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 20/09/2014 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 USA & CANADA 
USA & CANADA / “Maltrato infantil colateral” en el caso del “agente ruso”
Date of publication at Tlaxcala: 09/07/2010
Original: Collateral Abuse in the Russian Agent Case

“Maltrato infantil colateral” en el caso del “agente ruso”

Machetera

Translated by  Manuel Cedeño Berrueta  -  Manuel Talens

 

Es un hecho bien conocido que, para un niño, el trauma emocional es tan dañino como el daño físico, y a menudo mucho más difícil de tratar, puesto que no deja marcas físicas. En las noticias sobre el décimo aniversario del regreso de Elián con su padre a Cuba había una cita extraordinaria del propio Elián. Al hablar de los parientes de Miami que lo exhibieron en televisión como un pequeño trofeo humano y no escatimaron esfuerzos para impedir su regreso con el padre a quien se lo había sido arrebatado sin permiso, dijo, “Aunque no nos apoyaron en todo... no les guardo rencor”. El hecho de que Elián haya crecido libre de rencor después de tanto sufrimiento es un homenaje a la familia que lo crió y a la sociedad que los rodea.

Al pensar en traumas infantiles perfectamente evitables, uno debe preguntarse cuáles son las motivaciones del gobierno de Estados Unidos para haber realizado redadas contra personas a quienes acusa de ser agentes rusos, la mayoría de las cuales son también padres.
 
Ocho de los acusados tienen hijos pequeños y adolescentes. Los más pequeños tienen sólo 1 y 3 años y, al menos dos de ellos, Lisa y Katie Murphy, de 7 y 11 años, estaban presentes cuando el FBI se llevó a sus padres esposados. Los más jóvenes fueron supuestamente enviados a dependencias del servicio social mientras que los acusadores de sus padres investigaban los antecedentes de los cuidadores designados. Vicky Peláez fue la única a quien pusieron en libertad bajo fianza y pudo regresar con su hijo de 17 años., fianza que el gobierno pensaba impugnar, pero que terminó por ser irrelevante, ya que el Fiscal General impuso a la defensa la confesión de culpabilidad de sus defendidos antes de proceder a una deportación de urgencia.
 
Este tipo de conducta no es nada nuevo en Estados Unidos: los Rosenberg no sólo fueron arrestados, sino también ejecutados cuando sus hijos tenían apenas 6 y 10 años; y en Miami, en 1998, el ciudadano cubano-estadounidense René González fue arrastrado por un Grupo de Operaciones Especiales (GOE) en presencia de su esposa y de sus hijas, una de ellas apenas un bebé, y luego durante todo un año le negaron permiso para verlas. Adriana Pérez O'Connor, a quien durante 13 años se le ha negado permiso para visitar a su marido, Gerardo Hernández (también arrastrado por un equipo GOE), describió así la situación de René:
 
No le permitieron visitarle en prisión, a diferencia de otros familiares de presos. Un año más tarde le permitieron ver a sus hijas, y fueron muy crueles, porque le mantuvieron esposado a la silla. Su hija pequeña que no había visto nunca algo similar, lo confundió con un perro porque estaba encadenado, pero la madre le dijo que su padre no era un perro, que los perro ahí eran los guardias.
 
Vale la pena recordar que contra los acusados de ser agentes rusos no llegó a haber ningún cargo de espionaje (a pesar de las ansias del New York Times por que haya uno), sólo el cargo de conspiración para trabajar como agentes extranjeros. Y a pesar de los provocadores informes de prensa sobre cajas de seguridad llenas de billetes de 100 dólares, tampoco se presentaron cargos de lavado de dinero contra los acusados, sólo de conspiración para lavar dinero.
 
No es este un detalle sin importancia. Tal comom señaló el abogado de Vicky Peláez, el actual clima político en Estados Unidos hace que la presunción de inocencia haya desaparecido, sobre todo si se trata de inmigrantes, y esto hizo que fuese preferible aceptar los cargos que exponerse a un juicio amañado que con toda seguridad hubiese concluido con largas sentencias de prisión.
 
Gerardo Hernández es un ejemplo viviente de hasta qué punto una acusación de conspiración es una excusa muy eficaz para encarcelar a alguien bajo condiciones extremadamente duras sin tener que demostrar su conexión con un delito.
 
