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 23/08/2019 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 LAND OF PALESTINE 
LAND OF PALESTINE / La muerte en soledad de una niña gazaui de 5 años
Date of publication at Tlaxcala: 07/06/2019
Original: A 5-year-old Gaza girl, dying all alone
Translations available: Français 

La muerte en soledad de una niña gazaui de 5 años

Gideon Levy جدعون ليفي גדעון לוי

Translated by  Sofía Vílchez Chaparro
Edited by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

Aisha Al-Lulu tenía que operarse de un tumor cerebral y recibir quimioterapia en el este de Jerusalén. Israel no dejó que sus padres la acompañaran. 

 Wisam Al-Lulu y Muna Auad con la sábana en la cual su hija inconsciente fue envuelta para su viaje de vuelta a Gaza. Foto Khaled Azaiza.

Era el viernes 12 de abril. Por la tarde, Aisha se despertó y volvió a la vida. Les dijo a sus padres que el dolor se había ido. La familia tiene un video en el que aparece jugando tras la operación para introducirle el tubo.

Su padre, Wisam Al-Lulu, de 37 años, y su madre, Muna Auad, de 27, lo cuentan desde el balcón cerrado de su casa en el campamento de refugiados de Bureij. La pareja tiene otros tres hijos pequeños. De vez en cuando, alguno de ellos, Ribka, de 4 años, o Hasan, de 2 y medio, trepan por el regazo de su padre o de su madre y se acurrucan en sus brazos. Wisam es graduado en gestión de empresas por la Universidad Islámica de Gaza, pero actualmente se encuentra en desempleo. Se vio obligado a cerrar su pequeña tienda de alimentación porque no había clientes y, de todas formas, necesitaba los productos para alimentar a su propia familia. Desde entonces, los únicos ingresos de la familia han sido los subsidios que reciben de los organismos de socorro.

La Franja de Gaza se encuentra asediada. El rostro de Muna está cubierto por un niqab negro, solo se le ven los ojos y las gafas. Wisam lleva una galabiya de color claro. Mantenemos la conversación por Skype, ya que durante los 13 últimos años las autoridades israelíes prohibieron a los periodistas israelíes entrar en Gaza, con excepción de los integrados en  las Fuerzas de Defensa Israelíes durante las invasiones de la Franja.

Este es el resumen de la historia de Aisha: fue hospitalizada durante cinco días en la unidad de neurocirugía del Hospital Al-Shifa. A sus padres les dijeron que tenían que derivarla urgentemente al Hospital Makassed, en el este de Jerusalén, para extirparle el tumor y someterla a quimioterapia, la cual no está disponible en la Franja de Gaza. En ese momento, tenían que enfrenarse la burocracia de la ocupación israelí para llevar a Aisha a Jerusalén lo antes posible. Estaba claro que su vida corría peligro. Sus padres se dirigieron al Ministerio de Asuntos Civiles de la Autoridad Palestina, que trabaja con la Administración  de Coordinación y Enlace israeli. Allí, les informaron de que tardarían cinco días en preparar los documentos de la autorización, dos por la parte de Palestina y tres más para obtener una respuesta de la parte de Israel.

 

Muna Auad sentada en la cama de Aisha. Foto Khaled Azaiza

Según Wisam, la administración le advirtió que, debido a su corta edad, le sería muy difícil obtener un permiso de entrada a Israel y que Israel tardaría tres semanas en poner en marcha un control de seguridad. La situación era aún más complicada para la madre de Aisha. Muna no tiene documento de identidad del registro civil de Israel, que es lo válido en Gaza. Ella es palestina nacida en Libia cuya familia es originariamente de al-Maydal, hoy Ascalón, y se crio en Egipto. Accedió a la Franja de Gaza con un permiso de visitante y se quedó a vivir sin documento de identidad reconocido por el gobierno de Israel. Solo tenía un documento de identidad expedido por el Hamás, lo cual no tiene ninguna validez para Israel. El Ministerio de Asuntos Civiles de la Autoridad Palestina indicó a Wisam que no había ninguna posibilidad de que él o Muna obtuvieran el permiso para entrar a Israel. Por ello, pidieron que otros familiares pudieran acompañar a Aisha en su calvario.

