viagra online

http://www.newmoney.gov/newmoney/image.aspx?id=136


TLAXCALA تلاكسكالا Τλαξκάλα Тлакскала la red internacional de traductores por la diversidad lingüística le réseau international des traducteurs pour la diversité linguistique the international network of translators for linguistic diversity الشبكة العالمية للمترجمين من اجل التنويع اللغوي das internationale Übersetzernetzwerk für sprachliche Vielfalt a rede internacional de tradutores pela diversidade linguística la rete internazionale di traduttori per la diversità linguistica la xarxa internacional dels traductors per a la diversitat lingüística översättarnas internationella nätverk för språklig mångfald شبکه بین المللی مترجمین خواهان حفظ تنوع گویش το διεθνής δίκτυο των μεταφραστών για τη γλωσσική ποικιλία международная сеть переводчиков языкового разнообразия Aẓeḍḍa n yemsuqqlen i lmend n uṭṭuqqet n yilsawen dilsel çeşitlilik için uluslararası çevirmen ağı la internacia reto de tradukistoj por la lingva diverso

 23/09/2014 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 UMMA 
UMMA / Resistiendo contra la guerra de los “zánganos” de la CIA
Date of publication at Tlaxcala: 03/10/2011
Original: Fighting back against the CIA drone war

Resistiendo contra la guerra de los “zánganos” de la CIA

Muhammad Idrees Ahmad

Translated by  Rolando Gómez
Edited by  Ana Atienza

 

Lo llaman “bug splat (bicho aplastado). Es el manchón salpicado de sangre, huesos y vísceras que marca el sitio del impacto con éxito de un “zángano[1]. Para los operadores de las consolas en Nevada, EEUU, el manchón significa “posibles milicianos” que han sido “neutralizados” recientemente. Sin embargo, para quienes están en tierra, en la mayoría de los casos significa una familia desbaratada, un hogar destruido.



Los zánganos Predator estadounidenses han desempeñado un importante papel en el programa de ejecuciones extrajudiciales de la CIA en Pakistán, donde cerca de
2.500 personas, en su mayor parte civiles, han muerto a manos de las tropas estadounidenses desde junio de 2004 [EPA].

Desde el 18 de junio de 2004, cuando comenzó con su política de ejecuciones extrajudiciales en Pakistán, la CIA ha dejado cerca de 250 manchones como esos en tierra pakistaní, embadurnados con los restos de más de 2.500 individuos, en su mayoría civiles. Pero parece que últimamente le ha dado por decorar otras partes del mundo.

Debido a que el gobierno pakistaní y sus sombrías agencias de inteligencia han sido cómplices en los asesinatos, la CIA ha sido capaz de hacer todo esto en completa impunidad. Grandes organizaciones de derechos humanos esclavas de la administración de Obama lo han permitido, y también los medios de comunicación, que de manera acrítica aceptan las afirmaciones de las autoridades acerca de la precisión de sus juguetes letales.

Sin embargo, dos sucesos recientes podrían cambiar todo esto.

El combatiente ilegal

El 18 de julio de 2011, tres hombres de una tribu pakistaní –Karím Ján, Sadaula y Mezol Ján-- presentaron una demanda judicial formal en una comisaría de Islamabad contra John A. Rizzo, ex consejero general de la CIA. Hasta su pase a retiro el 25 de junio de 2009, Rizzo sirvió como consejero legal del programa entre cuyas víctimas se encuentran el hijo y el hermano de Karím Ján, el hijo de siete años de Mezol Ján y tres miembros de la familia de Sadaula (quien también perdió ambas piernas y un ojo en el ataque).

En una entrevista con la reportera del semanario Newsweek Tara McKelvey, Rizzo se jactaba de ser el responsable de la aprobación de las “listas de objetivos” de las “operaciones letales”. Los objetivos eran “volados en pedacitos” en operaciones “como de negocios”, decía. Según su propia confesión, había participado en un “asesinato”. Incluso alardeaba de ello: “¿Cuántos profesores de Derecho han puesto su firma en una sentencia de muerte?”. Pero no acaban ahí las proezas de Rizzo: ha declarado estar también “metido hasta el cuello” en el programa de torturas en centros de detención ilegales de Bush en Afganistán y en otros lugares.

