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 15/11/2019 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 EDITORIALS & OP-EDS 
EDITORIALS & OP-EDS / ¡Salvemos al pueblo griego de sus salvadores!
Date of publication at Tlaxcala: 28/02/2012
Original: Sauvons le peuple grec de ses sauveurs !
Translations available: English  Ελληνικά  Italiano  Deutsch  Português/Galego  Svenska  Türkçe 

¡Salvemos al pueblo griego de sus salvadores!

Various Authors - Versch. Autoren -Muhtelif Yazarlar-مؤلفون مُتنوِّعون - نویسندگان مختلف

 

Precisamente ahora que uno de cada dos jóvenes griegos está en paro, cuando 25.000 griegos vagan por las calles de Atenas, el 30% de la población se encuentra por debajo del umbral de la pobreza, miles de familias se ven obligadas a poner a trabajar a sus hijos para que no perezcan de hambre o de frío, cuando nuevos pobres y refugiados se disputan la basura en los vertederos, los “salvadores de Grecia, bajo el pretexto de que los griegos “no hacen suficientes esfuerzos”, imponen al país un nuevo plan de ayuda que duplica la dosis letal administrada. Un plan que abole el derecho al trabajo y arrastra a los pobres a la extrema miseria, llevando a las clases medias a su desaparición. 

El objetivo no es el “rescate” de Grecia: en este punto coinciden todos los economistas dignos de ese nombre. Se trata de ganar tiempo para salvar a los acreedores, llevando al país a una bancarrota aplazada. Se trata sobre todo de hacer de Grecia un laboratorio del cambio social que, en una segunda fase, se generalizará a toda Europa. El modelo puesto a prueba en Grecia es el de una sociedad sin servicios públicos donde las escuelas, los hospitales y los dispensarios se desmoronan, la salud se convierte en un privilegio de los ricos y a los sectores vulnerables de la población se les somete a una eliminación progresiva mientras que aquellos que aún tienen empleo se ven condenados a formas extremas de pauperización y precarización.
 

"Salvados!", por Dave Brown, The Independent

Pero para que esta ofensiva del neoliberalismo pueda alcanzar sus objetivos es preciso instaurar un régimen que economice los derechos democráticos más elementales. Vemos ahora cómo en Europa se establecen, por orden de los salvadores, gobiernos de tecnócratas que actúan al margen de la soberanía popular. Se trata de un vuelco en los regímenes parlamentarios, donde los “representantes del pueblo” dan carta blanca a los “expertos”, abdicando del poder de decisión que les corresponde. Una suerte de golpe de Estado parlamentario que recurre al aumento de los medios de represión para hacer frente a las protestas populares. De este modo, una vez que los diputados han ratificado el acuerdo dictado por la troika (UE, BCE y FMI) –acuerdo diametralmente opuesto al mandato recibido–, un poder desprovisto de legitimidad democrática habrá hipotecado el futuro del país por treinta o cuarenta años.

Al mismo tiempo, la Unión Europea se dispone a constituir una cuenta bloqueada en la que se ingresará directamente la ayuda a Grecia a fin de que se utilice en exclusiva para el pago de la deuda. Los ingresos del país deberán dedicarse, con “prioridad absoluta”, a pagar a los acreedores, y, si es preciso, ingresados directamente en esta cuenta gestionada por la UE. El acuerdo estipula que los nuevos bonos emitidos en el marco de este acuerdo se regirán por el derecho inglés, mientras que cualquier disputa se someterá a los tribunales de Luxemburgo, habiendo Grecia renunciado previamente al derecho de recurso frente a un posible embargo decidido por los acreedores. Para completar la escena, las privatizaciones se confían a una Caja gestionada por la troika, donde se depositarán los títulos de propiedad de los bienes públicos. En suma, es el saqueo generalizado, rasgo característico del capitalismo financiero que se ve aquí consagrado institucionalmente. Y en la medida en que compradores y vendedores se sentarán en el mismo lado de la mesa, no cabe duda de que esta operación privatizadora será todo un festín para los licitadores.

Todas las medidas adoptadas hasta ahora no han hecho sino incrementar la deuda soberana griega, que con la ayuda de unos rescatadores que prestan con intereses de usura se ha disparado hasta acercarse al 170% de un PIB en caída libre, cuando en 2009 no representaba más que el 120%. Podemos estar seguros de que esta serie de planes de rescate –siempre presentados como “el último”– no tienen otro objetivo que el de debilitar aún más la posición de Grecia, de suerte que, una vez se le ha privado de cualquier posibilidad de plantear ella misma los términos de una reestructuración, se vea obligada a entregarse a sus acreedores ante el chantaje de “austeridad o catástrofe”.

