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 CULTURE & COMMUNICATION 
CULTURE & COMMUNICATION / De la vaca loca al holocausto de los visones y a la masacre de los estorninos: la compulsión a repetir los errores del pasado
Date of publication at Tlaxcala: 23/01/2021
Original: Dalla mucca pazza all'olocausto di visoni e alla strage di storni: la coazione a ripetere gli errori del passato
Translations available: Français 

De la vaca loca al holocausto de los visones y a la masacre de los estorninos: la compulsión a repetir los errores del pasado

Annamaria Rivera

Translated by  María Piedad Ossaba
Edited by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

 En el año 2000, las ediciones Dedalo publicaron un volumen, Homo sapiens e mucca pazza. Antropologia del rapporto col mondo animale, bajo mi dirección y para el cual había escrito una introducción, que contenía ensayos del antropólogo Mondher Kilani, del etólogo Roberto Marchesini, de la filósofa Luisella Battaglia, además del mío.

Releerlo hoy, en la época de la pandemia de Covid-19, nos nos hace reflexionar sobre la falta de visión https://www.edizionidedalo.it/7905-large_default/homo-sapiens-e-mucca-pazza.jpga largo plazo que han mostrado políticos e intelectuales, e incluso hasta algunos científicos, en cuanto al hecho, perfectamente fundado,  que la encefalopatía espongiforme bovina (término científico) le seguirían otras epidemias o pandemias si nada cambiara en nuestra relación con el medio ambiente y con los animales no humanos, especialmente los que se encuentran confinados y mercantilizados en las ganaderías intensivas y los mataderos industriales.

“Su reificación y masificación, escribía en este volumen, su confinamiento y segregación, su reducción a máquinas para producir carne, leche y huevos, se revelan, en a fin de cuentas, destructivas no sólo para la vida y la salud de los animales, sino también para los seres humanos”. Y añadía que “el descubrimiento de la transmisibilidad del vacuno al hombre de la encefalopatía espongiforme no ha perjudicado […]a la propensión generalizada en Occidente a considerar la carne como una necesidad natural e indispensable”.

La práctica igualmente extendida de definir la encefalopatía como una enfermedad de la “vaca loca”, escribió Mondher Kilani, era una clara indicación de la tendencia a atribuir únicamente a los bovinos la responsabilidad de una catástrofe provocada por los seres humanos.

Según Kilani, las autoridades europeas llevaron a cabo un “vasto plan de eliminación de terneros de pocos días”. Y hoy se ha repetido un holocausto tan cruel como innecesario: el pasado mes de noviembre, en Dinamarca, por citar sólo un ejemplo, 17 millones de visones fueron masacrados y arrojados a enormes y horribles fosas comunes; se creía que de esta manera se podría eliminar una cepa mutante del Covid-19.

Y sin embargo, debería quedar absolutamente claro hoy en día que es nuestro propio sistema de producción el que favorece los virus, las epidemias y las pandemias que de ello se. Un sistema que aún perpetúa, cuando no la multiplica, la ganadería intensiva, utiliza combustibles fósiles como el petróleo y el carbón, contamina constante y masivamente, aumenta la deforestación, reduciendo así el hábitat natural de numerosas especies. En definitiva, las epidemias y las pandemias son el resultado de una dominación excesiva de la especie humana sobre otras formas de vida y de la perturbación consiguiente de los equilibrios del planeta. Esto produce la dialéctica perversa que conduce a tener modas y estilos de vida, que, a su vez, no hacen más que avalar y favorecer todo esto.

En resumen, la compulsión a repetir los errores del pasado parece caracterizar el comportamiento humano incluso frente a las pandemias y las epidemias. Todavía quedan menos ilusiones sobre el comportamiento de la “gente común”. Por citar sólo un ejemplo, un acontecimiento tan chocante y doloroso, mortífero y de larga duración como la actual pandemia parece haber tenido poco impacto incluso en la tradición de disparar petardos y fuegos artificiales en Nochevieja. Como si, al hacerlo, se pudiera exorcizar a los casi dos millones de víctimas de Covid-19 a escala mundial y la perspectiva, bastante realista, de un 2021 que, a pesar de las vacunas, también estará condicionado por el Coronavirus.

 

Esta tradición, ya de por sí bastante detestable puesto que es altamente contaminante e irrespetuosa de la tranquilidad de los demás, es sobre todo la causa de accidentes potencialmente mortales anualmente. Este año perdió la vida un niño de trece años. Vivía en un campamento romaní en Asti. En otros lugares, unas 79 personas resultaron heridas, algunas de ellas de gravedad.

 

Pero, como siempre, fueron los no humanos los que pagaron el precio más alto en términos de víctimas. En Roma, como es bien sabido, la noche del pasado 31 de diciembre, en la calle Cavour y en otras calles del centro de la ciudad, murieron cientos de estorninos a causa de los fuegos artificiales, petardos y explosivos deflagrantes y similares que conmocionaron a estas pobres criaturas hasta el punto de provocarles infartos mortales, haciéndoles arrojarse contra paredes, ventanas o incluso cables de alta tensión antes de sucumbir.

Quienes insisten en el sentido propiciatorio y la función de rito de paso de los fuegos y similares (como si hoy en día quienes disparan fuegos artificiales, petardos y explosivos deflagrantes fueran conscientes de tal significado y función), en el fondo están perpetuando la idea de que todo lo supuestamente primitivo, tradicional, ancestral, debe ser preservado y perpetuado más allá de los contextos históricos y sociales, más allá de las gravísimas consecuencias que ese “rito” produce. El antropólogo Marino Niola, aunque reconoce que ese "ritual" se ha convertido en un “depósito de episodios relacionados con las noticias”, admite, en efecto, que es “sacrosanto realizar controles”, pero considera “estúpido prohibir los morteros”.

Para concluir: la compulsión a repetir, la aspiración a volver al “mundo de antes”, la tendencia a perpetuar, como si nada, los hábitos y costumbres usuales como el consumo de carne, la caza, el uso de pieles de animales, la contribución diaria a la contaminación, en resumen, la incapacidad de sacar lecciones éticas y políticas de esta tragedia que puedan traducirse en la práctica cotidiana, todo ello nos expone a los seres humanos, pero también a los no humanos inocentes, a un futuro plagado de epidemias y pandemias.

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"Podría suicidarme, pero me perdería el fin del mundo"-Altan

 

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Courtesy of Tlaxcala
Source: http://tlaxcala-int.org/article.asp?reference=30586&enligne=aff
Publication date of original article: 20/01/2021
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=30621

 

Tags: Locura especistaVaca locaCrisi del coronavirusHomo sapiens, Homo demens
 

 
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