior allí donde las fábricas azucareras habían sido clausuradas.

Estas últimas cuestiones plantean una serie de problemas analíticos que deberán profundizarse en futuros estudios: en primer lugar qué movimientos pueden ser considerados o no “azos”. Esto nos debería replantear cuanto menos la utilización de la idea de AZO, tan “reinventada” tras los acontecimientos ocurridos en el país el 19 y 20 de diciembre de 2001; en segundo término es la falta de criterios para analizar los anclajes locales que determinaron cada uno de esos movimientos y que mereció tener un nombre propio. Dicho de otro modo, Rosariazo, Mendozazo, Tucumanazo (en sus tres expresiones), Cordobazo, etc ¿pueden considerarse sinónimos? Está claro que la protesta urbana ha adoptado unas fisonomías similares en todos los casos mencionados, (Toma de las ciudades, barricadas, fogatas, auxilio de los vecinos, enfrentamiento con las fuerzas represivas del régimen, etc) pero la existencia de una situación de crisis estructural, desencadenada por las políticas socio económicas de la dictadura de Onganía, determinaron que las respuestas en cada ciudad, cobraran una determinada magnitud en función del efecto de tales medidas ejecutadas por el régimen.

Foto Ampliada

Consideraciones finales

En Tucumán, desconocer la crisis provocada por el cierre de los ingenios azucareros es desconocer cuáles fueron los reales motivos de alzamiento de los trabajadores tucumanos. El movimiento que fue cobrando conciencia, contribuyó en parte también a la solidaridad de clases en las manifestaciones estudiantiles. Los testimonios de la época hablan de una “alianza” obrero estudiantil, que aunque tuviera matices, sirvió para fortalecer uno y otro movimiento. Falta, desde ya, una profundización en el estudio del periodo en cuestión, pero lo que sí queda claro, es que el papel jugado por los trabajadores de los ingenios cerrados fue clave a la hora de definir la lucha de calles en los 70 en Tucumán. Villa Quinteros es solo un ejemplo de lo que los historiadores locales deberíamos emprender como tarea antes que se diluyan las fuentes en el olvido y antes que perdamos la posibilidad de registrar el testimonio de aquellos que dejaron parte de su vida en las puebladas. Lo que la última dictadura militar junto a la larga transición vigilada, intentaron ocultar o tergiversar, en cuanto a la narración del pasado, contrasta cuando uno transita hoy las calles de localidades como Villa Quinteros. Es posible observar  en alguno de estos pueblos, el esqueleto de un ingenio derruido por el paso del tiempo y ver a hombres de entre 55 y 65 años en estado de ebriedad, apostados a la vera de las vías del extinto ferrocarril y presumir que la vida se ha desdibujado desde el cierre de la fábrica. Como historiadores comprometidos con el cambio social estas imágenes deben hacernos tomar conciencia que la historia escrita con sangre hace más de 40 años, nos reclama su registro para poder comprender el presente de crisis estructural permanente y poder contribuir verdaderamente con el cambio proclamado.

Historiadores (académicos o no) y otros intelectuales que niegan esta historia no solo no contribuyen al debate de lo que fue Tucumán en los 60 / 70, sino que desvían el foco de atención a una agenda que debería estar centrada en las luchas obreras de aquellos años. Una historia de la destrucción de la provincia que deja afuera al movimiento obrero será siempre una historia a medias pues no se pueden comprender una cantidad de cuestiones si no se aborda con seriedad el complejo proceso de desarticulación social sufrido durante los años del onganiato y la respuesta que se dio la propia sociedad afectada. Este trabajo es apenas un aporte pequeño a la comprensión de aquel proceso iniciado con la dictadura de Onganía en junio de 1966 y que tuvo, entre sus principales “víctimas” a los pueblos de los ingenios azucareros de Tucumán. La respuesta de los trabajadores y de los pobladores en general merece ser considerada de otro modo a cómo lo sugiere la historiografía porteño - céntrica, pero además, requiere de un estudio serio que incluya las voces de la clase trabajadora como principal afectada y como principal protagonista de una historia de luchas.

Notas

[1] Revista Primera Plana. 13 de mayo de 1969, número 333

 [2] Sergio Moreno. La noche de los Bastones Largos. Página 12.

 

[3] Véase Oscar Anzorena, Oscar. Tiempo de Violencia y Utopía. Del golpe de Onganía al golpe de Videla. Ediciones del pensamiento nacional, Buenos Aires, 1998; Pablo Bonavena. Orígenes y desarrollo de la guerra civil en la Argentina, 1966 – 1976. EUDEBA, Buenos Aires, 1998;  y Liliana De Riz. Historia Argentina, Tomo 8: La política en suspenso, 1966/1976. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2000.  

[4] Daniel James.  Nueva Historia Argentina. Tomo 9, Cap. 4. Editorial Sudamericana, Bs. As., 2003.

