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 17/09/2019 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 UNIVERSAL ISSUES 
UNIVERSAL ISSUES / Cero residuos: la crisis mundial de los plásticos
Date of publication at Tlaxcala: 26/06/2019
Original: Zero waste: the global plastics crisis
Translations available: Italiano 

Cero residuos: la crisis mundial de los plásticos

Graham Peebles

Translated by  S. Seguí

 

La contaminación debida a los plásticos está en todas partes: ensucia las playas, obstruye los océanos, ahoga la vida marina, es ingerida por aves marinas que luego mueren de hambre, e incluso se ha descubierto que se halla incrustada en los hielos del Ártico. Está en el aire que respiramos, el agua que bebemos (embotellada y del grifo) y el año pasado, por primera vez, se encontró plástico en heces humanas. Amigos de la Tierra informa de que “estudios recientes han revelado contaminación debida a los plásticos marina en el 100% de las tortugas marinas, el 59% de las ballenas, el 36% de las focas y el 40% de las especies de aves marinas examinadas.”

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el mundo produce alrededor de 300 millones de toneladas de plásticos al año, la mitad de las cuales son artículos de un solo uso, principalmente envases para alimentos. De este colosal total, sólo el 14 por ciento se recoge para su reciclaje, y sólo el 9 por ciento se recicla; el 12 por ciento se incinera, liberando humos altamente venenosos; y el resto - casi el 80 por ciento - termina en vertederos, o bien, peor aún, arrojado ilegalmente a los océanos; alrededor de ocho millones de toneladas de plástico llegan a los océanos cada año, y aunque algunos de los daños ambientales que causan los plásticos son ya patentes, el impacto total en los ecosistemas marinos y terrestres todavía no es evidente.

Los porcentajes de reciclaje de los plásticos son espantosos y considerablemente inferiores a los de otros materiales industriales. El reciclaje de acero, aluminio, cobre y papel, por ejemplo, se estima en un 50 por ciento; además los plásticos no desaparecen, sino que se hacen cada vez más pequeños, reduciéndose a lo largo de cientos o incluso miles de años a microplásticos y nanoplásticos diminutos.

Una llamada de atención

Los niveles de residuos plásticos varían de un país a otro. Según el informe “Contaminación debida a los plásticos”, de 2018, la producción de residuos plásticos diarios per cápita en Estados Unidos, Alemania, Países Bajos, Irlanda, Kuwait y Guyana es “diez veces superior a la de países como la India, Tanzania, Mozambique y Bangladesh.”

No es de extrañar que, dada su enorme población (1.300 millones) y su gran sector manufacturero, China produzca la mayor cantidad de residuos plásticos del mundo: 59,8 millones de toneladas al año. Sin embargo, con tan sólo 0,12 kilogramos por persona y día, es uno de los niveles más bajos de desechos plásticos per cápita en el mundo. Estados Unidos (327 millones de habitantes, el 25% de la población china) es responsable de 37,83 millones de toneladas al año, es decir, 0,34 kilogramos por persona y día, tres veces más que China. Estados Unidos también produce “más de 275.000 toneladas de basura plástica por año susceptible de ir a parar a ríos y océanos.” Alemania produce 14,48 millones de toneladas al año, lo que equivale a 0,46 kilogramos por persona y día, uno de los niveles más altos del mundo, pero, a diferencia de los EE.UU., Alemania tiene uno de los porcentajes de reciclaje más altos del mundo, con una tasa estimada de reciclaje del 48% (por 9% en Estados Unidos) de sus residuos plásticos.

Desde los años 80, el reciclaje se considera la forma ambientalmente responsable de tratar los colosales niveles de basura que produce la Humanidad. En todos los países desarrollados se ha generalizado la recogida de residuos domésticos reciclables, pero durante décadas se ha exportado la laboriosa tarea de reciclarlos, principalmente a China. Pero el 31 de diciembre de 2018, China anunció que dejaría de ser el vertedero de basura del mundo, manifestando, según el Financial Times, “que grandes cantidades de residuos eran ‘sucios’ o ‘peligrosos’ y, por lo tanto, constituían una amenaza para el medio ambiente.” La campaña National Sword 2017 introducida por el gobierno chino ha logrado que China y Hong Kong reduzcan las importaciones de residuos plásticos procedentes de los países del G7 del 60% en el primer semestre de 2017 a menos del 10% en el mismo período de 2018. En términos globales, la importación china de plástico recuperado ha disminuido en un 99%.

Hoy día, China ahora sólo acepta residuos que no causen contaminación y que se ajusten a  determinados criterios de limpieza. Se trata de un cambio de gran envergadura en el modelo de reciclaje, que debería haberse llevado a cabo hace tiempo y que ha causado el caos en muchos países occidentales, con grandes cantidades de residuos que deberían haber sido reciclados y que han sido quemados o almacenados. Desesperados por encontrar un vertedero lejano alternativo a China, se han exportado enormes cantidades de residuos plásticos al Sudeste asiático. Tailandia, Vietnam, Indonesia, Filipinas y Malasia, son los países adonde ha ido la mayor cantidad; según Greenpeace, las importaciones de residuos plásticos en Malasia aumentaron de 168.500 toneladas en 2016 a 456.000 toneladas en los primeros seis meses de 2018, la mayor parte de las cuales procedían del Reino Unido, Alemania, España, Francia, Australia y Estados Unidos.

