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 16/01/2021 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
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 EDITORIALS & OP-EDS 
EDITORIALS & OP-EDS / “Esta revolución es la única del mundo que ha matado al padre”: Gilbert Naccache, revolucionario tunecino (1939-2020)
Date of publication at Tlaxcala: 26/12/2020
Original: “Cette révolution est la seule au monde dans laquelle on a tué le père” : Gilbert Naccache, révolutionnaire tunisien (1939-2020)
Translations available: English  عربي  Deutsch 

“No reniego de mi itinerario”
“Esta revolución es la única del mundo que ha matado al padre”: Gilbert Naccache, revolucionario tunecino (1939-2020)

Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

Translated by  Guillermo F. Parodi
Edited by  Manuel Talens (1948-2015)

 

Gilbert Naccache murió en París el 26 de diciembre de 2020. Tenía 81 años. Para rendirle homenaje, republicamos la entrevista que tuvimos con él en abril de 2011.

Fausto Giudice: Estamos en Túnez, hoy es 30 de abril de 2011, víspera del 1 de mayo. Esta entrevista es la primera colaboración entre Thawrah TV, una emisora tunecina revolucionaria de televisión en línea que está en proceso de creación; Tlaxcala, la red internacional de traductores por la diversidad lingüística; Rebelión, el sitio web por excelencia de la izquierda hispánica y Radio Fréquence Paris Plurielle, que emite en la región parisina. Si insistimos en entrevistarte, Gilbert, es porque, te guste o no…

Gilbert Naccache: Soy guapo…

FG:… claro, porque eres guapo, pero sobre todo porque eres uno de los más antiguos militantes revolucionarios tunecinos de nuestro mundo, ya que naciste en 1936. Empezaste tu militancia en el Partido Comunista tunecino en los años cincuenta y, luego, según cuentas en tus memorias, tras un paso no muy exitoso por el trotskismo y la Cuarta Internacional, desembocaste en el grupo Perspectives tunisiennes1 y, en 1968, en la prisión de Borj El Rumi. Has pasado casi diez años de tu vida en las mazmorras de Burguiba, el Supremo Combatiente.

GN: En primer lugar me congratulo por esta colaboración entre esos órganos de prensa y creo que la solidaridad que pone de manifiesto es algo excelente y una prueba más de la apertura de la revolución tunecina hacia el exterior. Esta revolución no es un movimiento nacionalista, tradicionalista, conservador, sino un movimiento anclado en el mundo actual, que se ha apoderado de todos los instrumentos modernos de comunicación y que, por eso, ya no puede aceptar los valores del pasado. Para mí esto una excelente noticia.

No reniego de mi itinerario, pues en lo que a mí respectan, las cosas han salido muy bien. Pasé de un movimiento a otro, de un conjunto de certezas a otro; más tarde incorporé una cierta cantidad de dudas razonables y, por último, creo que accedí a un pensamiento crítico a través de lo mejor que existía en aquella época. Debo decir que, de la misma manera que los pasos por el universo tradicional comunista y trotskista fueron de formación teórica, mi paso por Perspectives fue una inmersión en la acción y en la coordinación de la teoría con la práctica de los jóvenes y quizá sea por eso que hoy soy capaz de situarme del lado de la revolución y no del de los que dan lecciones, ya que viví la experiencia de la juventud en rebeldía y ahora he participado con ella en su rebelión, incluso si ya no soy joven.

Por consiguiente, mi itinerario me ha vinculado… visceralmente con la revolución y déjame decirte que ésta me ha aportado mucho más que lo que yo puedo aportarle. Por eso, no tengo derecho a rechazar nada, ni siquiera las entrevistas con personas de inteligencia discutible.

FG: ¡Vaya, tiene gracia!, insultas a los camaradas que te entrevistan… Desde que regresé a Túnez por primera vez desde la toma del poder de Ben Ali en 1987, me he puesto en contacto con todos los viejos camaradas de Perspectives y luego con los jóvenes revolucionarios y he constatado que Perspectives no evolucionó en absoluto como los grupos izquierdistas equivalentes de Europa, en los que la mayoría de los militantes conocidos traicionaron desde hace muchísimo tiempo sus ideales de juventud para convertirse en gente importante: ministros, partidarios de la OTAN, militaristas, neoliberales, etc. Y sé que entre los militantes históricos de Perspectives no ha habido prácticamente ningún traidor, salvo raras excepciones. Otra característica que me ha impactado es que tengo la impresión de que ha habido una transmisión desde vuestra generación a la que ahora tiene 20-25 años, que son la fuerza principal de la revolución, pasando por gente de edad intermedia. ¿Crees que estoy en lo cierto?