El detallado informe preliminar que el abogado Mirza Shajzad Akbar preparó en nombre de los miembros de la tribu pakistaní fue presentado en la comisaría de la Secretaría de Islamabad, cuya jurisdicción territorial incluye la residencia del principal co-conspirador de Rizzo: el jefe local de la CIA, Jonathan Banks, que desde entonces ha huido de Pakistán. Como integrante de una conspiración para cometer un asesinato en Pakistán, Akbar considera que Rizzo debe ser juzgado según el código penal pakistaní.

El celebrado abogado defensor de los derechos humanos Clive Stafford Smith, más conocido como la bestia negra de George W. Bush sobre Guantánamo, está liderando una campaña para conseguir una orden de arresto internacional contra Rizzo. Interrogado sobre el tema de la jurisdicción, Smith me dijo que “no hay problemas de jurisdicción. Se trata de una serie de crímenes que incluyen el asesinato, (…) cometidos en suelo pakistaní contra ciudadanos pakistaníes”. Insiste en que “no hay dudas de que [Rizzo] es imputable por los crímenes que está cometiendo. El único problema es si va a enfrentar las consecuencias o si las autoridades le van a mantener oculto”.

Smith, que dirige la ONG británica Reprieve[2], es un hombre práctico al que no le interesan los meros gestos simbólicos. Anteriormente demandó con éxito a la administración Bush por el acceso a los prisioneros de Guantánamo, y hasta ahora ha conseguido la libertad para 65 de ellos. Confía en que una vez la policía de Islamabad genere una orden de captura, la Interpol no tendrá más remedio que seguir el caso. Es más, señala que, en función del éxito de este caso de prueba, lo harán extensivo también a los operadores de los zánganos.

La posición de los EEUU hasta ahora es la de afirmar que actúa en legítima defensa propia o la de hacer esta política más potable desestimando su costo humano. Pero ninguno de los dos argumentos se sostiene.

Las leyes de la guerra no prohíben el asesinato de civiles a menos que éste sea deliberado, desproporcionado o indiscriminado. Sin embargo, los abogados Akbar y Smith rechazan la aplicabilidad de estas leyes a la guerra de los zánganos de la CIA. “Los EEUU tienen que cumplir las leyes de la guerra”, dijo recientemente Smith al diario The Guardian. Pero “el problema acá es que esto no es una guerra”. No existe un estado de conflicto declarado entre EEUU y Pakistán. Es más, Gary Solis, de la Universidad de Georgetown,  experto en leyes de guerra, dijo al semanario Newsweek que “los [miembros de la] CIA que pilotean vehículos aéreos no tripulados son civiles involucrados directamente en hostilidades, hecho que les transforma en ‘combatientes ilegales’ posiblemente juzgables.



Partidarios del grupo pakistaní 'Tanzeem-e-Islami' se manifestaron en Karachi el miércoles, 8 de abril de 2009 contra el supuesto ataque de zánganos con misiles estadounidenses sobre las zonas tribales del país. AP Photo/Shakil Adil

Los asesinatos en cifras

El gobierno de los EEUU ha hecho atrevidas afirmaciones sobre la extraordinaria precisión de sus maravillosas armas. En una conferencia de prensa celebrada al comienzo de este año, el principal consejero  antiterrorista del presidente Obama, John Brennan, insistió en que “durante el año pasado casi no ha habido una sola muerte colateral” en la guerra de los zánganos de la CIA.

Eso sería sin duda admirable si no fuera demostrablemente falso. Una importante investigación realizada por la ONG Oficina de Periodismo de Investigación (TBIJ, por sus siglas en inglés) con sede en Londres, mostró que en solamente diez ataques de zánganos de la CIA desde agosto del año pasado hubo un mínimo de 45 muertos que fueron confirmados como civiles. Aquí se incluyen mujeres, niños, policías, estudiantes y rescatistas entre otros. La TBIJ ha detectado también otros 15 ataques en los que pueden haber muerto 65 civiles más.