Wisam se lo propuso su madre, la abuela de Aisha, Ribka, de 75 años. Los funcionarios palestinos volvieron a consultar a Israel y les comentaron que también tardarían tres semanas en realizar un control de seguridad a la abuela. Entonces, el ministerio palestino preguntó si por casualidad había alguien más en la familia. Wisam les dio los nombres de tres tías de Aisha, más los de un tío y la esposa de otro tío. En total, presentó cinco solicitudes, esperando que Israel aprobara al menos una. La abuela y una de las tías habían recibido el permiso para pasar por el puesto de control de Erez, entre Gaza e Israel, hacia Jordania seis meses antes. Otra tía recibió recientemente un permiso para ir al consulado de USA en Jerusalén, para obtener un visado para los USA.

La operación en el Hospital al-Makassed estaba prevista para el 16 de abril. Cada segundo contaba, su vida pendía de un hilo. Pero no llegaba ningún permiso de Israel, no había forma de llevar a la niña al este de Jerusalén el día de la cita. Aplazaron la operación al 17 de abril. Mientras tanto, el Ministerio de Asuntos Civiles sugirió a Wisam que dé los nombres de personas desconocidas, que no eran de la familia. Quizá el control de seguridad iría más rápido para ellos. Desesperada, la familia preguntó a gente que se encontraba en el Hospital Al-Shifa si estaría dispuesta a acompañar a su hija hasta Jerusalén Este para que la operaran del tumor cerebral y recibiera quimioterapia.

Seis nombres de voluntarios desconocidos fueron presentados al ministerio palestino, que los derivó a Israel. Después de un breve control, el equipo de la ocupación israelí nombró a Halima Al-Adess, de 55 años, que vivía en el campamento de refugiados de Shati. Era una conocida de una de las tías de Aisha, aunque esta última no sabía quién era, ni siquiera sus padres conocían a la mujer que pasaría las próximas semanas fatídicas con su hija pequeña, lejos, muy lejos. 

 Muna Auad con sus tres hijos. Foto Khaled Azaiza

Justo ese día, los padres y la escolta se dirigieron al paso de Erez con Aisha. Ella y la mujer tuvieron que coger un autobús que las llevara del puesto de control palestino al israelí. Sus padres se vieron obligados a despegarse de su hija enferma. Por su parte, Aisha se encontraba estable físicamente para el viaje, pero emocionalmente estaba sobrecogida. No paraba de llorar y se negaba a que la apartaran de sus padres. Gritaba que quería volver a casa y que no iba a irse con una mujer que no conocía. Aisha no había salido nunca antes de la Franja de Gaza.

Su madre intentó calmarla. Le dijo que tenía que irse, que era para que se curara, para que no tuviera más dolores de cabeza, y que cuando volviera a casa le iban a comprar todos los juguetes que quisiera. Exhausta y aun llorando, Aisha aceptó subirse al autobús. Su madre la acompañó hasta su asiento y salió del bus. Nunca más volvería ver a su hija consciente.

Tras atravesar el cruce, las dos viajaron en taxi a Jerusalén. Durante todo el trayecto, los padres de Aisha le hablaron por teléfono, intentando levantarle el ánimo. No obstante, Aisha se pasó llorando la mayor parte del viaje. La operación, que tuvo lugar el 21 de abril, duró cinco horas. Aisha se despertó al día siguiente. Los médicos afirmaron que habían extirpado el tumor, pero que la quimioterapia debía iniciarse pronto. Les comentaron a sus padres que el estado psicológico de su hija era horrible al haberla separado de ellos, y que esto podría afectar a las posibilidades de recuperarse. Era imperativo, por tanto, que al menos uno de ellos estuviera a su lado. Por otro lado, un visitante del hospital le dio a Aisha 20 séqueles (5 €) y ella preguntó por teléfono a sus padres qué hacer con el dinero. Sus padres le respondieron que lo guardara y que cuando volviera a casa, le comprarían juguetes. Poco después, su estado se agravó.

El rostro de los padres refleja tristeza, por momentos se quedan mirando al suelo. La madre de Aisha permanece en silencio, su padre cuenta la historia. Recuerda que un representante de una ONG israelí por los derechos humanos les pidió detalles de la situación y una copia de sus documentos de identidad para intentar ayudarlos. Un familiar suyo israelí que vive en Lod presentó una solicitud al Centro Peres por la Paz para obtener un permiso de entrada para uno de los padres. El Al-Mezan, el Centro palestino por los Derechos Humanos, también presentó una petición para el mismo fin. Sin embargo, los esfuerzos no tuvieron su fruto. Los días pasaron sin una respuesta por parte de Israel. Aisha se encontraba sola con una mujer que no conocía.