GN: No lo sé. En lo que se refiere a la traición, debo decir que estás en lo cierto. De hecho, ya lo he dicho en varias ocasiones: lo que hay de extraordinario en Perspectives es que el impulso que nos animaba, que nos empujaba, era sincero. Ninguno de nosotros actuaba por cálculo y no puedo dejar de pensar en (Michel) Foucault, que cuando le preguntaban por el Mayo del 68, respondía: “Yo asistí al Marzo del 68 en Túnez y no puedo extasiarme ante al Mayo francés, ante unos hijitos de papá que se rebelaban contra sus padres, después de haber visto a jóvenes que iban al matadero, que no arremetían contra sus padres ni tampoco lo hacían como afirmación de sí mismos, sino animados por un verdadero ideal y dispuestos a morir por él”. Es verdad, la nuestra es una generación de personas desinteresadas, motivadas, que querían participar en la construcción de Túnez y a las que Burguiba se lo impidió. En aquel entonces no habíamos comprendido lo que era el régimen de Burguiba, la dinámica del sistema de un partido único, y nos equivocamos mucho, pero hay cosas en las que toda aquella gente siempre ha sido unánime y es que la libertad no se comparte ni se negocia.

Pero sí, hubo algunos de nosotros que negociaron su libertad. Se convirtieron en ministros de Ben Ali o… pero fueron muy pocos…

FG: …o se convirtieron en embajadores ante la UNESCO…

GN: … No, en ministros de Ben Ali, pero fueron muy pocos, sólo uno o dos –y hubo incluso gente que justificó lo que se puede llamar traición, pero que ellos presentaron como una búsqueda de la eficacia– con un concepto que no estaba claro, que no era preciso, pero que estaba implícito, de la relación de poder.

Se pueden cambiar las cosas, decían, pensaban, tomando el poder e influyendo sobre la dirección. No era una posición traicionera, sino errónea y un poco paternalista, en la línea de los movimientos del régimen de Burguiba y de todos los movimientos revolucionarios de la época; por eso, ni siquiera a ellos les hago demasiados reproches.

FG: ¿Fue entonces una variante del entrismo?

GN: Sí, fue una búsqueda de la eficacia. Hay cosas que acompañaron a ese itinerario y que son menos bonitas, como cuando se trató de defender la represión de Ben Ali contra los islamistas y hubo una cierta confusión entre los principios y la política cotidiana; eso es mucho más discutible, pero debo añadir que los que participaron en Perspectives siguieron siendo gente con principios, que intentaron aplicar sus principios a todo lo que hicieron.

Buenos o malos, sus principios los llevaban a intentar cambiar la situación y, en eso, debo reconocerlo, tomamos un camino muy diferente al de la extrema izquierda francesa o incluso europea, pero se debió sobre todo a que no teníamos otra elección. Los integrantes de la extrema izquierda europea tenían ante ellos una sociedad civil muy fuerte, estructuras también muy fuertes que pudieron recuperarlos, ofrecerles oportunidades individuales o incluso colectivas –a través de las sociedades de consultoría en las que pudieron participar– que los hicieron intervenir en la reconstrucción de la sociedad posterior a Mayo del 68. Es posible que si el régimen de Burguiba –o el de Ben Ali– nos hubieran hecho participar como intelectuales en la construcción o en la reconstrucción del régimen, habríamos corrido la misma suerte. Pero intelectualmente hablando, por supuesto, nuestra fortuna fue la de vivir en un régimen represor que siempre desconfió de toda disidencia. Por eso, no nos dieron la oportunidad de traicionar y no tenemos ningún mérito por no haber sido traidores.

FG: Al final, el resultado de esta exclusión es el urbanismo caótico de una ciudad como Túnez, el estado catastrófico de la enseñanza y la educación, que, según todo lo que me dicen y me muestran, produce analfabetos diplomados bilingües. Quizá si esta generación proveniente del sesenta y ocho hubiese actuado como corresponde el resultado sería algo diferente. Quizá…

 