A diferencia de las dos fuentes más citadas --y menos confiables-- en los casos de muertes por ataques de zánganos, la New American Foundation y el neoconservador Long War Journal, la investigación de TBIJ no se centra en afirmaciones oficiales ni en reportes de prensa basados exclusivamente en ellas. Chris Woods, el periodista que lideró la investigación de TBIJ, me dijo al comienzo de este mes que, aparte de revisar miles de informes de prensa acerca de los ataques –incluyendo aquellos escritos después de transcurrir días, semanas, e incluso meses del primer incidente, la TBIJ ha trabajado con periodistas, con investigadores y con los abogados que representan a los civiles muertos en los ataques. La TBIJ ha empleado investigadores propios en Waziristán para corroborar las pruebas que ha acumulado.

Sin embargo, como señala la TBIJ, sus cifras de víctimas civiles representan unos “cálculos conservadores”. Solamente se ha incluido en la lista a aquellas personas cuyo status de civil se ha podido confirmar a través de varias fuentes. Es probable que las cifras reales sean mucho más elevadas. Pero ante las restricciones para viajar por la región, sigue siendo imposible evaluar de manera más amplia el costo humano de esta guerra.

El respetado periodista pakistaní Rahimullah Yusufzai me dijo que ya no se permite a los periodistas de fuera viajar a esa región tribal y que, como resultado, la mayoría de los reportes provienen de un puñado de informantes situados en Miranshah y Mir Ali.

Confinados a los alrededores de las dos principales ciudades de la región, incluso los periodistas que residen en las FATA[3] tienen que llamar a la oficina de prensa militar para obtener información sobre los ataques que ocurren más allá de esos límites. El coraje mostrado por Noor Behram, de 39 años de edad, que fotografió las secuelas de 27 ataques de zánganos en el norte y sur de Waziristán entre el 29 de noviembre de 2008 y el 15 de junio de 2011, es poco frecuente. Las fotos se exponen actualmente en la galería Beaconsfield de Londres. No es de extrañar que el panorama que muestran estas fotos no cuadre precisamente con las afirmaciones de la CIA. “Por cada diez o quince personas muertas” --declaró Noor Beram a The Guardian-- “tal vez consiguen un miliciano”.

La CIA afirma que de los casi 2.500 pakistaníes muertos en ataques de zánganos, 35 eran “objetivos de alto valor”; esto es, personas a las que intentaba matar. El resto, afirma, eran sobre todo “milicianos sospechosos”.

El mundo de los grupos de expertos tiene incluso más problemas  lingüísticos. En la base de datos de la New American Foundation no hay una categoría para “civiles”: hay solamente “milicianos” y “otros”. Hasta ahora teníamos solamente el término que utilizan la CIA y el ISI[4] para la presunta culpabilidad de los muertos. Dado el historial de ambas organizaciones, existe un amplio terreno para el escepticismo. Pero a raíz de la investigación de la TBIJ, sería inteligente que el público tratara a todas las futuras víctimas de la guerra de los zánganos como civiles, a menos que se pruebe lo contrario.

Sin embargo, aunque se demuestre culpabilidad, esas muertes siguen constituyendo asesinatos extrajudiciales, ya que no hay un estado de hostilidades declarado entre EEUU y Pakistán. Se ha recorrido un largo camino desde julio de 2001, cuando luego de los “asesinatos selectivos” de palestinos realizados por Israel, el entonces embajador en Israel Martin Indyk declaró que “el gobierno de los Estados Unidos está muy claramente en contra de los asesinatos selectivos (…) son asesinatos extrajudiciales, y no los apoyamos”.

Bajo la presidencia de Obama se han adoptado las ejecuciones extrajudiciales como alternativa menos complicada a la detención. Anteriormente, en este mismo año, Newsweek citó a uno de los maquiavélicos asesores legales de Obama, Kenneth Anderson, de la Universidad Americana, autor de un ensayo sobre el tema que todos los funcionarios de la Casa Blanca de Obama leyeron, diciendo que “ya que de todas maneras la situación política y legal de los EEUU ha hecho de los interrogatorios agresivos una actividad cuestionable, hay menos razones para intentar capturar en vez de matar”.

