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 25/09/2018 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
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 EDITORIALS & OP-EDS 
EDITORIALS & OP-EDS / Seis Ocho: memorias de un año en revolución (1)
21 de octubre- 20 de diciembre de 1967: ¡Viva la victoriosa guerra del pueblo!
Date of publication at Tlaxcala: 20/02/2018
Original: Six Huit : mémoires d’une année en révolution (1)
21 octobre-20 décembre 1967 : Vive la victorieuse guerre du peuple !

Translations available: Italiano  English 

Seis Ocho: memorias de un año en revolución (1)
21 de octubre- 20 de diciembre de 1967: ¡Viva la victoriosa guerra del pueblo!

Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

Translated by  María Piedad Ossaba

 

No, 50 años después, no me arrepiento de nada. Ni robé, ni maté, ni violé, ni mentí. Y creo nunca haber traicionado, ni nuestras ideas y sueños, ni a mis camaradas. No todos aquellos que tienen mi edad pueden decir lo mismo. Para comenzar, pongamos  algunos puntos sobre las íes.

Los sesentayochistas, aquellos que estuvieron  realmente activos ese año, eran sólo una pequeña partehttp://tlaxcala-int.org/upload/gal_17955.jpg de la generación del baby-boom, nacida entre 1945 y 1950. En Francia, fuimos una pequeña decena de miles de militantes de grupos políticos revolucionarios, en Italia y Alemania no muchos más, en USA muchos más. En Brasil, Túnez, Senegal, México, Grecia, Checoslovaquia o en Irlanda, nuestros compañeros fueron unos centenares al inicio de los movimientos. Pero en todas partes, se vio el mismo fenómeno: cientos de miles de personas se unieron a los izquierdistas una vez que se  lanzaron los movimientos. La mayoría de estas personas eran jóvenes, estudiantes universitarios y de secundaria, con la presencia de una fuerte minoría de «chaquetas negras», «barras bravas» y otras escorias, que en realidad eran jóvenes obreros, aprendices, hijos de pobres y barriobajeros. El origen social de los izquierdistas era en su gran mayoría burgués y pequeño burgués. No es de extrañar: en 1968, en Francia, sólo el 8% de los estudiantes provenían de familias obreras. Pero estos hijos de la burguesía y pequeña burguesía  expresaron un rechazo claro y radical: se negaron a convertirse en los «perros de guardia del capital», los capataces de la prisión social, los vigilantes de supermercado de la sociedad del espectáculo y el consumo. 50 años más tarde, hay que reconocerlo: la mayoría de nosotros se convirtió en lo que se habían negado ser: profesores, arquitectos, abogados, psiquiatras, funcionarios, diputados y senadores, estrellas de la pequeña pantalla, periodistas, escritores.

Pier Paolo Pasolini, que, para nosotros, era un «viejo» (tenía entonces 46 años), nos había disparado una flecha envenenada en abril, con la publicación de un poema en La revista de Moravia, Nuovi Argomenti, que quería ser el equivalente italiano de Les Temps Modernes de Sartre. Bajo el título El PCI a los jóvenes, resumidamente escribió: «Detrás de vuestras barbas, veo los rostros de vuestros padres; los únicos verdaderos proletarios en este asunto, son los carabineros a quienes enfrentáis». ¿Cuántos de los barbudos que, entonces, se indignaron por este bajo ataque contra el movimiento, no siguieron los rastros de su padre?