 

Aisha Al-Lulu

El portavoz de la Unidad de Coordinación de las Actividades Gubernamentales en los Territorios señaló al periódico israelí Haaretz hace dos semanas: “Contrariamente a varios testimonios, Israel permitió la entrada de Aisha Al-Lulu para aplicarle su tratamiento médico en el hospital del este de Jerusalén, después de que sus padres firmaran una declaración que indicaba que no deseaban ir con ella desde la Franja de Gaza y que ella iba con una amiga de la familia, quien entró con la niña y la acompañó durante la intervención médica. Nos gustaría subrayar, además, que contrariamente a los testimonios, Aisha al-Lulu falleció en la Franja de Gaza tras volver a casa hace dos semanas, después de una operación en el Hospital Makassed que, por desgracia, no salió bien.

“Queríamos señalar que, de acuerdo a su política, la Administración  de Coordinación y Enlace requiere el acompañamiento de los padres para el tratamiento médico de los menores, partiendo de la base de que los niños necesitan a sus padres en tales momentos. Además, en este caso, según el procedimiento de la Administración  de Coordinación y Enlace, los padres de Aisha tenían que presentar un documento que declarara que no estaban interesados en acompañar a su hija durante el tratamiento por motivos personales y que solicitaban que alguien la acompañara en su nombre”.

Wisam nos comentó esa semana: “Las Fuerzas de Defensa Israelíes mataron a mi hija. Israel la mató”.

Finalmente fue derivada al Hospital Augusta Victoria, al este de Jerusalén, para someterla a quimioterapia. Pero su estado empezó a empeorar a una velocidad alarmante. A sus padres les dijeron otra vez que el hecho de que su hija se encontraba en un entorno extraño afectaba a su salud. De hecho, en dos días, se quedó paralizada y perdió la capacidad de hablar. La familia decidió de nuevo intentar obtener un permiso para estar con ella, pero las autoridades les advirtieron que no había ninguna posibilidad para ello. El hospital avisó de que lo mejor para la niña sería que volviera a casa lo antes posible. Ya no estaba consciente.  Era 7 de mayo.

 

Wisam Al-Lulu. Foto Khaled Azaiza

Un conductor de ambulancia privada pidió 1.500 séqueles (375 €) para llevar a Aisha de Jerusalén al puesto de control de Erez. La mujer que acompañaba a Aisha no tenía dinero, por lo que la envolvió a Aisha en una sábana del Hospital Augusta Victoria y la dejó en el asiento de atrás de un taxi. Así fueron los últimos días de Aisha. Sus padres muestran la sábana en la que estuvo envuelta su hija inconsciente durante el viaje de vuelta a casa. Para la foto en común publicada aquí, aparecen envueltos en la sábana, impregnada aún de su olor, como si se envolvieran en su cuerpo.

Resultó imposible hacer que viajara en un autobús desde Erez por la delicadeza y gravedad de la situación. Se la llevaron en un ciclomotor de tres ruedas. Sus padres la recogieron en el puesto de control y la llevaron al hospital infantil Al-Rantisi, que al principio se negó a admitirla por su estado y la derivó al Al-Shifa. Allí, a sus padres les informaron de que tenía que quedarse en Al-Rantisi. Al final, la llevaron a casa, a Bureij.

Al día siguiente, se vieron obligados a volver a llevarla a Al-Rantisi. No obstante, los médicos afirmaron que ya no se podía hacer nada. Aisha pasó siete días en el hospital sin que el personal hiciera algo. El 15 de mayo a las seis de la mañana, el hospital llamó a los padres por teléfono para que acudieran inmediatamente. Pasaron el día entero con ella, viéndola morir. A las seis de la tarde, Aisha se fue, con sus padres a su lado, por fin.

 





Courtesy of Tlaxcala
Source: https://bit.ly/2YOsKyn
Publication date of original article: 24/05/2019
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=26216

 

Tags: Aisha al-LuluGueto de GazaCrímenes sionistasPalestina/Israel
 

 
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