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 25/08/2019 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 UNIVERSAL ISSUES 
UNIVERSAL ISSUES / El movimiento Occupy : el principio indignación
Date of publication at Tlaxcala: 27/10/2011
Original: Occupy-Bewegung: Das Prinzip Empörung
Translations available: فارسی  Français 

El movimiento Occupy : el principio indignación

Felix Helbig, Barbara Klimke, Sebastian Moll, Matthias Thieme

Translated by  Javier Fernández Retenaga

 

Nueva York, Londres, Frankfurt: cada vez más gente alza la voz contra el sistema financiero. Pero ¿cómo hacer que esa indignación global se plasme en un movimiento homogéneo?

 
 

La máscara de Guy Fawkes, que en 1605 fracasó en su atentado contra el Parlamento inglés, ha sido popularizada por el movimiento de internet Anonymous como forma de proteger la identidad. El movimiento de ocupación de las plazas la utiliza ahora en todo el mundo. (Foto: dpa)

En una de esas noches en las que el viento aulla entre los rascacielos del área financiera de Frankfurt, Claudia Keht está una vez más sentada en un banco de madera, indignada. Tiene 25 años y habla sobre la crisis de la deuda de los estados, sobre los mecanismos de estabilidad, el escaso margen para la participación democrática. La joven se arrebuja en la manta que lleva sobre los hombros, hace frío. Pero continúa debatiendo sobre la nueva época. Con gente a la que hasta hace dos días no conocía.

Claudia Keht es una de las decenas de personas que en las últimas semanas ha instalado aquí su tienda de campaña, junto a las sedes centrales de los grandes bancos. “Lo más bonito”, dice, “es que con todo esto, ahora ya no estoy sola”. Cada tarde, varios cientos de personas se reúnen entre los rascacielos. Jóvenes y viejos, ruidosos y callados, antifascistas y antinucleares, críticos de la globalización, utopistas, estudiantes, profesores, empleados. Vienen de la ciudad y del campo, de Hessen, de Schwaben. Todos ellos son “Occupy Frankfurt”.

 
 

Contra la arbitrariedad policial y por un impuesto para los ricos: New York, Wall Street. (Foto: REUTERS)

Forman parte de ese movimiento mundial que en las pasadas semanas ha movilizado a cientos de miles de personas. 5.000 en Frankfurt, 5.000 en Londres, 10.000 en España, 200.000 en Roma. En estas protestas no hay dirigentes, sólo un sentimiento común: la indignación de vivir en un país que gasta más dinero en los bancos que en las personas. El mundo de la política se ha visto sorprendido por la protesta; sorprendido y sobrepasado.

Al fin y al cabo, hace sólo unas semanas el movimiento se reducía a unos pocos manifestantes que se reunieron en Nueva York bajo el nombre de “Occupy Wall Street”. Utópicos soñadores a los que ahora la ocasión les es propicia. También a la mayoría silenciosa de la población. Pero ¿cómo canalizar esta energía? ¿Cómo hacer de este sentimiento universal, de una masa heterogénea un movimiento orientado con vistas a un objetivo? La armonización es el gran reto de los campamentos que han ido surgiendo estas semanas en todo el mundo.

“Por supuesto, es cansado”

“Empezamos de cero, somos totalmente apartidistas”, dice Claudia Keht. “En principio, en lo que todos estamos de acuerdo es únicamente en que esto no puede seguir así”. Aun cuando en “Occupy Frankfurt” no existe ninguna jerarquía, desde los primeros días se ha creado una organización que funciona sorprendentemente bien: hay grupos de trabajo y talleres; alguien propone confeccionar más octavillas o debatir sobre el sistema educativo y enseguida se apuntan quince o treinta personas. Por la mañana y por la tarde hay asambleas [en español en el original], como llaman los activistas a sus reuniones siguiendo el modelo español, el de las asambleas celebradas en verano en la Puerta del Sol, en Madrid, por los primeros indignados europeos.

 
 

“Se acabó el tiempo”. Protestando trajeado, Londres, catedral de San Pablo. (Foto: REUTERS)

Como el tiempo es peor en un mes de octubre en Frankfurt que en mayo en España, las cerca de cien personas que participan en la asamblea de hoy se dirigen a las catacumbas del teatro próximo. Mientras en un escenario se representa la farsa “Mi lucha”, de George Tabori, en la cafetería un joven con perilla espera de pie ante un panel. Es Seba, quien explica las reglas de funcionamiento en la asamblea. Cualquiera puede decir lo que quiera, hay una lista de intervinientes y su tiempo es limitado. Quien está de acuerdo con lo que oye agita las manos en alto, quien está en contra cruza los brazos sobre la cara. Al igual que en Nueva York, Londres, Roma, Sao Paulo o Helsinki; son los códigos universales del movimiento,

No obstante, una asamblea puede resultar pesada, ya que no acaba hasta que todos agitan las manos, pues sólo se da algo por decidido cuando se ha alcanzado el consenso. “Por supuesto, es cansado”, dice Seba, “pero tenemos que asumir que los procesos democráticos son más laboriosos que marcar una cruz cada varios años”.