GN: Quizá. O quizá también, después de haber pasado por la reflexión y la concepción, esa gente habría pasado por la corrupción y habría sido como los demás. No se puede rehacer la historia. Lo cierto es que los antiguos de Perspectives, a pesar de todas las distancias que tomaron con respecto a la revolución, al menos en líneas generales siguieron siendo gente muy progresista y muy abierta, deseosa de comprender y participar en lo que sucede. Dicho esto, no estoy de acuerdo con la mayoría de ellos en detalles, pero no puedo decir que hayan cruzado una línea sin retorno. Ninguno participó de manera real en los veintitrés años de Ben Ali ni apoyó verdaderamente a Burguiba; por lo tanto, estoy muy orgulloso de haber formado parte de una organización que quizá no consiguió tomar el poder y transformar la sociedad, pero sí transformó a sus miembros. Vuelvo de nuevo a tu pregunta: no es nada casual si nuestras ideas, bajo distintas formas, transformadas o reducidas, han trascendido en el tiempo. Fuimos una generación que, en un momento dado, tuvo que reagrupar a casi todos aquellos que pensaban en la Universidad, lo cual quiere decir que en cinco años tuvimos que arrastrar con nosotros quizá a varios miles de personas. Y lo notable es que esos miles, que no eran formalmente miembros de la organización, son personas que transmitieron valores a sus hijos, que les transmitieron una mirada, un impulso. Lo cual ha permitido que, cuando apareció mi libro,* todos se precipitaron sobre él, los unos para reencontrar los impulsos de su juventud y los otros para reencontrar en él un poco de lo que fueron o hicieron sus padres. E incluso hoy me sigue emocionando que mi libro, que no era más que un testimonio sobre un itinerario, sobre un momento temporal, tenga un eco tan potente, y eso demuestra que no sólo les habla a los interesados, a la gente del pasado, sino también a juventud, les habla de futuro.

Eso prueba que Perspectives no fue un movimiento anclado en el pasado: por sus múltiples aberturas ofrecía y todavía ofrece posibilidades de soñar. Porque la revolución es, ante todo, algo que permite soñar.

FG: Lo asombroso es que me da la impresión de que tu generación, la de los abuelos de hoy en día, está en sintonía con la de sus hijos y sus nietos que han hecho esta revolución de diciembre de 2010-enero de 2011. ¿No te parece que esta revolución tunecina, que sigue en curso, pues aún está por concluir, es muy sesentaiochista?

GN: Yo diría incluso más: la revolución tunecina es la única del mundo que ha matado al padre. Esta extraña sociedad civil, al parecer analfabeta, inconsciente, desorganizada, ha hecho lo que la gente de Mayo del 68 no logró hacer en Francia, lo que nuestras generaciones ni siquiera previeron hacer: ha matado a su padre.

Pero acepta tener suegros, es decir, gente que vele por ella, que le cubra eventualmente sus necesidades aunque carezca de autoridad, y les dice: “¡Ah, no! ¡Tú no eres mi padre!” Y eso es muy importante. Has hablado de Mayo del 68. Aquella juventud francesa también hizo lo mismo durante un cierto tiempo, pero luego, en un momento dado, la magia desapareció y Sauvageot y Cohn-Bendit dirigieron el asalto contra el Ayuntamiento y pasaron de una rebelión incontrolable, que no ofrecía ninguna puerta de entrada a la represión, a un intento de golpe de mano que no era nada original y al que el poder en Francia sabía cómo enfrentarse…

FG: …que era fácil de controlar…

GN: …así que de Gaulle pasó del desconcierto, entre Massu y sus consejeros -–no sabían qué hacer–, a la vuelta a las tradiciones. Aquí eso no es posible: no es posible someter a esta revolución tunecina, porque nadie sabe por dónde agarrarla.

Fueron a la Qasba, estaban ante la puerta de un Primer Ministro, les bastaba con empujarla, era fácil, les bastaba con empujar la puerta y decirles, “lárguense”, para instalarse en su lugar. Pero no lo hicieron. En vez de eso, lo que dijeron fue, “no queremos el poder, sólo controlarlo”. Y les contestaron, “¿pero, quiénes sois?”, y llamaron a la policía para expulsarlos. Y a los policías les dijeron, “os creéis que en Túnez podéis decidir sin nosotros. Pero no, no podéis hacer cosas que nosotros no aprobamos y vamos a quedarnos aquí hasta que las aprobemos.” Y se quedaron allí a la espera de que el Gobierno decidiese convocar una Asamblea Constituyente. Por supuesto, el Gobierno provisional intentó alguna maniobra, trató de enfrentar a una parte de la población contra la otra, pero no le salió bien. La revolución tunecina ganó etapa por etapa, hasta que se tomó la decisión de poner en marcha la Constituyente. Pero todavía no ha terminado. La contrarrevolución organizada, más o menos respaldada por las autoridades oficiales provisionales, porque la contrarrevolución, es decir, la RCD (Reagrupación Constitucional Democrática, NdT), en gran parte vinculada al PSD,** en la que algunos de los financieros del poder actual son gente que estuvo vinculada al aspecto más corrupto del régimen de Burguiba o del de Ben Ali desde sus inicios, ese poder es sensible a esta clase de presiones y hace todo para bloquearlas, para convertir la revolución en una simple transición, es decir, en una transición entre Ben Ali, que sería “el malo”, y Jegham o Morjane o cualquier otro, que sería “el bueno”.***

