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 06/04/2020 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 EUROPE 
EUROPE / Biedermann y los incendiarios, Alemania en Ucrania
Date of publication at Tlaxcala: 21/04/2015
Original: Biedermann und die Brandstifter, Deutschland in der Ukraine
Redebeitrag, Ostermarsch Würzburg 2015

Translations available: Français 

Biedermann y los incendiarios, Alemania en Ucrania

Dagmar Henn

Translated by  Claudia Mutizabal
Edited by  Javier Fernández Retenaga

 

Discurso pronunciado durante la Manifestación de Semana Santa por la Paz en Würzburg, el 4 de abril de 2015

Queridas amigas y amigos de la paz:

Las marchas de Semana Santa han existido durante décadas, pero hoy en día deberían ser más grandes que nunca, pues en todo este tiempo rara vez ha estado la paz tan amenazada como en la actualidad. Las llamas no arden unas calles más allá, arden en nuestra propia casa. Y nuestro Gobierno federal arroja ansiosamente más leña al fuego.

Exacto, no hablo del Estado Islámico, hablo de lo que está sucediendo en Ucrania desde hace poco más de un año. De una guerra civil que no sólo es tolerada, sino fomentada. 

Un momento, dirán ahora algunos, Merkel y Steinmeier siempre subrayan que quieren una solución pacífica, y lo cierto es que han negociado un alto al fuego. Sí, incluso lo han garantizado. Pero sus intenciones no van por ahí.

No puedo aquí mostrar imágenes para que vean cómo es realmente esta guerra que se desarrolla en Dombás. En Internet se pueden encontrar miles de imágenes de casas destrozadas, y casi el mismo número de personas despedazadas. No puedo mostrar todas las demás imágenes, las manifestaciones en contra del Maidan; tampoco puedo mostrar las imágenes de Odesa, donde el dos de mayo del año pasado una turbamulta de fascistas mató a tiros, a golpes o quemó vivos a decenas de sus oponentes en la Casa de los Sindicatos. Si no saben lo que pasó allí, busquen información, busquen la película “Lauffeuer” (Reguero de pólvora), y asómbrense del peculiar silencio que rodea todos estos sucesos. El año pasado ocurrió algo monstruoso: el fascismo regresó a Europa.

De esto no habla el Gobierno federal. Lo cierto es que el fascismo ucraniano ha sido cultivado por Alemania: el nuevo héroe nacional de los actuales gobernantes de Kiev, Stefan Bandera, fue promovido y financiado por los nazis, ya mucho antes de la invasión alemana de Polonia, en 1939. Los nacionalistas ucranianos, que crearon, entre otros, el batallón de la SS “Nachtigall” (“Ruiseñor”) –cuyo símbolo reaparece hoy en el grupo paramilitar nazi ucraniano Azov–, participaron en las masacres de Lemberg y Babi Yar, hicieron guardia en campos de concentración, e incluso, tras la derrota de la Alemania nazi, practicaron durante años el terrorismo en la Unión Soviética, financiados y dirigidos entre otros por el BND (servicio secreto de la República Federal de Alemania ). El Gobierno federal y la Fundación Konrad Adenauer deberían saber bien con quiénes se están mezclando, cuando desfiles de antorchas recorren las calles de Kiev al grito de “Gloria a Ucrania, gloria a los héroes”, al igual que gritaban los asesinos en Odesa mientras veían arder la Casa de los Sindicatos.

Y también les gusta gritar algo más: “Moscovitas –o sea, rusos– a cuchillo”. El Maidan ha creado una Ucrania que se caracteriza sobre todo por un odio desenfrenado hacia todo lo ruso. Un odio generosamente financiado por Alemania con un aval del Gobierno federal de quinientos millones de euros y un préstamo del FMI y la UE por valor de cuarenta mil millones.