El agravamiento artificial y coercitivo del problema de la deuda ha sido utilizado como un arma para tomar al asalto a una sociedad entera. No por casualidad empleamos aquí términos militares: se trata de una auténtica guerra llevada a cabo por medios financieros, políticos y judiciales, una guerra de clase contra la sociedad entera. Y el botín que la clase financiera espera arrebatar al “enemigo” son las conquistas sociales y los derechos democráticos, y, en último término, la posibilidad misma de la vida humana. La vida de aquellos que no producen o no consumen lo suficiente con relación a lo que marcan a las estrategias de maximización de los beneficios no debe continuar siendo preservada.

De esta manera, la debilidad de un país atrapado entre la especulación sin límite y los devastadores planes de rescate es la puerta trasera por la que irrumpe un nuevo modelo de sociedad acorde con las exigencias del fundamentalismo neoliberal. Un modelo destinado a aplicarse en toda Europa entera, y acaso más allá. De esto se trata, y es por ello que defender al pueblo griego no es un mero gesto de solidaridad o humanidad abstracta: está en juego el futuro de la democracia y la suerte que correrán los pueblos europeos. En todas partes nos van a presentar la “necesidad imperiosa” de una austeridad “dolorosa, pero saludable” como el medio de escapar al destino griego, cuando lo cierto es que nos conduce directamente a él.

Ante este ataque en toda regla contra la sociedad, ante la destrucción de los últimos reductos de la democracia, hacemos un llamamiento a nuestros conciudadanos, a nuestros amigos franceses y europeos para que se expresen alto y claro. No podemos dejar el monopolio de la palabra en manos de los expertos y los políticos. ¿Puede dejarnos indiferentes el hecho de que a petición de los dirigentes alemanes y franceses en particular se prohíba la celebración de elecciones en Grecia? ¿La estigmatización y la denigración sistemática de un pueblo europeo no merecen respuesta? ¿Es posible no levantar la voz contra el asesinato institucional del pueblo griego? ¿Podemos guardar silencio ante la instauración a marchas forzada de un sistema que deja fuera de la ley la idea misma de solidaridad social?

Nos encontramos en un punto de no retorno. Es urgente emprender la batalla de las cifras y la guerra de las palabras para contrarrestar la retórica ultraliberal del miedo y la desinformación. Es urgente deconstruir las lecciones de moral que ocultan el proceso real puesto en marcha en la sociedad. Es más que urgente desmitificar la insistencia racista en la “especificidad griega”, que pretende hacer del carácter nacional que se atribuye a un pueblo (pereza y picardía sin límite) la causa principal de una crisis que en realidad es mundial. Lo que hoy importa no son las peculiaridades, reales o imaginarias, sino lo común: la suerte de un pueblo que afectará a la de todos los demás.

Se han propuesto muchas soluciones técnicas para evitar la alternativa “destrucción de la sociedad o quiebra” (lo cual, como vemos hoy, en realidad quiere decir: “destrucción y quiebra”). Todas deben ponerse sobre la mesa como elementos de reflexión para la construcción de una Europa diferente. Pero primeramente es preciso denunciar el crimen, exponer a la luz pública la situación en la que se encuentra el pueblo griego a causa de unos “planes de rescate” concebidos por y para los especuladores y los acreedores. Ahora que se está forjando un movimiento de apoyo en todo el mundo, cuando las redes de internet rebosan de iniciativas de solidaridad, ¿serán los intelectuales franceses los últimos en alzar la voz en favor de Grecia? No podemos esperar más, multipliquemos los artículos, las intervenciones en los medios, los debates, las peticiones, las manifestaciones. Porque toda iniciativa es bienvenida, porque toda iniciativa es urgente.

Por nuestra parte, esto es lo que proponemos: crear a la mayor brevedad un comité europeo de intelectuales y artistas en solidaridad con el pueblo griego y su lucha. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién entonces? Si no es ahora, ¿cuándo?


 
Vicky Skoumbi, redactora jefe de la revista «Alètheia», Atenas; Michel Surya, director de la revista «Lignes», París; Dimitris Vergetis, director de la revista «Alètheia», Atenas.
Y: Daniel Alvara,Alain Badiou, Jean-Christophe Bailly, Etienne Balibar, Fernanda Bernardo, Barbara Cassin, Bruno Clément, Danielle Cohen-Levinas, Yannick Courtel, Claire Denis, Georges Didi-Huberman, Roberto Esposito, Francesca Isidori, Pierre-Philippe Jandin, Jérôme Lèbre, Jean-Clet Martin, Jean-Luc Nancy, Jacques Rancière, Judith Revel, Elisabeth Rigal, Jacob Rogozinski, Hugo Santiago, Beppe Sebaste, Michèle Sinapi, Enzo Traverso.

Traducido por Javier Fernández Retenaga
 

Para firmar y ver la lista completa de firmantes, pulse aquí





Courtesy of Tlaxcala
Source: http://www.editions-lignes.com/sauvons-le-peuple-grec-de-ses.html
Publication date of original article: 21/02/2012
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=6932

 

Tags: Greciaeurozonaquiebradeuda odiosabánkstersEuropaMerkozytroika
 

 
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