Pero la revolución no se detendrá, encontrará la manera de seguir adelante, se apoderará de la Constitución para transformar las estructuras del Estado, para imponer otra forma de Estado y, en cualquier caso, si fue capaz durante un breve momento en el pasado de unificar a todas las clases de la sociedad contra el régimen de partido único, también lo será de volver a hacerlo en el futuro y de seguir adelante.

Tomará el tiempo que tome, que en mi opinión será poco, porque los que están enfrente son muertos vivientes y sus símbolos son terribles: un Presidente de la República provisional que está muy enfermo y un Primer Ministro que es casi nonagenario y que gobierna en nombre de una revolución hecha por jóvenes menores de 25 años. Eso no puede durar mucho, aunque sólo sea por el desgaste de la enfermedad y por las consecuencias ineludibles de la edad. No es lógico que ancianos con un pie en la tumba puedan dirigir a jóvenes que tienen todo el porvenir por delante.

Para volver a tu pregunta, lo asombroso de que la gente de mi generación pueda sintonizar con sus hijos o sus nietos se vincula quizá con tu primera pregunta, es decir, que la gente de mi generación es gente de principios y que, cuando uno tiene principios, puede equivocarse, vacilar, pero tiene guías, tiene una brújula; nuestros principios eran la negativa ante la autoridad absoluta, arbitraria.

Y al menos en este punto la revolución ha coincidido con Perspectives: el hecho de que no quisiéramos admitir que el Padre de la Nación nos dictase lo que era necesario, lo que era para nuestro bien, hizo que nos incorporásemos a la revolución, que nos uniésemos a esos jóvenes que dicen, “¡lárguense!”, a quienes quieren darles lecciones. No hay lecciones que valgan, no hay intimidación. Creemos –yo lo creo y mis camaradas lo creen también– que nuestro papel, más que de dirección política, papel que estamos obligados a representar más o menos dentro de unos límites, es mucho más que eso: somos la correa de transmisión.

Tenemos experiencia, tuvimos una actividad, reflexionamos, surgimos después de generaciones de militantes en un entorno que nada tiene que ver con el de hoy y tenemos una responsabilidad: la de decir a la gente, a los jóvenes: esto es lo que pasó, ved cómo era, ved cómo pasamos del Túnez de Ben Ghedahem,*** es decir, del de las tribus que se rebelaban contra el Bey, al colonialismo, al Protectorado, a la lucha contra el colonialismo, a la confiscación de esta lucha por un partido que se transformó en partido único y que, junto a los logros muy importantes que consiguió –porque los necesitaba para construir su propio dominio–, poco a poco llevó a Túnez hacia la nada, y vosotros los jóvenes, que habéis rechazado esa nada, sois la continuidad de las luchas emprendidas contra todas las injusticias que ha sufrido el pueblo tunecino, quizá desde los tiempos de Elisa****, quién sabe.

FG: Si lo he entendido bien, tenemos un movimiento revolucionario en el que se implicaron grandes masas de jóvenes, que es policéntrico, creativo, simultáneo, que funciona en red y en solitario, con un pie dentro y otro fuera, y una especie de consejo de sabios sin poder que ilumina al movimiento e, incluso contra su voluntad, lo dirige. Se trata de características posmodernas de la revolución. ¿Cómo podrá institucionalizarse todo esto? ¿Crees que Túnez va a poder crear en esta región arabo-bereber-mediterránea el equivalente de lo que están haciendo los bolivianos o los ecuatorianos con su Estado plurinacional, con unas constituciones en las que integran conceptos indígenas como el “buen vivir”?