Hernández era un agente cubano no registrado que estaba reuniendo información sobre los grupos terroristas de Miami que estuvieron bombardeando lugares turísticos en Cuba durante los años 90. Informaba a Cuba, pero el FBI también vigilaba a esos mismos grupos e informaba a Estados Unidos.
 
Al igual que los rusos, Hernández fue detenido por primera vez bajo la acusación de ser un agente extranjero no registrado. Siete meses después de su detención, añadieron otro cargo a la acusación: conspiración para cometer homicidio. La acusación fue un intento combinado de las familias de los pilotos derribados y del gobierno de EE.UU. para vengar el derribo de dos aviones de Hermanos al Rescate que violaron el espacio aéreo cubano 20 veces durante 25 meses antes de que los derribasen. El gobierno cubano los había advertido de forma inequívoca del peligro que corrían.
 
En torno al momento del derribo, Hernández había enviado un mensaje a Cuba en el que decía que había sido un honor para él contribuir al éxito de una misión particular. Los fiscales sabían muy bien a qué misión se refería: no era el derribo de los aviones, con el que no tenía relación alguna. Pero seleccionaron cuidadosamente ése y otros mensajes para pintar ante el jurado el cuadro de una conspiración que sugería lo contrario. Y lo lograron. El jurado, que había sido intimidado por la comunidad y los medios de comunicación de Miami, algunos de los cuales también estaban financiados por el gobierno, condenó a Hernández por conspiración para cometer asesinato. Como resultado de ello, permanece en una cárcel de máxima seguridad en California, condenado a dos cadenas perpetuas, más 15 años adicionales.
 
¿Y si el lavado de dinero de los rusos no hubiese tenido lugar? No hay problema alguno: lo único que el gobierno hubiese debido hacer  era presentar de forma selectiva las conversaciones que había grabado (negándole a la defensa el acceso al resto de las grabaciones, con la excusa de la seguridad nacional), para convencer al jurado de que en algún momento hubo un plan para participar en eso… y voilá. Adiós, muchachos.
 
Uno tiene que preguntarse también, ¿en qué otro país del mundo, fuera de los Estados Unidos de América, es posible detener a la gente de esta manera? En Venezuela, donde agencias internacionales se gastan entre 40 y 50 millones de dólares al año en financiar a la oposición al gobierno de Chávez (no sólo enviando agentes con unos cuantos miles de dólares y una misión para “desarrollar vínculos con círculos políticos”, como sostenía el gobierno de EE.UU. en el caso que nos ocupa), ¿ha habido un solo caso de un extranjero que haya sido arrastrado a la fuerza frente a sus hijos, que luego fuesen entregados a los organismos de servicio social del gobierno? ¿Y en Bolivia?
 
En Cuba, Alan Gross fue detenido en el aeropuerto, pero fue solo él, y de haber estado acompañado por niños pequeños jamás hubiera recibido el trato que le dieron a René González en Miami o a Richard y Cynthia Murphy en (Lydia y Vladimir Guryev) Nueva Jersey.
 
Los vecinos de la pareja rusa informaron haber visto a Katie, la hija de 11 años de ambos, cuando regresaba de una fiesta en la piscina justo a tiempo de ver cómo se llevaban a sus padres, mientras ella se quedaba de pie frente a la casa con un globo entre las manos. Uno de los vecinos dijo a la prensa: “Sentimos tristeza por los niños, que parecen completamente inocentes y son tan encantadores... Uno se pregunta cómo los padres pueden caer en esa clase de vida. Mire el daño que les han hecho a los niños”.
 
Pero, ¿alguien cree seriamente que la CIA sólo contrata a agentes solteros, sin ataduras y sin hijos para realizar su trabajo fuera de Estados Unidos?
 
Dejando de lado a quienes ahora se sospecha que son agentes de la CIA, pensemos por un momento en agentes conocidos del pasado, como Winston Scott, jefe de la CIA en Ciudad de México entre 1956 y 1969. El excelente libro de Jefferson Morley sobre Scott, “Nuestro Hombre en México”, detalla cómo el hombre de la CIA tenía en la nómina de la CIA al presidente de México, al ministro del Interior y al jefe de la policía secreta, y ello al mismo tiempo que los estudiantes mexicanos eran masacrados en Tlatelolco.
 