Para la difusión de estos códigos se dispone de una red también global, vías de comunicación tan diversas como el propio movimiento. Los activistas utilizan sobre todo los nuevos medios. Así, en la página oficial del movimiento se encuentran reivindicaciones de los manifestantes, la retransmisión audiovisual en directo de las protestas y un horario de actividades. Además, los simpatizantes han abierto una página propia. Bajo el lema “Somos el 99%”, cientos de personas narran ahí cómo ha afectado la crisis financiera a sus condiciones de vida. Para las acciones y manifestaciones los activistas se convocan por medio de Twitter y Facebook. A diferencia del movimiento de ocupación de las plazas en el mundo real, esta red virtual sí tiene una especie de centro.

En el parque Zuccotti, en Nueva York, unos jóvenes sentados bajo un toldo rosado teclean en sus portátiles. Algunos de ellos llevan máscaras con el rostro estilizado de Guy Fawkes, quien en 1605 quiso hacer volar el Parlamento con el rey dentro. Ese rostro se ha convertido en una especie de distintivo del movimiento en todo el mundo. Alrededor de los enmascarados hay grupos que discuten en el suelo. Por todas las esquinas hay gente charlando o tocando la guitarra. El grupo de comunicación se ocupa de Twitter y Facebook, observa el panorama informativo en los llamados medios dominantes, coordina las transmisión por internet y envía al instante por todo el mundo información de lo que acontece en el campamento. El grupo de comunicación del Zuccotti Park es sólo la punta del iceberg, explica Michael Premo, periodista radiofónico independiente. Cientos de simpatizantes de “Occupy” trabajan en la campaña mediática desde sus oficinas y domicilios. Además de las actividades en la red, el movimiento ha sacado también un periódico en papel. “En realidad somos un organismo informativo multimedial en toda regla”, dice Premo.

Los activistas utilizan también programas como la aplicación “Vibe” del iPhone, que permite la comunicación anónima con personas que se encuentran en las proximidades. Los manifestantes se comunican así de forma instantánea sin que la policía les escuche y pueda identificarles, como sucede con el teléfono y los SMS. Cuando la policía se emplea con brutalidad, los activistas devuelven el golpe con las armas de internet. Hackers del grupo Anonymus, por ejemplo, han hecho públicas la dirección, número de teléfono y datos familiares de un policía que al parecer atacó a los manifestantes con spray de pimienta sin previo aviso.

Asombrosa es también su organización en el mundo real. Ante una mesa hay una pizarra con un detallado calendario semanal. Es un programa completo: cada día hay apuntadas reuniones de entre seis y diez grupos. A las once se reúne el grupo de comunicación, a la una el de mujeres y a las dos un colectivo que establece contactos con otras organizaciones políticas. A las siete de la tarde, como cada día, tendrá lugar una asamblea general.

“El principio es muy simple”, dice Michael Premo. “La gente viene al Zuccotti Park y pregunta cómo puede implicarse. Todos tiene su lugar, ya sea ayudando con la cocina o proporcionando asistencia jurídica a quienes han sido detenidos y están citados en el juzgado”.

Tras un mes de protestas, el campamento “Occupy” es ya una maquinaria social bien engrasada., una ciudad dentro de la ciudad, bien preparada para echar raíces en el centro del capitalismo financiero.

Eso es lo que quería el movimiento también en Londres. Preferentemente en la plaza que se sitúa enfrente de la bolsa, el London Stock Exchange. Es lo que sin duda más se habría parecido a la acción de referencia “Occupy Wall Street”, de Nueva York. Pero antes de que lo hicieran la policía cercó la zona y los manifestantes se instalaron a unos cien metros, frente a la catedral de San Pablo. Al principio la iglesia les dio su bendición, mientras la protesta continuara siendo pacífica.