Pero Steinmeier y Merkel han luchado por la paz ... ¿En serio? Fue la UE, y por lo tanto especialmente Alemania, quienes presionaron a Yanukovich para que firmara de inmediato el Acuerdo de Asociación. Fue Steinmeier quien en febrero del año pasado firmó un acuerdo que llevaría a la entonces “oposición” pacíficamente al poder, para a continuación, a los pocos días, reconocer rápidamente al gobierno golpista. ¿E insta de verdad el Gobierno federal a los dirigentes ucranianos a retirar sus armas pesadas? En los últimos días se ha trasladado de nuevo artillería pesada al frente de Dombás; hay incluso imágenes que muestran que el Primer Ministro ucraniano, Yatseniuk, estuvo en Berlín. ¿Ha criticado Merkel que no se están cumpliendo las condiciones del Acuerdo de Minsk? No, no lo ha hecho. Ha elogiado a Yatseniuk y le ha garantizado que seguirá contando con el apoyo del Gobierno federal. El verano pasado, cuando el primer convoy de ayuda de Rusia estaba en camino, el Gobierno federal puso el grito en el cielo diciendo que ese convoy no podía entrar en Dombás, pues se estaría violando la “integridad territorial de Ucrania”. La Convención de Ginebra señala con toda claridad que no se puede impedir la ayuda humanitaria. ¿Se ha podido leer algo al respecto en alguna parte, en algún comentario? ¿Ha habido alguna declaración de las autoridades alemanas en ese sentido? Nada. Silencio. Al igual que tras la masacre de Odesa. Pero hay que prorrogar las sanciones contra Rusia.

Hace unos días se informó en la televisión de que el Gobierno federal está proporcionando tratamiento médico en hospitales alemanes a veinte víctimas de la guerra civil ucraniana. ¿A quiénes proporciona tratamiento médico? ¿A los niños de Dombás que han resultado gravemente heridos por el bombardeo de las ciudades? No, a miembros de los batallones nazis que bombardean esas ciudades.

Desde hace un año se oculta sistemáticamente la verdad acerca de los acontecimientos en Ucrania, desde hace un año nos presentan siempre las mismas historias. En Kiev gobiernan amables y corteses demócratas, pero tras su frontera acecha el malvado ruso.

Pero siempre hemos tenido –y tenemos– la posibilidad de dar la espalda al espectáculo de Kiev. Lo cierto es que Ucrania está en quiebra. Pero recibe generosas cantidades de dinero alemán, y a Poroshenko y Yatseniuk se les acoge una y otra vez con júbilo en Berlín. Sin este dinero, la guerra en Dombás sería pronto historia. Y quien piense que quizá Berlín no sabe cómo hacer para frenar a un gobierno, no tiene más que mirar cómo se comportan con Grecia Schäuble y compañía. Allí todo son imposiciones, allí se pone el grito en el cielo en cuanto existe el riesgo de la más ínfima mejora de la situación de la población.

Pero este cinismo no es lo peor. Ni siquiera esa política de sanciones contra Rusia cada vez más intensa, ejecutada con excusas completamente absurdas, es lo peor. Lo peor es el despliegue de la maquinaria de guerra, que no sólo adopta la forma de los tanques estadounidenses que la semana pasada rodaron por todo el este de Europa. Son también los aviones de combate alemanes que desde el pasado verano sobrevuelan el Báltico, la mitad de ellos con munición de guerra. Son las maniobras ininterrumpidas de la OTAN, ya sea en el Mar Negro, en el Báltico y una y otra vez en Ucrania.

No recuerdo haber visto nunca una oleada de propaganda ola tan amplia y sostenida como en el último año. Ni siquiera en el otoño alemán de 1977. Y amigos de más edad dicen que ni siquiera en los períodos más tensos de la Guerra Fría fue tan grave como ahora. Y en ninguna parte es esta propaganda tan intensa como en Alemania. ¿Sería esto posible en contra de la voluntad del Gobierno, en contra de Friede Springer y Liz Mohn, dueños de los mayores grupos mediáticos, que se sientan habitualmente a tomar café con la señora Merkel? ¿Sería eso posible si Merkel o Steinmeier no estuviesen de acuerdo con ello? Ellos no están en desacuerdo. En la prensa extranjera (y no me refiero a la rusa) se puede leer que la República Federal ha impuesto las sanciones de la UE contra Rusia. No sólo no se ha opuesto, sino que ha impulsado esta política. No son víctimas indefensas de la agresión estadounidense. Hay multitud de posibilidades para actuar de otra forma, pero no se tienen en cuenta. Para frenar esta tendencia podría hacerse uso de las organizaciones internacionales, desbaratadas una tras otra. En vez de eso, van perdiendo su sentido una tras otra: la OSCE lo ve todo, pero no dice nada; el Comité Internacional de la Cruz Roja no dice ni palabra sobre la situación humanitaria en Dombás; todas esas instituciones que gozan de reconocimiento como buenas y nobles, como Amnistía Internacional, guardan silencio sobre los crímenes cometidos en Ucrania. No queda ninguna voz que sirva de mediadora. Esta es una política que se dirige sin freno hacia la guerra, por mucho que se tenga la palabra “paz” en los labios.