Nosotros no éramos proletarios. Queríamos serlo, fundirnos en las masas fundamentales que, por si solas, podían hacer nacer el mundo soñado. Cuando, a finales de enero del 68, los obreros inmigrados de la obra Schwartz-Hautmont, que estaban construyendo  la futura Universidad de ciencias de Jussieu en el sitio del antiguo Mercado de los Vinos, se declararon en huelga, exigiendo un aumento de 50 centavos en sus salarios, que iban de 3,10 a 4,20 francos, los estudiantes maoístas y trotskistas lanzaron una colecta de solidaridad que recaudó  1,5 millón, más de lo que los obreros habrían ganado si no hubieran hecho huelga. Los comunistas de la universidad denunciaron inmediatamente esta provocación «dirigida a dividir a los trabajadores», llegando incluso hasta afirmar que este dinero… venía de los patrones. También hicieron  todo lo posible para impedir que la huelga de solidaridad con los obreros, desencadenada por 50 profesores, se extendiera. El argumento principal de los estudiantes solidarios era simple y límpido: «Trabajadores y estudiantes, tenemos el mismo enemigo: el capital, que quiere convertirnos en sus patrones». Más tarde, en mayo del 68, fuimos un día a Renault-Billancourt, la «fortaleza obrera», a unirnos con los obreros que la ocupaban. Llevábamos una banderola que proclamaba: «La clase obrera retomará la bandera de la revolución de las débiles manos de los estudiantes. (Firmado) Stalin». Lo que desencadenó una furia negra en  los estalinistas, a quienes llamábamos PCGT, y sus matones alzaron una muralla infranqueable de músculos y grasa entre la clase y nosotros.

Pero no nos desviemos.

Comienzo  pues a relatarles los fuertes momentos de un año del siglo pasado que trastornó el mundo sin realmente cambiarlo, tal como lo viví. Un año en una sociedad anterior a los computadores, sin teléfono, casi sin tele. Una sociedad donde los jóvenes leían libros, escuchaban la radio y conversaban ampliamente. Y se escuchaban. Mi relato incluirá diez capítulos que van de octubre de 1967 a octubre de 1968.

 

1

21 de octubre- 20 de diciembre de 1967: !Viva la victoriosa guerra del pueblo!

Acababa de cumplir 18 años. Estaba aún lejos de la mayoría de edad que, en la época, se obtenía a los 21 años*. Estaba interno en khâgne* en un liceo de los suburbios del Sur de París. El hypokhâgne y el khâgne eran las clases preparatorias para el  concurso de ingreso a la Escuela normal superior de la calle de Ulm. Era khâgneux (patizambo, alumno de preparatoria literaria) por ser maoísta y no maoísta porque era khâgneux. Después de mi diploma de bachiller, obtenido en 1966, había elegido esta vía con mis tres compañeros de bachillerato –los cuatro éramos «neohegelianos de izquierda» y enfrentábamos a nuestro profesor de filosofía nietzschiziano– basándonos únicamente en el criterio político

La ENS (Escuela Normal Superior) de la calle de Ulm, que había visto pasar tantas glorias - como Sartre y Nizan -, había sido la cuna de la Unión de las juventudes comunistas (marxistas-leninistas), creada en 1966 por militantes de la Unión de los estudiantes comunistas en ruptura con el PCF y que seguían la enseñanza de Louis Althusser. El Partido comunista francés, estrictamente alineado con Moscú, estaba estancado: oficialmente opuesto a De Gaulle desde la toma de poder del 13 de mayo de 1958, se limitaba a una oposición verbal, dado que el hermano mayor soviético consideraba al General como un aliado en la lucha contra el imperialismo US, que se había transformado, bajo el liderazgo de Jrushchov, en «coexistencia pacífica». Esta colaboración con la potencia odiada que devastaba Vietnam desde 1963, ocupando el Sur y bombardeando el Norte, era denunciada por la China de Mao, que había roto en 1964 con los «revisionistas» de Moscú. Mao y los suyos habían desencadenado la lucha contra los prosoviéticos en el seno del partido y del Estado chino, representados por Liu Shaoqi  y su «línea negra», movilizando las masas. La Revolución cultural había estallado en 1966 entre los estudiantes chinos, transformados en Guardias Rojas agitando el Pequeño libro rojo de las citas de Mao. Los militantes comunistas de la calle de Ulm, la Sorbona, Nanterre, habían decidido seguir su rastro.

Al llegar al liceo en septiembre de 1967, ya sabíamos pues dónde íbamos a militar. Los maoístas eran el único grupo político estructurado existente en este liceo, cuya población era para nosotros una «página en blanco» sobre la que íbamos a escribir nuestro discurso (como dijo Mao con respecto al pueblo chino). Nos encontramos en la célula Lou Hsin (un gran escritor chino quien había sido compañero de ruta del PC) con una media docena de otros alumnos de secundaria. Organizados al modo comunista, teníamos 3 estructuras: la célula, que reunía a los militantes, el círculo, destinado a la formación de simpatizantes, y el Comité Vietnam de base, equivalente mao de lo que era el Movimiento de la Paz para el PCF.