 

Miles de manifestantes protestan el sábado (15.10.11) en Berlín, en la zona gubernamental, contra el poder de los bancos. Las manifestaciones tiene como modelo el movimiento de protesta estadounidense "Occupy Wall Street", que tiene al sistema financiero en el punto de mira. Ese mismo día, miles de personas se echaron a la calle en multitud de ciudades alemanas bajo el lema “Cambio global”. (Foto: dpa)

 

Una petición que para los activistas no supone ningún problema. Pese a las dificultades, son casi trescientas las tiendas colocadas bien ordenadamente, se respeta incluso una distancia mínima entre ellas. “Normas de los bomberos”, dice Natalie, una ex secretaria de 29 años que no quiere dar su apellido. “La última vez que aquí se produjo un incendio fue probablemente hace siglos, pero no queremos ningún incidente”.

El campamento se ha extendido tanto que los responsables de la catedral han acabado por cerrar el recinto al público, por primera vez desde la 2ª Guerra Mundial. Dicen que los fuegos al aire libre y el bloqueo de los accesos se convierten en un peligro para fieles, peregrinos y turistas.

“Las plazas son nuestra casa”

También en Londres, los opositores al viejo orden han establecido unas normas: nada de violencia, se prohíbe el consumo de alcohol y dos veces al día se celebrarán asambleas generales en las que, por democracia directa, se toman decisiones acerca de la instalación de redes inalámbricas o de letrinas portátiles y se planifican las próximas acciones. Si se plantean cuestiones especializadas se remiten al grupo de trabajo correspondiente, los cuales llevan el título de “jurídico”, “medios” o “finanzas” (este último se encarga de los gastos). Hay también un puesto de información, otro de primeros auxilios, una cantina y una biblioteca al aire libre, esto es, una mesa donde hay libros apilados.

Menos estructurados que la logística están los objetivos de los acampados, si bien coinciden en rechazo colectivo al “actual régimen insostenible, antidemocrático e injusto” y al poder de los grandes bancos. Liz, de 21 años, con un cartel en el techo de su tienda quiere llamar la atención sobre el problema de la prostitución infantil. Un profesor de antropología jubilado señala los paralelismos entre la plaza frente a San Pablo y la plaza Tahrir, en Egipto, y espera deseoso la caída del capitalismo. Natalie se daría por satisfecha con que los bancos dejaran de inmediato de mezclar a los clientes en sus inversiones. Esto lo suscribiría hasta el ministro de Hacienda, el conservador George Osborne, que quiere establecer esa separación antes de 2019.

En la asamblea de Frankfurt también se exponen declaraciones más genéricas. Falta poco para la medianoche y alguien quiere la abolición inmediata del capitalismo, otros reclaman una prohibición de los créditos tóxicos y algunos no saben qué es eso. Así durante horas. Tasas a las transacciones financieras, incremento real de los salarios, lucha contra la gentrificación.

“Hemos de pronunciarnos claramente en contra del uso de la violencia”, dice un joven que se presenta como Stefan. “Sólo nos mantendremos abiertos a todos los sectores sociales si seguimos actuando de forma absolutamente pacífica”.

“¿Y qué hay de la desobediencia civil”, pregunta otro.

“En la desobediencia civil no hay violencia”, dice Stefan.

“Sí a la desobediencia civil, no a la violencia”, grita una chica desde atrás. Todos agitan las manos en el aire. Poco después, con un rotulador negro se escribe “no violencia” en la lista que los activistas han pegado provisionalmente en un panel.

¿Puede un movimiento tener éxito de esta manera? ¿Aguantará el invierno?

Piotr Lewandowski sonríe. Tiene 22 años y es un español nacido en Polonia. Tras su despido de una fábrica de embalajes de cartón, en mayo marchó desde Santander a Madrid, después continuó a través de Francia hasta Bruselas y finalmente ha recalado en Frankfurt, habiendo recorrido unos 2.500 kilómetros. Antes de llegar a Madrid, junto a sus compañeros ya había celebrado más de quinientas asambleas en pequeñas localidades, animando a la gente a implicarse en la lucha contra unas autoridades que hacen lo que les viene en gana, explica Lewandowski. Y a continuación dice: “Plantas una tienda y con el tiempo se convierte en un hogar. Nuestra casa ahora son las plazas. Ahora tendrán que escucharnos”.





Courtesy of Tlaxcala
Source: http://www.berliner-zeitung.de/politik/occupy-bewegung-das-prinzip-empoerung-,10808018,11043702.html
Publication date of original article: 22/10/2011
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=6077

 

Tags: indignad@s15 OUnited for global changeocupación de plazas15MOccupy BerlinOccupy FrankfurtOccupy Wall Street
 

 
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