Lo irónico es que Scott era también un buen padre de familia. Sus conexiones mexicanas de alto nivel hicieron todo lo necesario para que nunca tuviera que preocuparse por ser detenido; pero dejemos eso de lado por un momento e imaginemos el escándalo que habría estallado si se le hubiera dado la vuelta la tortilla y hubiera sido sacado de la mansión familiar en Chapultepec con las esposas puestas frente a su esposa y su hijo. Sin duda Scott no estaba registrado como lo que era de verdad: un espía que controlaba las palancas del poder en México.
 
Se nos dice que el FBI ha trabajado laboriosamente durante diez años en el caso del “agente ruso” y, sin embargo, no es capaz de presentar nada más que cantidades relativamente pequeñas de dinero en cajas de seguridad y ruidos metálicos grabados por micrófonos ocultos; por fin han llegado a la conclusión de que diez años era tiempo suficiente. Una filtración oficial del gobierno a la prensa sugirió que el momento escogido se debió al miedo de que algunos de los rusos pasaran al acto. Pero en el contexto actual, pendientes de la ratificación del convenio START de armas nucleares y con el reciente apoyo de Rusia a las sanciones contra Irán en el consejo de seguridad de Naciones Unidas, el gobierno de Washington (sobre todo Obama) tenía todas las de perder de un gran despliegue policial y de un aumento de xenofobia de guerra fría contra su nuevo amigo íntimo ruso. Posiblemente, tal como ha sugerido el Wall Street Journal, en el Despacho Oval estaban convencidos de que las detenciones eran inevitables y el extraño trueque entre rusos fue planeado con meses de antelación para neutralizar el peligro. O quizá Obama creyese que las detenciones fuesen positivas para enviarle a Rusia un recordatorio de quién es el que manda aquí. O quizá se le fue de las manos. Is imposible saberlo.
 
Lo cierto es que, como en el caso de los 5 cubanos, los medios de comunicación se atuvieron a su bien ensayado guión. Las primeras noticias estaban llenas de sorpresa e indignación; rápidamente siguieron otras sobre los “espías”, a los que tachaban de ineptos, mentirosos. Y, por último, en una de las revelaciones más claras del golpe de efecto que busca el ejecutivo (y que pronto repetirán como papagayos los medios del país), Joe Biden fue enviado a Hollywood a contar chistes patéticos a un público entrado en años: "No fue idea mía el quitárnosla de en medio [a Anna Chapman]... Nos devolvieron a cuatro realmente buenos, mientras que los diez suyos han estado aquí mucho tiempo sin poder hacer gran cosa."
 
Cuatro tan buenos que dos de ellos fueron abandonados en las calles de Londres, a mitad de camino de su viaje con gastos pagados de regreso a USA.

Si los diez "no hicieron gran cosa", ¿a qué viene tanto teatro, para qué las amenazas, el trauma totalmente innecesario que han sufrido los niños? Aunque todos ellos han regresado por fin con sus padres a Rusia después de varias duras semanas de una ansiedad totalmente innecesaria, el hijo de Vicky Peláez, Juan Lázaro Jr., sigue en Nueva York sin hogar ni padres, supuestamente bajo el amparo de la Cruz Roja. Entre tanto, a la prensa se le hace la boca agua ante la próxima subasta federal de su antigua casa junto con lo que contiene.

La terminología desinfectante "daños colaterales", a la que ya estamos tan acostumbrados,  no le corresponde a este caso, que es más bien un caso de "maltrato infantil" facilitado por el gobierno de Estados Unidos, ya lo sufra un solo niño o los miles de niños anónimos a quienes se los separa de sus padres en operaciones propagandísticas contra inmigrantes. El maltrato infantil no tiene perdón ni es algo con lo que se pueda bromear.





Courtesy of TLAXCALA
Publication date of original article: 04/07/2010
URL of this page: http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=537

 

Tags: Estados Unidosmaltrato infantillos cinco cubanosespías rusos
 

 
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