Los maos habían lanzado los Comités Vietnam de base (CVB) a partir de la creación de la UJCml (La Unión de las Juventudes Comunistas marxista leninista). En marzo de 1968, se contarían 120 en región parisina y 150 en el resto de Francia. Estos comités pretendían aportar un apoyo popular a la guerra librada por el pueblo vietnamita contra el imperialismo USA. Estaban en ruptura y en desacuerdo, tanto con el Comité Vietnam Nacional, integrado por personalidades y  controlado  por la JCR (Juventud Comunista Revolucionaria), el grupo guévaro-trotskista que se convertiría en la LCR (Liga Comunista Revolucionaria)  luego en el NPA (Nuevo Partido Anticapitalista), que con el Comité nacional de acción, creado y controlado por el PCF, a través de su Movimiento de la Paz.

Para los maos, la guerra de Vietnam demostraba la justeza de las posiciones chinas, culpando tanto a los soviéticos y a sus discípulos como a los guevaristas y a sus partidarios. Para nosotros, la muerte del Che Guevara en Bolivia, el 8 de octubre de 1967, simbolizaba el fracaso de la teoría del «foco» revolucionario encendido por un pequeño grupo de guerrilleros llegados desde afuera y totalmente aislados de las masas. Esta tentativa de repetir la experiencia cubana falló en Bolivia como en todas partes, del  Congo a la Argentina. Los comunistas vietnamitas habían elegido la otra opción: la guerra popular prolongada, cercando las ciudades a partir de las campañas, y contando principalmente con sus propias fuerzas, como lo habían hecho sus camaradas chinos con la Larga Marcha y la República de Yenan. La victoria vietnamita sobre el ejército francés en mayo de 1954 a Dien Bien Phu había dado la señal a los militantes argelinos, que desencadenaron 6 meses más tarde su insurrección, conocida como el « Toussaint rouge »( Día de Todos los santos rojo). Su guerra contra el ejército USA y sus marionetas sudvietnamitas era a nuestros ojos una lección para todos los pueblos del mundo: se podía enfrentar victoriosamente al Imperio más poderoso, siempre y cuando nos apoyáramos en el  pueblo y ayudándolo a organizarse para este combate.

Los más viejos de nosotros habían vivido la guerra de Argelia siendo ya adultos. Habían vivido en su propia carne la traición pura y simple del Partido comunista quien, después de haber votado los poderes especiales a Guy Mollet en marzo de 1956 (antes de callar ante el ataque franco-anglo-israelí de Suez en octubre y apoyar el aplastamiento de los tanques soviéticos de la insurrección de Budapest en noviembre), se había negado a organizar la insumisión y/o la deserción de los jóvenes llamados a filas y los removilizados* a ir a hacer la sucia guerra colonial. Resultado: de los 1 millón 800.000 soldados franceses enviados en Argelia, sólo 886 desertaron, mientras que 5.000 miembros de la Legión extranjera, principalmente alemanes, lo hicieron. El lema del PCF, «Paz en Vietnam», eje de esta «propaganda llorona, derrotista y desmovilizadora» no era más que una nueva versión del siniestro “Paz en Argelia” que había justificado los peores arreglos oportunistas.

Así fue cómo el informe político presentado en el primer congreso de los CVB en marzo de 1968 describía la situación creada por los «pacifistas» comunistas: «Desde desfiles hasta cortejos, desde cortejos hasta paseos, desde peticiones hasta firmas, desde llamados a derramar algunas lágrimas y algunos jerséis hasta lloriqueos vergonzosos  que pretendían hacer pasar al pueblo vietnamita heroico y combativo por un pueblo mártir, un «pobre» pueblo que sobreviviendo a los golpes furiosos de la invencible máquina de guerra U.S por el «milagro» de no se sabe qué estoicismo asiático y la ayuda material de países amigos; desde protestas trémulas contra la agresión hasta asustados balidos en favor de la paz,  de cualquier paz, la paz a toda costa: americana, divina o negociada, con tal que sea una paz, resumidamente: de mal en peor, la lucha antiimperialista, el apoyo político al pueblo vietnamita, vanguardia de los pueblos en lucha por su liberación,  se hundía en un pantano de confusión, falsificación y desmovilización donde todos los que, espontáneamente, querían aportar sus fuerzas en un combate verdaderamente antiimperialista, por el apoyo real al pueblo oprimido sólo encontraban asqueo y cansancio »