Creo que se hace necesario volver a tomar en serio nuestra Constitución. El artículo 26 de la Ley Fundamental dice:

Los actos susceptibles de perturbar la convivencia pacífica de los pueblos y realizados con esta intención, especialmente la preparación de una guerra de agresión, son inconstitucionales.

Esta es una afirmación clara y nítida. Con tales actos nos encontramos todos los días cuando abrimos el periódico. La financiación de la guerra civil de Ucrania es uno de tales actos susceptibles de perturbar la convivencia pacífica entre las naciones y realizados con esa intención.

La Ley Fundamental se escribió no mucho tiempo después del final de una guerra de agresión que tuvo su origen en suelo alemán. No hay ningún otro acto que se condene tan clara e inequívocamente, en este punto no hay margen alguno para interpretaciones. Los actos susceptibles de perturbar la convivencia pacífica de los pueblos y realizados con esta intención, especialmente la preparación de una guerra de agresión, son inconstitucionales. Punto. Una guerra de agresión es el crimen máximo a la luz de la Ley Fundamental. Un crimen tan monstruoso que incluso la preparación se contempla clara e inequívocamente como una violación de la Constitución.

¿Qué representa que un gobierno viole la Constitución en un punto tan crucial para la vida de sus ciudadanos como es la cuestión de la guerra y la paz? ¿Qué sucedería si el Gobierno federal decide un día enviar tropas a Ucrania? Infringiría la Constitución de tal manera que la dejaría de hecho sin efecto. La suprimiría. Y en la Ley Fundamental también puede encontrarse algo referente a tales casos: el artículo 20, párrafo 3. Ahí se dice lo siguiente:

Contra cualquiera que intente eliminar este orden todos los alemanes tienen el derecho de resistencia cuando no fuere posible otro recurso.

Ése es, por asombroso que parezca, el derecho de todo individuo. El derecho a la resistencia. Y, fíjense, esta oración incluye sólo la limitación: “cuando no fuere posible otro recurso”. No incluye la limitación: “dentro del marco de las leyes vigentes.”

Brecht escribió en 1951: “La gran Cartago emprendió tres guerras. Tras la primera todavía era poderosa, después de la segunda todavía habitable. Tras de la tercera desapareció todo rastro de ella”. Todos sabemos en qué se puede terminar cuando se ajustan los engranajes de la guerra. Creo que todos y cada uno de nosotros hemos de empezar a reflexionar para ver dónde y cómo desbaratar esos planes. Las guerras no sólo se llevan a cabo con soldados. Necesitan contables y conductores de camiones, necesitan trenes y carreteras, necesitan teléfonos y redes eléctricas. Necesitan un número enorme de personas que cooperen voluntariamente. A este propósito, y no a otro, responde la propaganda con que nos bombardean todos los días. Debemos recordar que tenemos el poder de rechazar dicha cooperación. Y que nuestra Constitución nos otorga el derecho de resistir.

https://hiksch.files.wordpress.com/2015/04/friedenstaube.jpg





Courtesy of Tlaxcala
Source: http://www.attac-netzwerk.de/wuerzburg/ak-frieden/
Publication date of original article: 04/04/2015
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=14497

 

Tags: UcraniaAlemaniaOTANderecho a la resistencia
 

 
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