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 24/06/2018 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 ABYA YALA 
ABYA YALA / Por la paz y la audacia en las urnas colombianas
Date of publication at Tlaxcala: 13/03/2018
Original: Pour la paix et l’audace dans les urnes colombiennes

Por la paz y la audacia en las urnas colombianas

Maria Baresch

Edited by  María Piedad Ossaba

 

Lamentablemente, cabe constatar que en Colombia uno no se deshace de la mecánica de la violencia como vence una buena gripe. En el momento en que rechazamos una guerra de más de sesenta años, a través de acuerdos de paz, reimprimimos su lenguaje y sus pérfidos métodos sobre el teatro electoral.

Más allá de las invectivas habituales de los debates colombianos en período electoral, de las estrategias calumniosas de la derecha radical o de las instigaciones usuales contra el « comunismo », teniendo por objetivo eludir temas de fondo, que sean de carácter económico o social, el atentado contra Gustavo Petro, ex alcalde de Bogotá y precandidato de la coalición de izquierda La decencia, reaviva las heridas de la historia política colombiana.

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Mientras que el candidato viajaba a Cúcuta para realizar una manifestación el pasado viernes 2 de marzo, recibió varios golpes violentos en la ventanilla izquierda de la camioneta que lo conducía. Las imágenes así como las numerosas declaraciones dejaban inicialmente pensar que se trataba de impactos de balas, por lo luego fue desmentido por dicho candidato, aunque la video publicada en su cuenta twitter si señala que hubo disparos en el momento que pasaba la camioneta. El día anterior, el alcalde de Cúcuta ya había intentado impedir la manifestación prohibiendo la instalación de la tarima y del sonido en la plaza principal de la ciudad, recurriendo a un decreto que sortea la ley y la Constitución colombiana, pretendiendo así censurar un acto democrático. Aunque las circunstancias del evento y sus autores se mantienen en el limbo, convendría sin embargo subrayar – como también lo recordó el candidato – que la campaña del alcalde de Cúcuta en el 2015 fue apoyada por el ex alcalde de esa misma ciudad, Cesar Rojas Ávila, actualmente en la cárcel por sus delitos asociados al paramilitarismo y que las tomas de posición de Petro contra la mafia colombiana en política podrían haber molestado ; tanto más cuando, dos semanas antes, Germán Vargas Lleras, uno de los candidatos de la derecha colombiana, había organizado sin restricciones una manifestación con el apoyo de esas mismas autoridades.(2)

Esta acalorada atmosfera electoral –lenguas belicosas se sueltan – ya se había manifestado en los múltiples incidentes acaecidos durante el mes de febrero, tan pronto inició la campaña del nuevo partido FARC (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) creado tras la desmovilización de las FARC después de la firma de los acuerdos paz con el gobierno. Los insultos, los odios exacerbados así como los intentos de agredir a Rodrigo Londoño, ex jefe de la guerrilla, hoy candidato a la presidencial, e Iván Márquez, candidato de FARC al senado, llevaron al movimiento a suspender temporalmente su campaña, ya que estimaban que las condiciones de seguridad necesarias no estaban reunidas. Estos hechos, ponen de manifiesto la dificultad de reincorporación de los excombatientes, fomentada por la extrema derecha de Uribe, presidente de 2002 a 2010. La desconfianza e intolerancia hacia los insurgentes desmovilizados es el resultado – entre otras cosas - de una violenta estrategia militar y de años de estigmatización, propia de la política « antiterrorista » del periodo uribista. El número de guerrilleros desmovilizados asesinados desde la firma de los acuerdos de paz en noviembre del 2016, demuestra que los « enemigos de la paz » se mantienen.

En ese mismo sentido, no se puede silenciar los numerosos dirigentes sociales y activistas asesinados. Aunque un consenso sobre el número exacto es imposible, las cifras suministradas son aterradoras. Que se tomen los 25 líderes y defensores asesinados desde el comienzo del año 2018 (3), o el de 106 para el año 2017 – es decir uno cada tres días – según la ONG Somos Defensores (3) -, o más aun los 282 entre enero del 2016 y febrero del 2017 – según La Defensoría del pueblo (4), el mediador del pueblo (órgano de control) del Estado colombiano, -, se imponen como un delirio aritmético, un grito apretando los dientes.

Dicha brutalidad que pretende aturdir al movimiento social colombiano, incluso a asesinar el pensamiento, no es lamentablemente nueva y ha con frecuencia escoltado con su paso cargado la vida política colombiana. El atentado contra Petro, así como el alarmante número de dirigentes sociales o exguerrilleros de las FARC asesinados, se hacen eco de los viejos demonios de una de las campañas más sangrientas del país con miras a las elecciones presidenciales de 1990, donde 4 candidatos fueron fríamente asesinados : Luis Carlos Galán, del Partido Liberal y los 3 candidatos de izquierda, Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo – su sucesor – de la Unión Patriótica así como Carlos Pizarro de la Alianza Democrática M-19. También fue el inicio de lo que sería el genocidio de la Unión Patriótica y de ese período homicida de la historia colombiana, donde la vida se escapó y los sueños de una sociedad más justa se estrellaron contra la pared.