“Y si uno tiene intenciones de matar, el incentivo es hacerlo desde una posición a distancia, porque elimina posibles cuestiones espinosas sobre rendición”.

Consecuencias  diferidas

Hasta ahora, la política de los zánganos ha sido un desastre sin paliativos. El puñado de líderes muertos talibanes y de Al-Qaeda ha sido reemplazado por una gestión más implacable que ha expandido progresivamente su ámbito operativo hacia el interior de Pakistán. Los “milicianos” muertos son en su mayor parte soldados de a pie cuyas muertes no tienen un impacto discernible sobre los resultados de la insurgencia; de hecho no hacen sino contribuir a aumentar el resentimiento y a ampliar la base de apoyo de los milicianos. La práctica de la CIA de bombardear funerales y equipos de rescate ha dado lugar a que incluso aquellos que en otras circunstancias podrían desdeñar a los talibanes se identifiquen con ellos como víctimas comunes de un adversario excepcionalmente bárbaro. Ante la imposibilidad de contraatacar a los EEUU, los talibanes se vengan en los soldados y los civiles pakistaníes mediante ataques no menos brutales.

Hace dos años, cuando hablé con Yusufzai en medio de una de las mayores oleadas de ataques terroristas en Peshawar, él seguía siendo optimista porque pensaba que, una vez que los EEUU se retiraran de Afganistán, la milicia cedería. Pero los acontecimientos de los dos últimos años han atemperado su optimismo. Cuando hablé con él la semana pasada de nuevo, me dijo que las circunstancias se han deteriorado tanto que Pakistán va a tener que vivir con las consecuencias de la imprudente guerra de los EEUU por mucho tiempo después de que se retiren. Los ataques de zánganos no están haciendo más que complicar las cosas.

Activistas de campañas en Gran Bretaña y Pakistán están decididos a llevar transparencia a la guerra secretista de Obama y justicia a sus víctimas. El abogado Akbar me dijo en un correo electrónico que, junto con su equipo de investigadores, está “trabajando para desenterrar información más allá de los reportes de prensa, tratando de averiguar las identidades de los individuos asesinados por los ataques de zánganos”. Ahora está representando a un creciente número de individuos que han perdido parientes a causa de los zánganos de la CIA, y muchos más están saliendo a la luz.

“Esto es sólo el principio de una muy larga y pacífica batalla para detener este tipo de 'asesinatos de videojuego'”, ha declarado Smith. “Lo que más necesitamos son aliados dispuestos a trabajar con nosotros y que ayuden a encontrar información verdadera acerca de lo que realmente está ocurriendo sobre el terreno en las regiones fronterizas de Pakistán”.

---------------------------------

Notas del traductor:

[1]  La palabra zángano en inglés. Se traduce como zángano, abeja macho. Tal vez debido a la acepción negativa de la palabra “zángano” en la lengua castellana, la prensa sumisa generalmente no tradujo la palabra, y la usa en su forma original en inglés. El nombre “inocuo” aceptado en castellano para estos aparatos es “VANT”, siglas de Vehículo Aéreo No Tripulado. Para mí, zángano es de alguna manera un nombre apropiado, y uso la palabra en el texto de mi traducción para referirme a los aparatos asesinos.

[2] ONG de asistencia legal y defensa de los derechos humanos de prisioneros: www.reprieve.org.uk

[3] FATA, siglas en inglés de Zonas Tribales bajo Administración Federal. Región de la frontera entre Pakistán y Afganistán habitada por miembros de tribus pastunes y musulmanes chiítas.

[4] Inter-Services Intelligence – Servicio de Inteligencia Pakistaní.

 





Courtesy of Tlaxcala
Source: http://english.aljazeera.net/indepth/opinion/2011/07/201172612395401691.html
Publication date of original article: 30/07/2011
URL of this page: http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=5933

 

Tags: Pakistán EE.UU. Aviones no tripuladosCIAEjecuciones extrajudiciales Entregas extraordinariasBuscar y destruir ContrainsurgenciaGuerra contra el terrorismoTerrorismo de EstadoGuerras imperialistas
 

 
Print this page
Print this page
  Send this page
Send this page


 All Tlaxcala pages are protected under Copyleft.