El 21 de octubre de 1967 era una jornada de acción contra la guerra USA en Vietnam decidida por los movimientos contra la guerra en los USA; los movimientos franceses se sentían en el deber de participar. Cada uno a su manera: el CVN con un mitin de personalidades, el Comité nacional de acción con un desfile de  República a Bastilla. Bajo un cielo gris, nos encontramos este sábado por la tarde al pie de la estatua de la República, comunistas maoístas, cristianos y otros. ¿Íbamos realmente a desfilar detrás de las banderolas que pedían la «Paz en Vietnam»? De ninguna manera. En un momento, la consigna pasó a las filas maos: nos replegamos hacia la estación de metro Temple. Dicho y hecho. Llegados a la altura del Monoprix de la calle del Temple, nos volteamos: nuestra retirada había dejado la plaza  de la República vacía como un día sin pan, los «revisionistas» perplejos se observaban confundidos y se contaban, las masas acababan de abandonarlos. Éramos no sé cuántas veces más numerosos que ellos. En 5 meses, desde su desfile del 17 de junio, sus tropas se habían fundido como nieve revisionista al sol revolucionario. Luego partimos en manifestación a paso ligero, abandonando a los balidores en su desfile arrastra-zapatillas hacia la Bastilla, con Yves Montand y Simone Signoret.

http://tlaxcala-int.org/upload/gal_17956.jpg

 Esta victoria nos estimuló para la preparación de la próxima gran acción: la celebración del 7° aniversario de creación del Frente nacional de liberación del sur-Vietnam, nacido en la selva en 1960. En el CVB de nuestro liceo, habíamos creado un coro. Había entre nosotros una joven vietnamita, con quien tradujimos y adaptamos las canciones de la resistencia vietnamita. Y el 20 de diciembre, en el escenario de una Mutualité llena a reventar, todos vestidos de negro y  blanco, entonamos estos cantos: ¡«El enemigo se ensaña sobre nuestro país/para derribarlo, Unámonos todos! ¡/Vamos hacia la victoria/Juntos, liberemos el Sur-Vietnam! »

Este 20 de diciembre, un miércoles, marcó el inicio de las vacaciones escolares, No obstante,  debido al mitin, yo había aplazado mi salida para regresar al hogar familiar al día siguiente. Lo que me costó un juicio familiar en la sala. Uno de mis tíos resumió la filosofía de la tribu: "Los obreros, los obreros, ¿qué vas a ganar apoyándolos? Sabes, son ingratos". Todo esto me dejó de piedra. Había definitivamente escogido a mi familia: era el pueblo de los arrozales, que había  tomado el relevo del de las sierras argelinas.

Capítulo 2

NdlT

*L’hypokhâgne: El primer curso anual, seguido por khâgne, del ciclo bianual académico francés (llamado « clase préparatoire aux grandes écoles », sección de humanidades) cuya meta es preparar a los estudiantes para la competitiva entrada a la Escuela Normal Superior parisiense.

* *El servicio militar obligatorio en Francia era de 12 meses desde el 1946. En 1950 fue prolongado a 18 meses. Durante la guerra de Argelia, fue extendido a 30 meses y una parte de los reclutas (“appelés”= “llamados a filas”) que ya habían cumplido sus 18 meses fueron alistados de nuevo (“rappelés”=removilizados”) un año más.

Las chicas de nuestros sueños









 

 

 





Courtesy of Tlaxcala
Source: https://bastayekfi.wordpress.com/2018/02/12/six-huit-memoires-dune-annee-en-revolution-1/
Publication date of original article: 12/02/2018
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=22768

 

Tags: 1968Movimientos revolucionariosRevueltas lógicasComités Vietnam de baseMaoistas francesesUJCmlDulce FranciaRevoluciones del Siglo XX
 

 
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