[5]Para una tipología de los Estados BA ver O’ Donnell, Guillermo (1997): “Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización”. Editorial Paidós, Buenos Aires.

[6] Crenzel, Emilio(1997): “El Tucumanazo”. UNT

[7] El Operativo Tucumán supuso la implementación de una serie de medidas a fin de favorecer la instalación de nuevas industrias que absorbieran la mano de obra desocupada dejada por el cierre de los ingenios, sin embargo esta medida nunca logró recomponer el cuadro de crisis social y económica que supuso el cierre de los ingenios.

[8] Crenzel, Emilio: El Tucumanazo. Op. Cit.

[9] Algunos testimonios hablan incluso de 250.000 tucumanos que debieron abandonar la provincia. En todo caso lo importante es tener en cuenta que más allá de los números, se encuentran miles de historias personales de los obreros y sus familiares que debieron buscar otros horizontes o bien nuevas actividades económicas a fin de satisfacer sus necesidades básicas.

[10] Para profundizar sobre la la estructura económica de Tucumán en torno a la producción del azúcar: Emilio Crenzel, Op. Cit; Miguel Murmis y Carlos Waisman. “Monoproducción agroindustrial, crisis y clase obrera; la industria Azucarera tucumana”. 1969; Silvia, Sigal. Crisis y conciencia obrera: la industria azucarera tucumana. 1970

[11] Emilio Crenzel. El Tucumanazo, Op. Cit.

[12] Para una tipificación de estos movimientos denominados “Azos” ver Beba Balvé y Beatriz Balvé. El ’69, Huelga política de masas. Editorial Contrapunto, Buenos Aires, 1989;  y Pablo Bonavena, y otros. Orígenes y desarrollo de la guerra civil en la Argentina, 1966 – 1976. EUDEBA, Buenos Aires, 1998.

[13] No me centraré aquí en el desarrollo de cada uno de estos movimientos de protesta ya que no forman parte de este trabajo. Para esto es posible consultar Crenzel, Emilio (1997): “El Tucumanazo”. Universidad Nacional de Tucumán y Rubén Kotler. “El Tucumanazo, los tucumanazos 1969 – 1972:  entre el testimonio individual y la memoria colectiva”, en Testimonios 2. www.revistatestimonios.com.ar, invierno 2011

[14] Carlos Zamorano. Entrevista realizada en julio de 2004 en la ciudad de Buenos Aires

[15] Este es un punto de controversia incluso entre los propios militantes. Algunos testimonios ponen en duda que hubiera una conducción unificada y destacan que la ausencia de dicha conducción le quitaría el posible carácter revolucionario del proceso.

[16] Daniel James Op. Cit.

[17] Revista Primera Plana, número 333 del 13 de mayo de 1969.

[18] Para una tipología de los actores que participan en el Tucumanazo se puede consultar: Crenzel, Emilio: El Tucumanazo, Op. Cit.

[19] Primera Plana, Número 333 del 13 de mayo de 1969.

[20] Primera Plana, Número 333 del 13 de mayo de 1969.

[21] Hugo Figueroa y Rubén Leiva. Entrevista realizada en marzo de 2005 en Villa Quinteros.

[22] Emilio Crenzel. El Tucumanazo. FFyL, UNT, 1997.

[23] Roberto Pucci. Historia de la destrucción de una provincia. Tucumán 1966. Ediciones del pago chico, Buenos Aires, 2007.

[24] Hugo Figueroa y Rubén Leiva. Entrevista realizada en marzo de 2005 en Villa Quinteros.

[25] Hilda Natalia Guerrero de Molina (m. 12 de enero de 1967 en Bella Vista, Tucumán) fue una militante argentina del sindicato de trabajadores de la industria del azúcar FOTIA (CGT), asesinada durante las manifestaciones contrarias al cierre de los ingenios azucareros dispuestos por la dictadura militar dirigida por el general Juan Carlos Onganía

[26]Hugo Figueroa y Rubén Leiva. Entrevista realizada en marzo de 2005 en Villa Quinteros.

El presente artículo fue publicado en la revista "Historia, Voces y Memoria" número 4 del Programa de Historia Oral de la Universidad de Buenos Aires en 2012.





Courtesy of De igual a igual
Source: http://www.deigualaigual.net/es/cultura/23-historia/6032-villa-quinteros-se-rebela-el-tucumanazo-del-69-y-la-lucha-contra-el-cierre-de-los-ingenios-
Publication date of original article: 29/05/2013
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=9775

 

Tags: ArgentinaTucumanazoVilla QuinterosCierre ingenios azucarerosLuchas obrerasMovimientos socialesRevueltas lógicasHistoria oralHistoria socialMemoria de las luchas
 

 
Print this page
Print this page
Send this page
Send this page


 All Tlaxcala pages are protected under Copyleft.