La afluencia de cantidades tan grandes de residuos tóxicos a estos países ha provocado la contaminación del agua, la muerte de cosechas y enfermedades respiratorias. En mayo, Filipinas obligó a Canadá a retirar “69 contenedores que contenían 1.500 toneladas de residuos que habían sido exportados en 2013 y 2014,” informó The Guardian. Otros países han respondido de manera similar, con indignación: Tailandia, Malasia y Vietnam han introducido legislación destinada a impedir que los residuos contaminados lleguen a sus puertos. El ministro de Medio Ambiente de Malasia, Yeo Bee Yin, manifestó: “Malasia no será el vertedero del mundo. Devolveremos los residuos a sus países de origen.” Se han devuelto contenedores de basura ilegal de España y se han devuelto otras 3.000 toneladas de residuos plásticos importados ilegalmente de Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Francia y Canadá.

Las medidas que China ha adoptado y la comprensible indignación de los países del Sudeste asiático deberían ser una llamada de atención a los Estados occidentales, cuya complacencia y arrogancia están alimentando la crisis medioambiental. Ya es hora de que los países desarrollados dejen de explotar a los países más pobres y acepten la responsabilidad de sus propios residuos plásticos (y otros). El reciclaje debe ser reconocido por los gobiernos occidentales como una necesidad ambiental, un imperativo social. Como negocio está condicionado por los métodos y motivos comerciales; la corrupción y las prácticas ilegales abundan; las ganancias y los costos se convierten en consideraciones primarias y en obstáculos a un medio ambiente sano; es mucho más barato, por ejemplo, incinerar los desechos plásticos o tirarlos en un bosque o en los océanos, que reciclarlos, lo que requiere mucha mano de obra.

Además de reciclar su propia basura, los países desarrollados, en gran medida responsables de la crisis medioambiental, deben cooperar con los países más pobres, donde se produce la mayor parte de la mala gestión de los residuos. Ayudarlos a diseñar sistemas eficientes de gestión de residuos y apoyar financieramente dichos sistemas. Si se desea reducir la contaminación debida a los plásticos y establecer sistemas de reciclado eficaces, la cooperación es fundamental.

Cómo comprar: cero residuos

La capacidad de producir cambios fundamentales mediante la formulación de políticas responsables, inversión en tecnologías ecológicas y educación incumbe a los gobiernos, quienes tienen el deber de actuar con urgencia y medidas drásticas.

Hay que tomar algunas medidas fundamentales: reducir drásticamente el uso de los plásticos; eliminar totalmente los plásticos de un solo uso; reciclar más: el 9% es una cifra vergonzosa. Es preciso invertir en instalaciones de reciclaje y sistemas de gestión de residuos de alta tecnología; asegurar que los productos plásticos puedan ser reciclados; introducir normas nacionales de reciclaje (en el Reino Unido, por ejemplo, varía lo que las autoridades locales aceptan o no), así como acuerdos a nivel mundial, con amplias consultas a los países que lideran la vía del reciclaje, como Alemania y Suecia.

En un paso positivo el año pasado en la cumbre del G7, cinco países -Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia- y la UE firmaron la Ocean Plastics Charter. Mediante esta Carta se comprometieron “a aumentar el reciclado de plásticos en un 50% y a trabajar para conseguir que el 100% de los plásticos sean reutilizables, reciclables o valorizables para el año 2030.” EE.UU. y Japón no firmaron. El plástico es la tercera industria manufacturera más grande de Estados Unidos y produce el 19,5% del plástico del mundo; sin embargo, el presidente Trump ni siquiera asistió a las conversaciones del G7 sobre cambio climático y medio ambiente.

Todos podemos reducir la cantidad de residuos que producimos: fomentando “cero residuos”, adoptando estilos de vida más ecológicos y responsables con el medio ambiente, comprando en comercios “cero residuos”, donde los clientes llevan sus propios contenedores y los rellenan desde grandes dispensadores. Las cadenas de supermercados occidentales son responsables de cantidades colosales de residuos plásticos y necesitan cambiar radicalmente la forma en que diseñan, empaquetan y comercializan sus productos. En el Reino Unido, Waitrose, que tiene una cuota de mercado del 5%, ha introducido un programa piloto en una de sus tiendas, en Oxford, donde están poniendo a prueba los dispensadores de alimentos, alentando a los clientes a usar tubos y frascos reutilizables, tanto los propios como los que la tienda facilita gratuitamente.

Se trata de una iniciativa de sentido común que todas las cadenas de supermercados de los países occidentales deben adoptar, es la forma ambientalmente correcta de comprar y además, lógicamente, los productos que no se venden en plástico deberían ser menos costosos. El objetivo debe ser una comercialización de “cero residuos”, que muchos clientes piden y el medio ambiente exige. La contaminación debida a los plásticos es un aspecto de la crisis medioambiental global, una crisis arraigada en el consumismo y un sistema socioeconómico defendido por las naciones desarrolladas, que promueve la codicia, el egoísmo y la división. Se requieren cambios sistémicos radicales junto con cambios en el estilo de vida y los valores para que el vandalismo medioambiental llegue a su fin y el planeta pueda sanar.


 





Courtesy of Tlaxcala
Source: https://www.counterpunch.org/2019/06/14/zero-waste-the-global-plastics-crisis/
Publication date of original article: 14/06/2019
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=26351

 

Tags: Cero residuosContaminación por plásticosEcosistemasCrisis medioambientalUSAChina
 

 
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