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 Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y Luis Carlos Galán

El paramilitarismo, en efecto, goza de una larga y cruel historia en Colombia. Es el arma habitual de la extrema derecha contra los insurgentes pero también una respuesta sistemática de destabilización en cada proceso de paz – momento donde los privilegios de la guerra son cuestionados. Si bien el gobierno hoy afirma el desmantelamiento de los grupos paramilitares y asimila los asesinatos a «casos isolados », es probable que estemos frente a los mismos autores intelectuales – o al menos a sus herederos -, cuyo objetivo principal es el inmovilismo popular – con la estrategia del terror -, así como la desarticulación del tejido social de las comunidades campesinas, responsable de las campañas de desplazamiento masivo de dichas poblaciones. A lo largo de la historia, el pensamiento crítico y vigoroso se ha erigido en amenaza al pensamiento dócil y sumiso. El miedo y la violencia son instrumentos – desgraciadamente bien interiorizados en Colombia – para paralizar todo deseo y voluntad de cambio.

A pesar de la evidencia de un clima pesado y fétido que acompaña estas elecciones colombianas, la quietud mediática es estridente. El atentado contra Petro no parece haber sido tomado muy en serio por las autoridades. La investigación aún demora. En Francia – a semejanza de su retirada de otras situaciones preocupantes de América latina – Venezuela es el único país que parece generar interés. Imaginémonos un instante que un atentado fuera cometido contra Leopoldo López – el ferviente opositor venezolano -, otro sonido de sirena habría resonado en nuestras emisoras de radio y de televisión al tomar el café matinal.

Todo parece aún indicar que la guerra es un gran cadáver que uno arrastra, su miasma impregna el aire por mucho tiempo. En este sentido la paz es un trabajo, sería necesario hacer de dicho trabajo un combate de sociedad. Es una paz que acepte las diferencias políticas y no una supuesta unanimidad de ideas que debemos exigir. La desmovilización de las FARC no es el fin de las ideologías, al contrario, debe ir acompañada de una voluntad de integración de las divergencias, de las reivindicaciones de las comunidades campesinas, indígenas o afrocolombianas, con la tolerancia y el respeto a la vida.

A la luz de las próximas elecciones – legislativas este domingo y presidenciales el 27 de mayo -, la lucha, en las urnas, debería primero abarcar una verdadera ruptura política que permita luego construir las condiciones sociales – ya invocadas en los acuerdos de paz – esenciales para no seguir multiplicando los horrores del pasado.

Entretanto Rodrigo Londoño (Timochenko) retiró su candidatura

De los diferentes candidatos y precandidatos de la derecha : Germán Vargas Lleras, Iván Duque – elegido de Uribe -, Marta L. Ramírez o Alejandro Ordoñez, nada nuevo. Más hacia la izquierda, entre Sergio Fajardo, Piedad Córdoba, Rodrigo Londoño y Gustavo Petro, parecería que este último sea el que genera más entusiasmo. La alternativa propuesta por la candidatura « Colombia Humana » se posiciona en cabeza de las encuestas y logra cristalizar una movilización popular así como acarrear las verdaderas fuerzas de la paz con justicia social. La coalición con el Partido Comunista Colombiano, el Movimiento Alternativo Indígena y Social o la Alianza Social Independiente le permite asegurarse un apoyo más amplio. Las plazas que Petro llena en ciudades como Bucaramanga, Bogotá o Barranquilla, el fuego que reaviva ante una juventud desencantada e incluso una parte de la clase media, parecería caminar en la dirección de esa nueva generación en favor de la paz que anhela construir una nueva sociedad, lejos de chanchullos políticos obsoletos.

Si bien dicha ruptura política, social y generacional tan deseada esté todavía un poco en tinieblas, los resultados de este domingo vendrán talvez a despejar un poco la bruma y confirmar el potencial de una fuerza de izquierda que influya en el paisaje político colombiano. Si ese impulso llega a consolidarse, y teniendo en cuenta el clima electoral que ya conocemos, no sería sin generar el odio de la derecha dura, acostumbrada a gobernar el país con mano de hierro y poco dispuesta a renuncias a sus privilegios. Es de esperarse que siga mugiendo a la « dictadura castrochavista » e instigando el miedo de un desastre económico a la venezolana.

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El fantasma que recorre los medios colombianos: el "castrochavismo"

A la espera de una verdadera ruptura, la concretización del espíritu de los acuerdos de paz, podemos mostrar a traves de uno de los primeros incentivos ofrecidos – las urnas – que no dejaremos que nuestro voto sea determinado por el miedo, que la violencia no la tenemos vinculada al cuerpo, que no logró agobiar nuestro párpado. Todavía podemos demostrar que no hemos expulsado a la guerra por la puerta para que se nos entre de nuevo por la ventana.

Notas

(1) “Quién podría estar detrás de los actos violentos contra Gustavo Petro en Cúcuta?

(2) “Lo que revela la visita de Vargas Lleras a Cúcuta

(3) Asesinan a líder social en Orito, Putumayo

(4) Somos defensores, “Piedra en el Zapato”, informe del 1° de marzo de 2018





Courtesy of Tlaxcala/La Pluma
Source: https://goo.gl/FgSh8H
Publication date of original article: 08/03/2018
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=22945

 

Tags: Elección presidencial colombiana 2018Asesinatos selectivosViolencia de EstadoPosacuerdoColombiaAbya Yala
 

 
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