GN: La ventaja de Túnez es que ha sido un país urbanizado desde hace mucho tiempo. Somos urbanitas. En este país, ser urbanita es aceptar en primer lugar que uno tiene vecinos y está obligado a encontrar un terreno de acuerdo, de coexistencia. El urbanita negocia su modo de vida, sus relaciones y, por lo tanto, reflexiona más que quienes no son urbanitas y reaccionan por impulsos. Esa es la primera ventaja. La segunda, que se deriva de la primera, es que se trata de un pueblo cultivado desde hace tiempo –no es algo reciente– y que ha producido dirigentes preocupados por la cultura o, al menos, por la educación. Por eso, mientras que en condiciones relativamente similares los argelinos se precipitan con piedras y cócteles Molotov contra fuerzas de seguridad infinitamente superiores y terminan por abandonar, los tunecinos, prácticamente con las manos vacías, han resistido, porque además de la revuelta existía la conciencia del carácter inaceptable de la situación…

FG: Es la fuerza del espíritu…

GN: Exactamente, es la fuerza del espíritu, de un espíritu que tenía donde nutrirse. Acabas de hablar de una educación coja, de jóvenes diplomados con frecuencia poco alfabetizados. Es posible, pero habría que comparar la situación actual con la que heredamos de la independencia. En aquel entonces teníamos una elite muy cultivada –College Sadiki, universidades francesas, etc.– y una masa enorme completamente analfabeta y ajena a la modernidad. Hoy tenemos una juventud globalmente alfabetizada, quizá no mucho, pero cuya elite es cien veces más numerosa que la que había antes de la independencia, lo cual hace que seamos exportadores de cerebros en condiciones bastante desiguales, puesto que formamos cerebros durante décadas y los vendemos a precio de mercado en Europa. Normalmente deberíamos exigir que nos paguen también la formación. Un joven ingeniero en informática que va a trabajar a Francia ha costado alrededor de cincuenta veces su salario anual antes de partir. Por consiguiente, sería necesario que obtuviésemos algo a cambio. El problema de la sociedad tunecina es precisamente que no es capaz de ofrecer a toda esa gente la menor esperanza de salir adelante en su país. Eso también es imperdonable: un régimen que no ofrece esperanza a la juventud no puede durar.

Por eso, la revolución ha sido en primer lugar un grito ideológico, un despertar contra lo que impedía que la conciencia pudiese existir. Y, en paralelo, ha sido un conjunto de reivindicaciones: de trabajo, de dignidad, de igualdad y, ante todo, ha sido el rechazo –por supuesto implícito, inconsciente, no expresado– de esa situación en la que la mayoría de los jóvenes se formaba y en la que la sociedad no hacía más que rechazarlos. Y eso no puede ser. Siempre es posible rechazar a gente sin ninguna formación –Pompidou decía que “es muy difícil dirigir a un pueblo cultivado”–, pero no lo es rechazar a gente con cultura, por minúscula que ésta sea. La prueba es lo que le ha sucedido a Ben Ali.

Notas

1-  Perspectives tunisiennes fue el nombre de la revista publicada por el Grupo de Estudios y Acción socialista tunecino (GEAST), generalmente conocido bajo el nombre de Perspectives. Funcionó desde 1963 hasta 1975 bajo una feroz represión por parte del régimen de Burguiba, presidente de Túnez entre 1956 y 1987.

*Qu'as-tu fait de ta jeunesse ? Itinéraire d'un opposant au régime de Bourguiba (1954-1979) seguido de Récits de prison, Ediciones Les Mots passants, Tunis y du Cerf, Paris, 2009; Les mots passants acaba de reeditar Cristal, relato de Gilbert Naccache (1ª edición, 1982). De Gilbert Naccache, también puede leerse Le Ciel est par-dessus le toit, Nouvelles, contes et poèmes de prison et d'ailleurs, éd. du Cerf 2005. De próxima aparición en el otoño (boreal) de 2011, en la editorial Les Mots passants: Vers la démocratie.

** PSD: Partido Socialista Destouriano, nombre del único partido en el poder en Túnez entre 1964 y 1988, fecha en la que fue rebautizado RCD por Ben Ali.

***Mohamed Jegham y Kamel Morjane: políticos del RCD de Ben Ali. Jegham, que fue ministro del Interior y de Defensa, estaba considerado como su sucesor. Después de la caída de Ben Ali creó con Ahmed Friaa el partido El Watan. Kamel Mojane, jurista y funcionario internacional, fue el último ministro de Relaciones Exteriores de Ben Ali, mantenido en ese puesto por Mohamed Ghannouchi hasta su dimisión el 27 de enero de 2011. Creó también el partido L’Initiative.

**** Ali Ben Ghedahem: dirigente del gran alzamiento de 1864 contra el Bey. Llegó con su ejército a las puertas de Túnez, pero fue asesinado mientras negociaba con el Bey.

***** Elisa: fundadora fenicia de Cartago según la mitología griega. Para los romanos, su nombre era Dido.


Fotos: Fausto Giudice, Tlaxcala





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Publication date of original article: 20/07/2011
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Tags: Túnez revolución tunecinaGilbert NaccachePerspectives tunisiennesGEASTpartido único PSDRCDBurguibaBen Ali
 

 
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